Alan Sokal regresa
Alan Sokal, el genial provocador que exhibió la charlatanería académica en aquel famoso experimento publicado en la revista Social Text, vuelve a la carga para denunciar el cobijo político de los absurdos científicos. Comenta Sokal que un asesor de Bush le dijo en algún momento: somos imperio y, cuando actuamos, producimos nuestra propia realidad. Bush se convenció de que las evidencias eran irrelevantes para la suprema potencia--y así le ha ido. Concluye Sokal: "Todos--conservadores y liberales, creyentes y ateos--vivimos en el mismo mundo, querámoslo o no. La política pública tiene que fundarse en la evidencia prueba más sólida disponible sobre ese mundo. En una sociedad libre, cada persona tendrá derecho de creer cualquier tontería que le parezca, pero el resto de nostros, debe prestar atención solamente a las opiniones fundadas en evidencias pruebas." (Gracias a AA)





Jésus, referirse como genial a Sokal permite entrever qué tanto reproduces de "oídas" el sentido común de la seudo-crítica periodística que implicó la supuesta denuncia que hizo Sokal a mediados de los años noventa. Si bien fue un caso de hit-parade polémico, nacido sólo para alimentar la idea de que su crítica era una crítica seria -pese estar dirigida sobre todo al público no-científico que no participa de la autoridad científica ni tiene punto de referencia alguno para rebatirla-, el trasfondo del famoso pero desafortunado affair Sokal tiene que ver más con la autonomía del campo científico ante la penetración y cuestionamiento que la disciplina filosófica hace de la ciencia y de sus producciones conceptuales -cuestionamiento que la filosofía tiene de derecho, y penetración que necesaria para preguntarle a la ciencia y a su oficiantes, hacia dónde su práctica y su discurso está llevando a la humanidad. Lo que es chocante es que se siga reproduciendo esta denuncia como válida fuera del campo de la producción científica, acá entre los mortales, y sobre todo por parte de voces intelectuales tan respetables y públicas como la tuya. Saludos
Publicado por: Naxos | 3 de marzo de 2008 at 14:22
Me temo que donde el español dice "evidencias" debería decir "pruebas". Es un falso cognado habitual, pero molesto; en español una evidencia no puede ser más o menos sólida.
Y por otro lado, hay que decir que uno de los sentidos de la crítica de Sokal fue precisamente poner en duda la supuesta "autonomía del campo científico" —o más bien de los científicos que con el título universitario y las credenciales de las asociaciones académicasa que pertenecen reciben patente de corzo para construir delirios conceptuales more Deleuze y Guattari.
Publicado por: Aurelio Asiain | 3 de marzo de 2008 at 17:29
Aurelio, creo que es denunciable que un científico sea criticado por leer filosofía si el rigor de su oficio y de su discurso dependen de la visión reductiva de su propia práctica. En efecto: un físico no tiene porqué ni para qué leer a Derrida, siendo que lecturas como éstas implican esa penetración a la autonomía del campo científico así como también un descentramiento en la estrechez de su competencia. Si la crítica de Sokal y su denuncia hubiera sido contra los físicos matemáticos y demás científicos -especialmente estadounidenses- que leen sobre todo filosofía francesa, te daría la razón. No obstante, su denuncia fue una puesta escénica supuestamente crítica contra los filósofos, no contra los científicos. En todo caso, ¿se puede confiar en alguien que se atreve a lanzar un texto irreverente, negar su contenido como válido, justificarlo por todos los medios como paródico, y luego hacer una obra que niega en bloque toda una generación de filósofos, pese no haber leido todas las obras que critica, sino más bien recortarlas y transcontextualizarlas según las exigencias de su supuesta denuncia? Y cabe mencionar que Sokal, antes de su tropiezo, era un lector avezado de Derrida. Ante tanto cinismo profesional y oficioso, vale más la franqueza del delirio.
Publicado por: Naxos | 3 de marzo de 2008 at 23:03
A ver: "¿se puede confiar en alguien que se atreve a lanzar un texto irreverente, negar su contenido como válido, justificarlo por todos los medios como paródico, y luego hacer una obra que niega en bloque toda una generación de filósofos, pese no haber leido todas las obras que critica, sino más bien recortarlas y transcontextualizarlas según las exigencias de su supuesta denuncia?" Sí, sí se puede: 1) el texto es paródico, es irreverente, es brillante: es crítico; 2) ¿y quién dice que hay que leer toda la Biblia para no creer en ella, o todos los discursos de Martí Batres para no votar por el PRD, o todos los libros de Derrida para no tragárselo? El texto de Sokal era en primer lugar una denuncia de la chapucería de las revistas universitarias, que reparten puntos curriculares y otorgan certificados de solvencia sin tener la menor idea de lo que están leyendo, aunque se llamen "arbitradas". (¿Era irreverente? ¿Hay que tener reverencia por esas instituciones?) En segundo lugar, era una crítica de la infatuación de los universitarios con la logorrea filosofante del estructuralismo francés. En tecer lugar, era una risotada ante esa logorrea. Chapeau.
"Y cabe mencionar que Sokal, antes de su tropiezo, era un lector avezado de Derrida." ¿Cuál tropiezo? ¿Y si no hubiera sido lector de Derrida, como se hubiera burlado de él?
"Ante tanto cinismo profesional y oficioso, vale más la franqueza del delirio." ¿Cuál cinismo? ¿Decir que una parodia es una parodia resulta cínico? Y no, no vale más la franqueza del delirio, que tiene pretenciones de saber.
Publicado por: Aurelio Asiain | 4 de marzo de 2008 at 1:19
Aurelio, comprendo porqué te agrada tanto Sokal: esa técnica de copiar y pegar -recortar- lo dicho por otro para descontextualizarlo y recontextualizarlo en otro sentido, cual teléfono descompuesto, me parece muy cómoda sólo para hacer basura y no tanto para hacer una réplica amable, sin sesgos, y comunicativa. Te invito a que tu próxima respuesta tenga un poquito más de esfuerzo. En fin, cada quien su estilo.
No me parece suficiente con que repitas y asegures que el texto de Sokal sí es tal y sí es cual, mucho menos que además ello te parezca convincente, sólo porque tu lo dices, seas quien seas. No leiste bien lo que contiene mi pregunta: cuando digo "lanzar" y "hacer una obra" me refiero a la acción de publicar, de atreverse a publicar un texto que pasa por válido, en un principio, y que luego se revela como supuestamente paródico. Por un lado, una cosa es leer un libro que te interesa y que bien puede serte útil para tu oficio e ilustrarte, después comentarlo, tener una opinión de él, escribir algo al respecto, y quizá hacerlo circular a título de "esto es lo que pienso sin apelar a mi investidura disciplinaria, ni a mi charola". Por otro lado, otra cosa es leer las obras completas y de vida de una veintena de filósofos -en el mejor de los casos tambien leer las influencias que ellos tienen respecto a otros filósofos, su tradición discursiva y sus posibles triangulaciones-, leer esas obras que son de tu interés personal, profesional y existencial, que pueden serte útiles para el ejecicio de tu oficio e ilustrarte la mente por el resto de tu vida, obras que después tal vez puedas comentar con cierto dominio y perspectiva, teniendo no sólo una opinión de ellas -una opinión la tiene cualquiera- sino también algo qué aportar más allá de tu propio ombligo, para quizá también escribir algo respecto a ellas, sin sólo negarlas de tajo y, si resulta necesario, siendo crítico en sus más finas consideraciones, esto es, teniendo una visión integral de lo que el autor o obra criticados habían pretendido expresar y desarrollar, para quiza y con suerte, después de todo ello, lanzar, publicar y sacar a la luz una obra seria que hable con franqueza de todo este esfuerzo, en función de hacerse respetable por ella misma, sin que tu nombre o renombre, sin que la polémica que genere por cínica y no por sustancial, empuje sus ventas y ponga tu apellido en boca de todos. Toda esta "otra cosa" es lo que no hizo Sokal, y ahí radica su cinismo, su caraduréz -y por efecto de resonancia, la caraduréz de quienes lo defienden y se afilian a sus argumentos-.
Supongo que cualquiera puede leer la biblia por sesgos y decir y pensar de ella lo que le venga en gana cual denso hermeneuta, pero de ahí a publicar tan sólo con ese esfuerzo una obra más o menos virulenta sobre la cristiandad e invalidarla diciendo que es pura fantochería (y aunque lo fuera, si tal obra no da los argumentos en un desarrollo exhaustivo sobre su presunción) pues resulta sin más un cinismo abierto, un cinismo de oficio. En fin, Sokal disfrutaba a Derrida desde tiempo atrás y por ese gusto deconstruccionista un buen día se le ocurrió hacer su textito para ver qué pasaba, es decir, no había un plan claro de denuncia, o de crítica a los filósofos franceses: eso vino después, cuando se dió cuenta de que su "a ver qué pasa" era usado por Aronowitz para fisurar la autonomía de un campo discursivo herméticamente cerrado: el campo de la ciencia (y cuando digo "herméticamente" te estoy invitando a que entrelíneas leas "hermenéuticamente"). Lo demás que sigue a esta historia no es más que una recomposición reaccionaria apoyada por Briqmont, la cual no deja de ser la farsa de una farsa inexistente: mala correción del desliz, del tropiezo de un mal físico, lector de filosofías demasiado abiertas para su estrecha vida y su pálida opinión. Todo esto es un grandilocuente cinismo de oficio, como el que muchos hacen diariamente, por lo cual no tiene nada de genial, de crítico, ni de extraordinario en sí mismo.
La elección por el delirio es una cuestión de vida y de su modo de vivirla, no hay que pedirle demasiado a quienes no tienen con qué llenarla, aunque sea deseable que sí hicieran el esfuerzo de salir de esa vieja y primitiva caja rústica que aún los encierra. En fin Aurelio, creo que mis comentarios han sido bastante claros: sospecho que eres tú quien ha adoptado una actitud fija. Quizá te haya calado que en mi primer comentario haya sido frontal con Jésus y te salió lo abogado. Si es así pues queda poco por decir, porque decirlo sería obligarte a sostener una postura que no es la que te ha movido desde el principio: no seré yo quien te incite a continuar en esas condiciones. Sin embargo, como te lo mencioné: la franqueza del delirio vale más que cualquier cinismo, por si quieres. Y si no quieres, pues tranquilo, un saludo y no pasa nada.
Publicado por: Naxos | 4 de marzo de 2008 at 11:27
Aurelio: "patente de CORSO": se escribe con s.
Publicado por: Regocijado | 4 de marzo de 2008 at 12:57
Naxos,
Los argumentos que aqui expones revelan un gran talento para el discurso posmoderno pero un desconocimiento total del sistema de publicación científico. De todos modos los deberías mandar a alguna revista académica. Aquí te mando diez consejos para que te los publiquen. No te preocupes si no hace sentido lo que dices, eso no es importante:
http://www.scq.ubc.ca/ten-basic-heuristic-principles-for-academic-text-crafting-or-how-to-publish-a-paper-in-a-peer-reviewed-journal/
Publicado por: paula | 4 de marzo de 2008 at 13:19
Uyyy Paula, si apenas soy un simple mortal, no un científico ;-) , pero te agradezco haberle puesto la cherry a mi regocijo. Saludos!
Publicado por: Naxos | 4 de marzo de 2008 at 13:38
Leí bien la pregunta: entendí perfectamente que ponías en duda la legitimidad “de atreverse a publicar un texto que pasa por válido, en un principio, y que luego se revela como supuestamente paródico”, e insisto en que me parece perfectamente válido. ¿Dónde está la inconsistencia, si se trataba justamente de una burla? No deja de llamar la atención el adverbio “supuestamente”. ¿Qué quiere decir? ¿Que en realidad el texto no era paródico? ¿Entonces qué es? Es curioso que quien apuesta por el delirio se alarme (en frases larguísimas a fuerza de pleonasmos) ante la parodia, la irreverencia, la burla, y pida seriedad, respetabilidad, sustancia, crítica amable, sin sesgos, comunicativa.
Sí, corzo es con z (a ver si Jesús le pone una rayita de esas). Gracias.
Publicado por: Aurelio Asiain | 4 de marzo de 2008 at 18:17
Aurelio: por más perfecto que seas, patente de CORSO es con S. Con la pena. Busca "corzo" y "corso" en el diccionario. Ilústrate, criatura.
Publicado por: Regocijado | 4 de marzo de 2008 at 18:23
Sí, con s quise decir.
Publicado por: Aurelio Asiain | 4 de marzo de 2008 at 18:32
Aurelio, es un hecho de que el texto no fue publicado como parodia y eso es lo determinante. Después de publicado el autor podría decir misa de su texto pero ello no cambia nada. Ya lo dejé bien dicho: el texto originalmente fue pensado y escrito como un "a ver qué pasa": sería una parodia sólo si los editores hubieran estado enterados de que lo era antes de publicarlo como tal. Y bueno, no me alarma ni la parodia, ni la irreverencia, ni la burla, siempre y cuando sean tal cuales de principio a fin. No es el caso del texto en cuestión. Y con ello no estoy diciendo que el contenido del texto sea entonces legítimo. Por tanto tampoco es un asunto de poner en duda a la burla como instrumento crítico.
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 0:38
Una parodia es, dice el diccionario, una "imitación burlesca", y eso es precisamente el texto de Sokal, desde el principio. La naturaleza paródica de un texto no depende del lugar donde se publica.
Publicado por: Aurelio Asiain | 5 de marzo de 2008 at 3:13
Aurelio, ¿"el lugar donde se pública"? o.O Nunca estuviste abierto a esta conversación, tus recursos son muy escasos y ahora haz efectuado esa operación tan básica del necio: reducir las cosas al absurdo. Insistes en que tus argumentos -si es que se concede decir que has podido argumentar algo- se sostengan sólo porque eres tú quien los enuncia. En fin, era de esperarse. Anda pues, no hay problema, como te dije: no seré yo quien te haga continuar en estas condiciones, pero te mando un saludo y no pasa nada :-)
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 10:10
Un texto se define como paródico por su relación con aquello que imita, ridiculiza, critica, pone en evidencia, no porque los editores de una revista lo identifiquen como parodia. Que no lo hayan identificado fue precisamente lo que los puso en evidencia.
Publicado por: Aurelio Asiain | 5 de marzo de 2008 at 11:35
Aurelio, no eres generoso con tus neuronas: primero entiendes que me referí al lugar de publicación, y ahora entiendes que me referí al acto de identificar o no el texto como paródico. Ayúdate un poco: no es que el texto sea identificado por los editores como parodia aquello que lo hace una parodia, es el efecto de publicación, es el acontecimiento de haber cristalizado, en el horizonte de la opinión pública, un texto que ha sido reconocido o valorado como pretendía hacerse ver y enunciar tal y como fue entregado a los editores. Una vez que sucede eso, dado ese acontecimiento, vale decir que el texto pasa a la historia: es embestido por una representación que lo significa más allá de todo lo que el autor pretenda posteriormente reestablecer a su respecto. Los editores no publicaron ese texto como parodia, sea por las razones que sean, y teniendo las consecuencias que ello tenga. Entre ellas, que el texto de Sokal puede ser todo menos una parodia.
Reduzcamos un poco las cosas para ver si llegamos hasta ti antes de que te nos pierdas: una parodia retoma su mofa de una obra concreta que ironiza cómica y críticamente, cosa que no sucede con el texto de Sokal, porque no retoma como base ningún texto específico, lo cual es indispensable para que se reconozca como tal por un efecto interpretación distorsionada siempre reconocible en simultaneidad para el receptor. No se puede reconocer ninguna obra concreta que le otorgue ese sentido paródico al contenido del texto de Sokal. La única forma de tenía Sokal para que su texto fuera en efecto una parodia era haberle dicho a los editores que lo era y que fuera publicado como tal con una acotación de índole metaficcional -realizada sea por los editores o por él mismo-, es decir: una cláusula pequeña con asterisco al final del texto que permitiera con lupa en mano revelar su intención y extender una justificación convincente y puntual. Nada de eso sucede en el texto de Sokal.
Dado que la conversación ha venido a menos de tu parte, siendo que nunca hubo un esfuerzo franco tampoco de tu lado, y que tus intervenciones inspiran una retroacción poco fértil, no creo que tenga más ánimos de seguir alimentando más esta conversación, dado que no creo que vaya a moverse algo más de tu parte. No me lo agradezcas, mi desánimo es para evitar que caigamos en un devenir troll incontrolable :-) Saludos
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 12:56
Una parodia no necesita llevar una etiqueta que la identifique, puesta por los editores que la publican, después de que piadosamente han sido prevenidos de que se trata de una parodia, para serlo. Tampoco necesita referirse a "un texto específico": su objeto puede ser, como en el caso del texto de Sokal, un estilo. (Y no sólo eso: "Parody includes any cultural practice which provides a relatively polemical allusive imitation of another cultural production or practice. Simon Dentith, Parody, The New Critical Idiom".)
Publicado por: Aurelio Asiain | 5 de marzo de 2008 at 17:05
Si lo que dices es que Sokal les dió el texto a los editores diciéndoles que es una parodia antes de que la publicaran y que aún así la publicaron, pues no sólo estás mal informado, sino completamente perdido. Recurrir a citas para hacer hablar a otro lo que uno no puede argumentar es una señal de que se pierde el piso de la discusión. Hay que ser muy ignorante para meter en la misma salchica estílistica a los autores implicados en el textos de Sokal -y en sus Imposturas-. Lo que no logras entender es que Sokal no imitó, ni parodió ningúna práctica cultural ni siquiera un estílo: una parodia sólo cobra efecto como tal si el receptor reconoce lo que se está parodiando sin ayuda del autor, sin explicación posterior. Es como cuando haces un chiste local y al final dices "fue un chiste". Sokal tuve la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto contenía señal añguna de ser paródico.
Ok, para hacerte el juego en cuanto a traer a colasión otras voces de autoridad, con Bajtín diría que existe una diferencia radical entre el dialogismo polifónico de una parodia y el dialogismo interno de una polémica que no es manifiesta en el texto y que está oculta -forma carnavalesca también estudiada por Bajtín-. Si acaso esta última es la que corresponde al texto de Sokal: ya que no ofrece una materialidad textual o narrativa como clave de lectura. Por tanto, no hay que confundir parodia con polémica oculta. Bajtín también dice que existen ciertos grados de distanciamiento correlativos a la intención semántica del autor que efectúa la parodia, pero cuando la palabra del autor converge con la del personaje implicado en su texto, esto es, cuando el personaje es él mismo, no existe parodia alguna. En texto de Sokal está firmado por Sokal, siendo él su propio personaje. Sokal se parodia a sí mismo en su texto -eso sí es definitivo-, sobre todo porque después niega la validéz o irreverencia de su contenido afirmándola como una parodia. Está claro que Sokal escupe hacia arriba e invita a los ingenuos a que hagan lo mismo.
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 18:37
[Fe de erratas] Dice: ...Sokal tuve la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto contenía señal añguna de ser paródico... y debería decir: ...Sokal tuvo la imperante necesidad de calificar su parodia como tal porque su texto NO contenía señal alguna de ser paródico. :-P
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 18:43
Ay! ...y colasión va con "c"
Qué prisas caray! :-P
Publicado por: Naxos | 5 de marzo de 2008 at 18:46
No, no dije que "Sokal les dió el texto a los editores diciéndoles que es una parodia antes de que la publicaran y que aún así la publicaron". Lo que he dicho, una y otra vez, es que la naturaleza paródica del texto no depende de que quienes lo publicaron la hayan reconocido. Sokal envió su texto a la revista suponiendo que los editores no reconocerían que era una parodia, porque el cúmulo de incoherencias que lo constituyen son las habituales en el discurso parodiado, al que esa revista suele dar curso. Una vez publicado el texto, los receptores de la parodia, es decir sus lectores, no sus editores, la han reconocido como tal, y no porque el autor así la haya identificado.
Publicado por: Aurelio Asiain | 5 de marzo de 2008 at 19:31
Sin ser yo intelectual de altos vuelos quiero decir que la crítica de Sokal se me hace de lo más pertinente y acertada.
Si nos quejamos de la pobreza del discurso público que permite engendros como el creacionismo o la fe ciega lo mismo en los milagros vendidos por la tele de media noche o en el fraude electoral de 2006, lo que tenemos que hacer es limpiar las argumentaciones de pensamientos mágicos, de argumentos que sólo se sostienen por los andamios de sus escritores.
Cualquier debate, cualquier discusión que valga su nombre requiere, exige datos, pruebas. Los artificios retóricos no pueden jamás servir como fundamento de una discusión en el plano científico. Sokal hizo bien en desenmascarar la charlatanería y creo que todo analista social, periodista y humanista está en la obligación de abandonar la superchería y abrogar el dato duro.
De lo contrario, el relativismo de la posmodernidad seguirá dando cobijo a cualquier tipo con bonete que se proclame a sí mismo como gurú del momento.
Saludos
Publicado por: Leo CP | 5 de marzo de 2008 at 22:04
Estoy de acuerdo en que la naturaleza paródica de un texto, no depende de que quienes lo publiquen la reconozcan como tal. Pero no considero que sea ese el caso del texto de Sokal. No pienso que la naturaleza de ese texto sea paródica, por más cantaletas se diga al respecto. Sokal esperaba que su texto fuera reconocido por los editores como no válido, no como parodia. Es sólo después de su publicación, y de ver las consecuencias de su publicación, que lo tilda de paródico. Ciertamente dicho texto está lleno de incoherencias premeditadas que están ocultas y que pasan como coherentes a una mirada no rigurosamente científica, y es ello lo que lo hace un texto con polémica interna oculta, no con parodia. Como parodia no se conecta con el discurso parodiado, en todo caso, se conecta con un discurso de una cientificidad simulada mucho más dura que el de la filosofía que insiste parodiar, la cual ciertamente usa y -si se quiere- abusa, aunque no en todos los casos, de una serie de conceptos acuñados por la ciencia.
Es menester considerar que Sokal pretende extrapolar ese uso y abuso al discurso de campo científico, como si ese discurso filosófico que presume parodiar formara parte del campo propiamente científico. Es de notar que, para lograrlo, Sokal intenta operar una seudocritica que descontextualiza en bloque esa indagatoria filosófica, la cual está cargada de una larga tradición discursiva, que al final de cuentas es muy válida sólo al interior del discurso filosófico, es decir, válida para los fines filosóficos que intentan poner a prueba todo tipo de aplicaciones conceptuales. La indagatoria filosófica del discurso que Sokal quiso parodiar -sin lograrlo- no pretende que sus hallazgos o especulaciones sean retomados por la ciencia, siempre se han circunscrito al interior de la producción meramente filosófica. Si dichas indagatorias llegan a influir en los puntos de vista de algunos científicos es más bien por la falta de escrúpulo que tales científicos tienen respecto a la práctica de su propio oficio. Ese es el caso de Sokal.
El discurso que Sokal dice parodiar es de una naturaleza filosofico-conceptual, de ensayo con pretensiones de filosofía y no con pretensiones de cientificidad rigurosa. No por ello se hace desdeñable y poco válido, al contrario, ese el trabajo netamente filosófico: indagatorias, aplicaciones e invenciones conceptuales. La filosofía reclama la invención de conceptos que la ciencia le ha despojado y que le pertence de derecho. Si bien las pretensiones filosóficas no son válidas para la ciencia, sí lo son para la filosofía, incluso le son necesarias para su ejercicio y autonomía.
Es verdad que la revista Social Text solía dar curso a textos de ese orden filosófico y con dichas pretensiones, también puede llegar a ser verdad que quizá esa revista no aplicaba un criterio riguroso en el sentido de una cientificidad endurecida. Pero hay que matizar que el texto de Sokal no se presenta como un texto nacido desde ese orden y pretensión filosófica, sino se presenta como de un orden con pretensiones mucho más estrictamente científicas. Es por ello que la supuesta parodia de Sokal finalmente no conecta como referente paródico al discurso filosófico al que pretende aludir, sino al discurso que se inscribe en el campo de la producción científica. Sokal trasviste este hecho dando por sentado que el discurso filosófico que pretende parodiar forma parte de la ciencia y de su campo de producción discursiva, como si el campo de la producción filosófica contemporánea no tuviera su propia autonomía.
El discurso que Sokal supuestamente parodia nunca ha dejado de circular en el campo de lo propiamente filosófico, aún siendo en efecto que retome conceptos científicos y los explore en mil sentidos. Ese discurso supuestamente parodiado nunca salió de su campo filosófico pese a esos excesos y abusos conceptuales, los cuales se presentan como tales sólo si se les contempla desde una mirada científica rigurosa, hermética y cerrada. En fin, el texto de Sokal no deja de implicar un discurso cuyo contenido científico está dirigido a la ciencia y a su campo, no hacia la filosofía, y ello pese de que en él esgrima esos conceptos científicos que la filosófía acaso pudo hacer exceder en sus aplicaciones e indagatorias. Sirva pues todo esto para decir que el texto de Sokal no se conecta con el discurso que pretende parodiar y por ello le resulta un tiro por la culata que le exigió recomponer por todos los medios, pero sin lograrlo, su mala jugada, su chiste sin broma.
Publicado por: Naxos | 6 de marzo de 2008 at 0:55
Es absurdo decir que "sólo después de su publicación, y de ver las consecuencias de su publicación", Sokal "tilda de paródico" su texto: las consecuencias habían sido nulas, y la revelación se publica poco después de publicada la parodia. Es absurdo también negar el carácter paródico de ese texto, arguyendo que "no conecta con el discurso que pretende parodiar", cuando tantos lectores nos hemos carcajeado leyéndolo, precisamente porque reconocemos el objeto de la parodia y tenemos razones (que otros no comparten, y se pierden por eso el chiste, y más bien se enojan) para reírnos.
El improbable y ocioso lector que haya llegado hasta aquí hará mejor, si cree que "puede llegar a ser verdad que quizá" el texto de Sokal es una parodia, en leer el original en esta página:
http://www.physics.nyu.edu/faculty/sokal/
Allí mismo hay numerosos enlaces a réplicas y contrarréplicas harto más interesantes, y a veces harto más fastidiosas también, que lo que aquí se ha dicho.
Perdón por la lata, Jesús.
Publicado por: Aurelio Asiain | 6 de marzo de 2008 at 8:42
Aurelio,
Ya no te gastes, es evidente que Naxos no entiende (o finge que no entiende) el significado de parodia. Si está fingiendo, a lo mejor es una especie de Sokal que quiere exponer lo fácil que es engancharse en una discusión completamente vacua.
Publicado por: paula | 6 de marzo de 2008 at 11:13