Lecciones de la Corte
El máximo tribunal ha impartido una lección a la clase política. Tomó una decisión clave para la vida pública del país que no solamente ha corregido la plana al Congreso y a la Presidencia, sino que emite una señal bastante clara hacia el futuro. La Suprema Corte de Justicia ha pronunciado una resolución histórica que la confirman como institución clave. La impugnada democracia mexicana recibe un aliento desde su núcleo de neutralidad. Algunos cuestionan las credenciales democráticas de un tribunal como el nuestro. Quienes lo integran no reciben votos de la gente, no pueden ser removidos de sus encargos y ocupan por largos años una alta responsabilidad. De ahí proviene la paradoja democrática: una institución que no se asume representativa, un órgano apartado estructuralmente de los mandatos electorales, una pequeña asamblea aislada de los apremios de la popularidad resulta el departamento mejor dotado para encarar las coacciones del corto plazo y las conspiraciones de los poderosos. Mientras los órganos tradicionalmente descritos como ‘políticos’ fueron incapaces de cuidar el interés público al legislar sobre el cuarto poder, sometiéndose en buena medida a sus dictados, el débil órgano de la imparcialidad, se constituyó en el fortín del Estado democrático.
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