2 de julio de 2009

Caldos de extremismo

Cass Sunstein detecta en la endogamia intelectual y social el caldo perfecto del extremismo. El extremismo político nace frecuentemente de la segregación y de la polarización. "Una buena manera de crear un grupo extremista, o un culto de cualquier tipo es aislar a un grupo del resto de la sociedad. Esta separación puede ocurrir física o psicológicamente, creando un ánimo de sospecha a cualquiera que no forme parte del grupo. Con ese aislamiento, la información y las perspectivas de los que están afuera resultan desacreditadas para no estorbar el calentamiento de la polarización." Cuando un grupo se vuelve hermético a información nueva o a perspectivas distintas, camina, según Sunstein, al extremismo.

Desacuerdo

Luis Alberto Herrera envía a este blog un correo interesante que quiero destacar. Discrepa de mi lectura del discurso presidencial reciente.  

Si el presidente ha señalado que es la familia tradicional la única capaz de inculcar valores morales, a cualquiera le resultará clara su visión conservadora y la ideología de su partido, pero con respecto a la cita de Calderón que incluyes en el artículo me cuesta negar que se fundamenta en ideas que se pueden encontrar en autores estudiosos de la modernidad tardía o posmodernidad, como Lipovetsky.

Quizá te parezca un error que haya incluido a “Dios”, pero cuando Calderón habló de “asideros trascendentales” también incluyó a la escuela, la economía y la familia, es decir, me parece que lo que expresa es efectivamente la carencia de esos metadiscursos o ideales que tenían mucha más fuerza en los tiempos modernos.  Que el individuo de hoy en día está carente de “asideros transcendentales” es una idea que puede encontrarse en Cioran, por ejemplo, quien nos describe como personas que renunciamos al paraíso para andar por un desierto completamente perdidos, obviamente se refiere a esa pérdida en el horizonte de las metas que antes eran más claras y definidas. Que hay un “vacío espiritual y existencial” no es una idea religiosa, sería corto de miras encerrarla al ámbito del púlpito, puede estar equivocada, pero tampoco puede afirmarse como resultado de un pensamiento mojigato, es más, en estos momentos es común encontrarse con el concepto del narcisismo o el neonarcisismo, que sostiene la priorización en los intereses de los individuos por todo lo que afecte el desarrollo, cambio o “mejoramiento” de su yo físico o interno, entiéndase el boom de los gimnasios, de los libros de superación, yoga, etc, y es precisamente con base en ese vacío que los individuos se ven tan necesitados de la admiración o la aprobación de los demás, es con base en ese vacío que puedo llegar a pensar que un automóvil, una camisa, un reloj, un viaje o tantas cosas más en este medio consumista me pueden hacer un poco mejor.

Continuar leyendo "Desacuerdo " »

1 de julio de 2009

Un poema en el bolsillo

Borges sombra El 25 de agosto de 1987 Héctor Abad Faciolince encontró a su padre muerto, asesinado en una calle de Medellín. Esto anotó en su diario: "Lo encontramos en un charco de sangre. Lo besé y aún estaba caliente. Pero quieto, quieto. La rabia casi no me dejaba salir las lágrimas. La tristeza no me permitía sentir toda la rabia. Mi mamá le quitó la argolla de matrimonio. Yo busqué en los bolsillos y encontré un poema”. El poema que encontró dio título al amoroso libro que escribiría sobre su padre: El olvido que seremos. Abad atribuye el poema a Borges, aunque no aparece en ninguna publicación de su autoría. Ante la avalancha de señalamientos que lo impugnan como apócrifo (algunas brincaron en este blog), Héctor Abad se empeñó en rastrear el origen del poema. Ahora publica en tres entregas (1, 2, 3) este thriller fascinante.  ¿Quién escribió estas líneas:

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre

que no sabrá que fui sobre la tierra. ?

La piel del mundo

Una pregunta ronda toda la poesía de José Emilio Pacheco. ¿Qué tierra es ésta? El paisajista nombra las muchas superficies de la desolación mexicana: costras, cicatrices, surcos de aridez, polvo y ceniza. Debajo del suelo de México, un lago muerto.

Piedra en el polvo:
donde estuvo el río
queda su lecho seco

Nuestra superficie no es el maíz: es suelo estéril que apenas recubre las aguas podridas. Se retrata en su poesía una pesadumbre frágil, vulnerable. Prevalece la materia mineral, volcánica, pétrea. Falta aire. El agua está presente pero no como un abismo líquido sino como una alfombra ondulada: fluctuante gestación de sales y espumas. Rocas, volcanes, murallas, cascajo, desiertos, montañas, ciudades. Todo el imponente tonelaje de la materia resulta deleznable. No hay metal que sobreviva la terca descarga de los siglos. La soberbia del muro vertical será humillada tarde o temprano. Arquitectos y estadistas edifican con ceniza. Por eso no hay contrato de equilibrio que valga. Las piedras no tienen palabra. Los huesos tampoco. La ruina es el trofeo de la historia, la orgullosa conquista del tiempo. Nos rodean devastaciones.

La honda tierra es
la suma de los muertos.
Carne unánime de las generaciones consumidas.

Pisamos huesos,
sangre seca, restos,
invisibles heridas.

El polvo
que nos mancha la cara
es el vestigio
de un incesante crimen.

“Vivir es ir muriendo,” dice Pacheco. La muerte conspira desde dentro o desde abajo. Es el parásito silencioso que crece en la panza de un niño; el terremoto que convierte el suelo en abismo. El lamento del moralista se detiene en la precariedad de nuestras envolturas. El encantamiento de las superficies es visible en la poética de José Emilio Pacheco. Su mirada no es de taladro: es de uña. El poeta rasga metales, cortezas, pavimentos y cristales para registrar sus desventuras metafísicas. Mira la tierra y contempla el “obstinado roer” que devora el mundo. Piso, casa y piel nos desertan. Toda cubierta es corroída por un adversario implacable: el rostro se arruga; los muros se agrietan, el hierro se oxida, los cristales se llenan de vaho, las paredes de moho. Vivimos en vasijas defectuosas. Tendría razón Valéry cuando dijo que lo más profundo era la piel. Alcanzando esa sabiduría que los diccionarios ignoran, José Emilio Pacheco nombra nuestra honda miseria epidérmica.

Nueva sony 192

30 de junio de 2009

Más de Isaiah Berlin y sus cartas

Carta Isaiah Berlin Un par de notas se han publicado recientemente sobre el segundo volumen de cartas de Isaiah Berlin y un libro de homenaje . En el New Statesman, Justin Cartwright, a diferencia de otros lectores, saborea las cartas: las encuentra graciosas, siempre con un toque irónico y autodenigratorio, frecuentemente maliciosas y en ocasiones brillantes. Terry Eagleton, por su parte, toma las misivas como muestra de un personaje prototípico de la intelectualidad oxoniana.

Índice de Estados fallidos

Foreign Policy y el Fondo para la Paz han hecho público su índice de Estados fallidos. México continúa en descenso.

Failed states 2009 

29 de junio de 2009

Los asesinos que nos dieron patria

Escribió Gabriel Zaid en su artículo de ayer en Reforma:

Hidalgo La repugnancia que hoy se tiene a la guerra debe extenderse a las guerras civiles. El 16 de septiembre de 1810 y el 20 de noviembre de 1910 no son fechas gloriosas. Interrumpieron, en vez de acelerar, la construcción del país. Destruyeron muchas cosas valiosas. Causaron muertes injustificables. Lo que los indios, mestizos y criollos habían venido construyendo después del desastre de la Conquista alcanzó un nivel sorprendente en el siglo XVIII, que se perdió con los desastres de la Independencia y la Revolución. Destronar unas cúpulas para que suban otras es inevitable, y puede ser deseable, pero no a costa de la sangre de los que no están en la cúpula, ni del caos de la vida cotidiana, ni de las destrucciones absurdas. Brasil se sacudió el dominio portugués sin una guerra de independencia. España se sacudió la dictadura franquista sin otra guerra civil.

México no empezó hace 200 años. Los verdaderos Padres de la Patria no son los asesinos que enaltece la historia oficial, sino la multitud de mexicanos valiosos que han ido construyendo el país en la vida cotidiana, laboriosa, constructiva y llena de pequeños triunfos creadores.

Criticar la crítica

Una de las zonas de mayor impunidad en el país es el territorio del opinionismo. Junto con los obispos, los diputados y los policías, los periodistas y los opinadores vivimos en un planeta donde todo se vale. En este terreno impera la ocurrencia, se acepta el plagio, abundan la estridencia, los arranques de indignación, los golpes de pecho. Se adula rutinariamente el lugar común. Desde hace unas semanas un diario clandestino publica los apuntes de Carlos Bravo Regidor donde se propone: "ensayar una lectura distinta, más exigente, de la prensa y de lo que escriben los profesionales de la opinión. Una lectura que no se resigne a los arrebatos retóricos del descontento (“es el colmo”, “no se vale”, “ya nomás faltaba”) y que conciba la crítica menos como un género de la protesta y más como un experimento en la autorreflexión." Afortunadamente, sus artículos salen del secreto de la página impresa en su conversación pública.

Un retrato de Cioran

Cioran 

Rogelio Cuéllar cuenta:

París, primavera de 1984. Telefoneo a E.M. Cioran a través de unos amigos. “Si él me ha leído, sabrá que no quiero que me fotografíen, pero quiero conocerlo”. Tres meses después regresé a la cita en su casa, frente al metro Rue Odéon.
—Quiero hacerle un retrato.
—Si usted me ha leído nunca me va a hacer un retrato.
El tiempo transcurría, la luz matutina se reflejaba hermosa en sus cabellos, e insisto:
—Señor Cioran, soy un fotógrafo.
—Lo sé.
Tomó mi portafolio y se detuvo en el retrato de Esther Seligson, su traductora, sorprendido por la luminosidad de ella. Admirando sus manos largas y su cabello de escuincle despeinado, volví a insistir…
—Monsieur Cuéllar, haga lo que tenga que hacer…

Calderón contra el abismo ateo

A-tshirt A la mitad del camino sigue sin estar clara la estrategia del gobierno federal en su guerra contra el narcotráfico. Resulta también evidente que la administración no se ha tomado en serio la reforma institucional y que el nuevo modelo de enjuciamiento penal carece de promotores dentro del gobierno. Lo que se clarifica es la filosofía presidencial: la moral detrás de la guerra. En distintas piezas oratorias, Felipe Calderón ha expuesto las razones de su cruzada. Son ofensivas y preocupantes.

A principios de este año, el jefe de un Estado laico describió al país que representa como la tierra de una virgen y un santo. En aquella ocasión, el presidente mexicano abrazó integralmente la cosmovisión más conservadora y dogmática de la iglesia católica para sermonear a un país que, al desviarse de la senda natural, pagaba un castigo terrible. La familia tradicional fue retratada por el presidente como la única semilla posible de la moral. Su quiebra provocaba una estela de desgracias. Elogiándose como miembro de una familia ejemplar, declaró que la práctica del divorcio esparcía la deshonestidad y la violencia. Los infieles que rompen el pacto indisoluble destrozan la decencia, la armonía y la justicia. El presidente Calderón exhibió entonces una desconocida y peligrosa secta del crimen organizado: los narcodivorciados.

Ahora Felipe Calderón continúa su disertación moral sobre el crimen. Ha sugerido que el ateísmo está en la raíz de la delincuencia. El origen de nuestros males está en la pérdida de la fe, en lo que él llama “el desconocimiento de dios.”

Continuar leyendo "Calderón contra el abismo ateo" »

25 de junio de 2009

Ralf Dahrendorf

Dahrendorf en 1974 Murió Ralf Dahrendorf. Weberiano, sostuvo que el poder--no la propiedad--definía a las clases sociales. Dos totalitarismos marcaron su juventud. Temprano entendió que secreto de la democracia estaba en el sensato manejo del conflicto. No la aparición de una voluntad colectiva sino gestion de las diferencias. Criado en una familia socialdemócrata, vivió la pasión política en la cátedra y en la acción. Fue un liberal de izquierda, un socialdemócrata o, como él habría preferido, un defensor del socialisimo democrático. Su ánimo reformista, sin embargo, no dejó de ser escéptico. Vio con esperanza cauta las revoluciones de 1989. Dirigiéndose a un ciudadano polaco, advertía a todos los apresurados que la transformación por delante era compleja. En clara alusión a Burke, alertaba en una serie de cartas que los cambios constitucionales o económicos podrían madurar en unos meses, pero la refundación social tardaría décadas.

*

En esta conversación con Harry Kreisler, de la Universidad de Berkeley, Dahrendorf recorre las principales estaciones de su vida. Se han publicado obituarios en el Times de Londres, en el de Nueva York, en el Guardian, en El País, en el Independent, en el Financial Times.

La casa que fue

La casa que fue 
Vista aquí.

23 de junio de 2009

Belleza y transgresión

Scruton_Beauty Roger Scruton ha publicado un librito sobre la belleza. El extracto que Cityjournal ha publicado da idea de su argumento. Desde los años treinta buena parte del discurso artístico se ha empeñado en darle la espalda a la noción de la belleza. No solamente huye de ella sino se empeña en la transgresión, la violencia, la fealdad, el asco. El empeño de combatir cualquier sacralización aniquila toda búsqueda de belleza. "Tengo un loco e incontenible deseo de asesinar a la belleza", dijo el poeta dadaísta Tristan Tzara.

Y sin embargo, explica  Scruton anhelamos la belleza, la necesitamos.

22 de junio de 2009

Votar con la nariz tapada

A propósito de la aparición de su nuevo libro, Bartra contesta a las preguntas de Roberto Zamarripa.

¿Cuál es su opinión sobre el voto en blanco o la convocatoria a anular el voto en las próximas elecciones?

Bartra - fractura Las personas tienen diversas opciones a la hora de votar en secreto. Una de ellas es el voto en blanco o anulado, si no les satisfacen las alternativas. Es una opción perfectamente legítima, útil y comprensible. Otra cosa es la convocatoria pública para ganar adeptos de la anulación de votos. Ello es una forma peculiar de militancia política que conlleva una visión de la coyuntura. Responde a determinados intereses. Los anulacionistas del duopolio televisivo rechazan lo que llaman la partidocracia porque ella afecta sus intereses. Los pejistas desencantados se proponen castigar a los nuevos dirigentes del PRD inmolando su voto. Los añorantes del PRI quieren anular votos pues ello afecta principalmente al PRD y al PAN. Los radicales trasnochados quieren sacrificar su voto porque creen que el actual sistema es igual de malo que el antiguo régimen de partido único. Yo creo que en estos momentos el llamado público a la anulación del voto es absurdo. Forma parte de un ritual de sacrificio, no tan diferente al de una huelga de hambre. Es como una expiación: el voto es inmolado para reparar las culpas del sistema. Por ello quieren enviar el voto al desierto, como al chivo proverbial.

Sobre el voto (otra vez)

Clip El voto no es un árbol de navidad. No tiene ramas ni hojas para ir colgándole esferas, adornos y lucecitas. El voto es la culminación de un largo proceso de simplificación tecnológica. Una instrucción precisa que se desprende de motivos y argumentos. Valdría la pena un estudio estrictamente ingenieril de esa pieza elemental de la complejísima maquinaria democrática. De la misma manera que un historiador de la ingeniería como Henry Petroski ha examinado la biografía del lápiz o del clip en ensayos fascinantes, resultaría muy esclarecedor desarmar el sufragio para desentrañar su mecánica. Petroski se ha dedicado a explorar la historia de las cosas que nos rodean: las computadoras, los tenedores, las latas, el ziper. En cada un de esos utensilios hay un largo proceso de diseño en donde, por cierto, el error ocupa un lugar preponderante. Cualquier artefacto que utilizamos esconde una aventura del cálculo y la corrección: bosquejos, intentos, fallas y reelaboraciones. Tomemos el caso del clip que examina Petroski. Podríamos pensar que ese broche para papeles es el objeto más simple; que una cosa tan sencilla no tiene inventor. El biógrafo de los objetos diseñados desarma esas suposiciones: el clip es un prodigio de la inteligencia práctica. Detrás de ese rizo de alambre plano hay cientos de cálculos sobre la resistencia de los materiales, estudios sobre la flexibilidad del armazón, miles de dibujos para mejorar una estructura que debe prensar el papel sin lastimarlo.

Detrás del voto hay, igualmente, una larguísima historia de diseño; siglos de prueba y error. Su historia, sin embargo, no es la de un instrumento que se desenrolla a lo largo del tiempo, que acrecienta su complejidad a través de los años, que se recarga poco a poco con mecanismos y aparatos suplementarios. No es un instrumento con una variedad de módulos y componentes que encierre dentro de sí una secuencia de procesos y reacciones. El voto resume en su diseño una rica historia de simplificación. Desprendiéndose progresivamente de todo lo accesorio, el voto se comprime hasta quedar convertido en la instrucción más elemental: un signo sobre un símbolo. Si la democracia es, como muchos sugieren, el régimen más complejo, su encendedor es lo más elemental. Una instrucción simple que no demanda argumento ni explicación del votante. Un acto político que se oculta del público. Una orden emitida sin palabras. Un signo le basta: un tache.

Para muchos—demócratas y antidemócratas—ese rasgo de simpleza inicial demerita o invalida el régimen. ¿Qué política puede desprenderse de un acto tan trivial? Por eso John Stuart Mill exigía más del votante. Al votar, el ciudadano debía argumentar frente a sus vecinos por qué respaldaba tal o cual opción. Si el voto tenía consecuencias públicas, tenía que ser razonado en público. Quería que el voto enriqueciera el debate y curtiera una ciudadanía inteligente y fornida. Un régimen fundado en el voto es una idolatría de la aritmética, sugirió Borges. Del número no puede brotar la razón; de una simple operación numérica no puede nacer una civilización. Pero eso que rechazaban representa precisamente el inmenso salto democrático. Que el voto se desprenda del discurso, que sea la expresión unívoca de una decisión permite fundar un régimen que, por lo menos en ese brevísimo episodio inaugural, cumple con requisito igualitario. El voto, en efecto, es sólo una instrucción que debe ser agregada, una cifra para la suma. Porque se desprende de su emisor, porque no contiene argumento ni discurso porque es apenas una hoja de papel con una seña la decisión recoge la voluntad de cada uno en búsqueda de la mayoría. Todo voto vale igual: el del rico y el del pobre; el del sabio y el del ignorante. El voto del miedo y el voto de la esperanza; el voto razonado y el voto caprichoso. Es por eso también que el voto no engendra mandato, no redacta una instrucción precisa. Se pronuncia simplemente sobre la conformación de la representación política. Ése es su efecto. Instrucción sin argumento, el voto, si se emite en democracia, puede castigar o premiar. Ahí está su modesto e inmenso poder.

Si el régimen democrático se caracteriza por la ausencia de rasgos sublimes, el voto es, quizá, el más antipoético de sus capítulos. No es un episodio heroico, no permite una experiencia mística, su dimensión estética es nula. El votante se ve forzado a elegir entre las opciones disponibles. El discernimiento concluye inevitablemente en una burda simplificación. Me gusta una propuesta del partido equis, pero me disgusta otra; confío en tal candidato pero no en su colega; reconozco la experiencia del candidato Fulano pero me incomoda su partido. El elector se ve obligado a simplificar grotescamente para decidir. Por eso el entusiasmo electoral es un fenómeno tan infrecuente.

El problema está en pedirle al voto lo que el voto no da. El problema está en suponer que la participación termina en el nicho electoral. La energía democrática, la creatividad plena, la imaginación productiva se activan más plenamente en otros espacios.

21 de junio de 2009

Publicidad del día del padre

Durex 

Voto blanco

Voto blanco

20 de junio de 2009

La revolución de twitter

Twitter iran La revolución no está siendo televisada. Se enciende y se trasmite en twitter. Algo así dice Timothy Garton Ash en su artículo más reciente

Sobre ese mismo tema, resulta interesante este videoensayo sobre los blogs en Irán:

Duchamp reloaded

Duchamp reloaded 
El proyecto de Ji Lee, aquí

18 de junio de 2009

Lo imparodiable

Guillermo Sheridan parodia la convocatoria de López Obrador en Iztapalapa.

“Ahora la cosa va a estar así: todos vosotros votaréis por Clarita, nuestra candidata a jefa tribal de la santa tierra de Iztapalapa. Pero la manera de lograr de que Clarita sea nuestra jefa delegacional va a ser la siguiente: para votar por el PRD es necesario votar por el PT, o sea de que para votar por Clarita del PRD hay que votar por Juanito del PT, porque si votáis por Clarita estaréis votando por la mafia. ¿Me comprendéis?”
Y la gente dijo: “¿Qué deseáis que os contestemos?”
Y Él dijo: “Contestad que sí comprendéis. ¿Comprendéis?”

En este caso, la parodia diluye lo grotesco del evento de Iztapalapa. La transfiguración sheridaniana del lenguaje del caudillo inyecta una dimensión satírica a lo que no lo necesita. Vale sólo la transcripción. Son suficientes las comillas. No hay nada que agregar al testimonio de youtube en donde no solamente escuchamos lo que dice López Obrador, sino que lo vemos. Sus palabras no necesitan parodia, las comillas bastan. Ésto (1 y 2) es imparodiable.

Jesús Silva-Herzog Márquez

Escribe aquí tu email:

Un servicio de FeedBurner

julio 2009

dom. lun. mar. mié. jue. vie. sáb.
      1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31  

Búsqueda

  • Google:

    WWW
    blogjesussilvaherzogm

Amazon

Libros

  • LA IDIOTEZ DE LO PERFECTO
    Jesús Silva-Herzog Márquez
    reseñas | comprar

    ANDAR Y VER
    Jesús Silva-Herzog Márquez
    reseña | comprar

LUNES

ANDAR Y VER

REFORMA.COM

Blog powered by TypePad