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marzo 2008

31 de marzo de 2008

Risa y milagros

Mendoza_savater_2

Hace algunos años leí un artículo de Fernando Savater donde proponía un medidor de la laicidad: donde acaba nuestra capacidad de reir termina nuesto laicismo. Perdí el artículo y ahora ni google me ayuda a encontrar esa cita que resume la centralidad política del humor. Ahora, en diálogo con Eduardo Mendoza, Savater vuelve a esos asuntos: la risa, las ceremonias, la búsqueda de lo sagrado y la invasión de lo ridículo. De ahí:

E. M. En estos tiempos, la religión es el último reducto del humor. Nada me ha divertido más que las encíclicas papales.

F. S. Pero el humor lo pones tú, no el Papa.

...

F. S. Hay una disposición a creer porque nos vamos a morir. Creemos en cualquier cosa para ver si nos salvamos por algún lado. Eso y la necesidad de que los malos sean castigados, y los buenos, premiados. Esas cosas pueden ser ingenuas, pero tienen su lógica. Pero que te lo cuente un tipo con evidente aspecto de sinvergüenza y que diga que lo que acaba de mear es una pócima para sanar a los ciegos...

E. M. Es que la base de la religión no es lo que te cuentan, sino lo que tú quieres creer, y hay una gran necesidad de seguir unas liturgias que tienen un final terapéutico.

F. S. Los ritos de tránsito tienen su sentido. Cuando se te muere alguien cercano te gustaría saber qué hacer. No vas a decir: lléveselo usted y tírelo. Quieres hacer algo pero no sabes qué. Una vez fui a un homenaje cívico a un editor, póstumo, con discursos y música. Y un amigo me dijo: esto lo hacen mejor los curas.

Diálogo, verdad, reglas

Mandar al diablo las instituciones no es el deshacerse de lo inservible sino desprenderse de lo elemental -y de lo propio. No es atacar la fortificación enemiga sino perforar la nave donde uno viaja. Dirán los defensores de las comillas que López Obrador no mandó al diablo a las instituciones sino a sus instituciones. Subrayarán que los institutos remitidos al caluroso territorio eran los de la derecha tramposa. Pero ahí está el gran problema del lente marxista. Las instituciones del Estado no pueden entenderse como armas de los encumbrados contra los justos. Son el domicilio común, el espacio indispensable para la convivencia. Cuando el caudillo gritó a los cuatro vientos que las instituciones merecían estar ahí, en el infierno de la porquería, era claro que mandaba al diablo también a quien lo hacía su candidato. Era cuestión de tiempo que los efectos de la convocatoria se hicieran sentir en su propia casa. Se ha consumado el aviso: al PRD se lo ha llevado el diablo.

El discurso del gran caudillo ha sido un coherente embate a los tres fundamentos de la convivencia: el diálogo, la verdad y las reglas. Ése es el tripié del trato institucional: aceptar la realidad, acatar las reglas, tolerar al otro. No es extraño lo que pasa en la familia perredista porque ahí ha avasallado ese mensaje: no se puede conversar con los traidores; no importan los hechos; sólo valen las normas que me validan.
Para leer el artículo completo ...

30 de marzo de 2008

Por aquello de los archisílabos

Nanopecados.

Jean Nouvel, Pritzker

Nouvel_instituto_mundo_rabeJean Nouvel, famoso sobre todo por su instituto árabe en Paris, ha ganado el Premio Pritzker de Arquitectura. La versión electrónica del New York Times adelanta un perfil que esperaba publicación hasta la semana próxima. El jurado elogia la capacidad de sus edificios de insertarse y contrastar con el entorno

27 de marzo de 2008

Moda

"Siempre ha habido modas en la crítica literaria pero lo que está de moda ahora es estar de moda, la desesperada búsqueda de algo sexy." William Deresiewics en The Nation.

26 de marzo de 2008

Manipulación silábica

Slabas

En su estupendo prólogo a Matar a un elefante, Arcadi Espada resalta un descubrimiento de Orwell: la política y el periodismo son sistemas eufemísticos. Artilugios para trastornar el sentido de las palabras. Dulcificaciones del lenguaje para que no desagraden a ningún paladar; acolchonamiento de las palabras para que nunca raspen: complejos dispositivos del encubrimiento. El cazador de periodistas tiene razón, pero tal vez se queda corto. El ocultamiento de la palabra rasposa no es vicio profesional. Toda plataforma de comunicación está tentada por el eufemismo. No son sólo el reportero y el candidato quienes retocan la verdad y esquivan la palabra espinosa para emplear el término confortable. Todos usamos las palabras como máscara y como bálsamo. Al hablar untamos crema y esparcimos velos.

Una de las herramientas del camuflaje es la manipulación silábica. Las palabras no serán líquidas pero son elásticas. Una palabra puede encogerse, doblarse, expandirse. Un par de letras empleadas como prefijo pueden apocar o ensalzar lo que anticipan. El efecto de ‘post’ sobre cualquier palabra es mágico: la cosa más ordinaria adquiere por efecto de esas letras la profundidad de un misterio académico: la condición postdoméstica merece un seminario y alguna beca. Es perceptible la propensión a prolongar las palabras como si la hinchazón silábica agregara dignidad a quien las pronuncia. Karl Popper habló en algún momento de esa epidemia. Hablaba de esa extraña persuasión de los charlatanes que creen que un esdrújulo cargado de prefijos era certificado de profundidad. Soy demasiado tonto para descifrar esas palabras, decía el filósofo que no cojeaba precisamente de modestia. En esa vena, el filósofo vasco Aurelio Arteta ha hablado de la moda de los archisílabos. Los locutores nos han contagiado su verborrea, como si el resto de los mortales también tuviera que llenar el tiempo con saliva. Hay que colmarse la boca de palabras, de palabras largas. Ya no se trata del blablablá de siempre, sino de un pujante blablablablablá.

Ya no hay método, todo es metodología; se señaliza pero no se señala. Las cosas se complementan para no completarse. Por supuesto, los políticos se posicionan y emiten posicionamientos pero no se sitúan en ningún lado ni adoptan una postura; mucho menos, deciden. Las medicinas han sido sustituidas por los medicamentos. La vinculación ha matado al vínculo y el enjuiciamiento al juicio. Nadie habla de normas, todos pontifican sobre la normatividad. La problemática anula los problemas. Los documentos han desaparecido, ahora hay pura documentación. Gobernabilidad se oye bien, pero gobernación (que bien nos ahorraría dos sílabas) nos suena burocrático. Y el anteriormente ha eclipsado al antes, mientras el pomposo posteriormente ha borrado al prosaico después. Chesterton sugería un ejercicio mental. Como rutina de gimnasia neuronal, uno debería esforzarse en expresar una opinión en palabras de una sola sílaba. Cuando uno adelgaza sus palabras se ve obligado a pensar, decía el gordo de las paradojas. Habría que decir que, en inglés, la comunicación monosilábica encuentra sitio pero, en español, termina siendo bastante fachosa, a menos de que digamos: yo voy al mar a ver el sol.

Otra forma de manipulación silábica es la devoción por los prefijos y el lamentable desprestigio de los sufijos. Ir a la megamarcha del domingo parece un compromiso histórico indeclinable. ¡Claro que voy a ir! Llego a las 7.00 en punto. Pero desmañanarse para desfilar en la marchota no vale ni una pancarta. Construir una megabiblioteca emociona como si se tratara de un proyecto vasconcelista pero levantar una bibliotecota parece lo que es: una tontería mega-lómana. La prensa informaba hace poco que se ha inventado el nanolibro más pequeño del mundo, un libro producido a nanoescala en unos laboratorios canadienses. No parece ser una invención particularmente práctica porque se necesita un microscopio para leerlo y, al parecer, no se pueden doblar las hojas para acordarnos dónde nos quedamos. Lo que es claro es que, si al invento se le hubiera llamado simplemente libritito o peor aún, librititín, nadie habría tomado por seria la chifladura.

25 de marzo de 2008

Del lente de Irving Penn

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Giorgio de Chirico, retratado por Irving Penn en 1944. Otras imágenes de su exposición en la Morgan Library de Nueva York por aquí...

La narcoguerrilla

El artículo de Joaquín Villalobos en El país de ayer distingue dos tipos de movimientos guerrilleros en América Latina. Unas guerrillas consideraban la lucha armada como un instrumento, otras un fin en sí mismo. Las primeras, a su juicio, empujaron transformaciones, mientras las segundas no se dieron por enteradas cuando el mundo cambió y se abrieron espacios para la izquierda. Entre éstas destaca a la FARC. El calificativo de terrorista no es invento norteamericano, es la justa descripción de un grupo que ha extorsionado, secuestrado y asesinado a miles de inocentes. Concluye Villalobos:

Las FARC son una amenaza transnacional, tienen el poder financiero del narcotráfico para corromper, intimidar y destruir instituciones en cualquier parte como cualquier cartel, pero su pasado político insurgente confunde. Perú, Brasil y Panamá los persiguen de forma coordinada con Colombia, sin embargo, Venezuela y Ecuador la consideran una insurgencia legítima y esta diferencia provocó la reciente crisis regional. No son los gobiernos el problema, sino las FARC. La confusión sobre la naturaleza de éstas alcanza a sectores de la izquierda europea y latinoamericana, particularmente en México. Estas izquierdas siguen idealizando al guerrillero y justificando una violencia que ya no es política sino criminal. Sustentan su posición en el imaginario de un pasado autoritario inexistente, necesitan mentir, justificar excesos y reinventar a su enemigo para tener sentido. Su apoyo a las FARC fortalece en definitiva a la derecha colombiana y constituye un peligro para sus propios países.

Hitchens y Sullivan sobre Obama

Christopher Hitchens y Andrew Sullivan discuten la personalidad de Obama. Hitchens lo retrata como un cínico. Sullivan sale en su defensa.

Vale también el artículo de David Brooks sobre Hillary Clinton en el NYT de hoy. Su empeño de bloquear a su contrincante demócrata representa la "audacia de la desesperación."

24 de marzo de 2008

Berman e Irak, 5 años después

Cambell_190v_En Terror and Liberalism, Paul Berman sostuvo que la intervención en Irak correspondía a una guerra antifascista y que merecía, en consecuencia, todo el respaldo de la izquierda. A cinco años de la invasión, reconsidera sus opiniones en un artículo en el New York Times para reiterar que se trata, sobre todo, de una batalla ideológica. La torpeza de Bush tiene una carga de responsabilidad en el fortalecimiento del extremismo pero no lo explica totalmente. Berman acepta haber menospreciado la capacidad del fundamentalismo islámico para intimidar a quienes rozan posturas liberales en Medio Oriente

Biografía y miseria política

Es penoso lo que las figuras políticas han hecho de sus biografías, pero es más penoso lo que esas biografías han hecho de la política mexicana. Ahí está el caso deplorable -y triste, me atrevo a decir- de Arturo Núñez, un reformista sensato y experimentado, curtido en el proceso de cambio electoral; un hombre que era interlocutor válido para todas las fuerzas políticas y que quemó su respetabilidad en los fuegos del resentimiento. Que haya renunciado al PRI para protestar por la candidatura de su entrañable enemigo es entendible y aún plausible. Bien hizo en salirse de un partido que postulaba a quien no le merecía respeto. Es un acto de congruencia abandonar un barco conducido por un truhán. Tampoco me parece criticable que haya aceptado la oferta de un partido al que antes había criticado. Es comprensible que quien renunciaba a un partido, ejerciera su derecho de seguir militando en política. La libertad supone ese derecho de cambiar de opinión y de trinchera. Ciertamente, habría sido bueno que el político expusiera públicamente sus razones para aceptar la invitación de quienes tildó de empresarios de la reclamación. En silencio cambió de camiseta y aceptó disciplinadamente el obsequio de una candidatura. Lo que resulta más que cuestionable es la cadena de silencios posteriores. Nada dijo Arturo Núñez frente a la mentira del caudillo perredista de que había sido víctima de un robo electoral. Pocos como él podían aquilatar la dimensión del fraude de López Obrador al llamarse "presidente legítimo". Pocos como él podían calibrar la demencia de embestir contra las instituciones que no son instrumentos de unos, sino el domicilio de todos. Y en sus silencios, Arturo Núñez se volvió cómplice de la peor agresión contra el pluralismo mexicano desde que Vicente Fox quiso eliminar a su adversario empleando los instrumentos del Estado.
Para leer todo el artículo...

19 de marzo de 2008

Hitchens insiste

en defender la invasión de Irak.

Reacciones al discurso de Obama

Brodner_obamaLa prensa norteamericana se inunda de reacciones al discurso de Obama. Unos lo ven impecable; otros creen que se queda corto. Todos coinciden en que se trata de un discurso excepcional. El New York Times abre una sección para comentar las palabras del candidato demócrata. Lo mismo hacen The New Republic, Slate, Time. Como en muchas otras cosas obamianas, la mejor fuente es el blog de Andrew Sullivan

18 de marzo de 2008

El discurso de Obama

El discurso de ayer de Obama es una pieza extraordinaria. En principio podría decirse que fue, simplemente, un reflejo para controlar los daños que le ha causado la exhibición de las posturas de su guía espiritual.  Entre otras cosas, el reverendo Wright sugiere que el 11 de septiembre fue una respuesta justa al terrorismo norteamericano. Pero el discurso de Obama es mucho más que una marometa defensiva: una auténtica meditación sobre los resentimientos raciales y las dificultades de la cohesión. El político se deslinda de las ideas de su mentor, pero no niega sus lealtades. Admirable el tono, sorprendente esa mirada que escapa la circunstancia para invitar a pensar más allá de los tópicos. Cosa en verdad extraordinaria, dice Alan Wolfe en un comentario veloz: un candidato no nos lanza el anzuelo para pescar nuestro voto: nos llama a reflexionar.

Aguilar Camín sobre el liberalismo

Héctor Aguilar Camín tijeretea una conferencia sobre el liberalismo mexicano para publicarla por entregas en Milenio. Aquí los segmentos:

  1. Jesús Reyes Heroles,
  2. El trasplante.
  3. La planta mexicana
  4. La costumbre corporativa
  5. El Estado antiliberal
  6. La corrupción heredada
  7. Liberalizar al Estado
  8. Liberalizar la economía
  9. Si Mora viviera

17 de marzo de 2008

Sobre el señoritismo

“Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidérmica, cuyo origen puede encontrarse, acaso en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y—digámoslo con orgullo—perfectamente antiespañola. Porque el señoritismo lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie-signos de clase, hábitos e indumentos—a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar—jesuíticamente—la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma; en ella tiene su cimiento más firme la ética popular. “Nadie es más que nadie,” reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Sí, “nadie es más que nadie,” porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. “Nadie es más que nadie”, porque –y éste es el más hondo sentido de la frase--, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.”

Antonio Machado, "Los milicianos de 1936."

Algo más del señoritismo mexicano por aquí.

Seoritismo_panista

La farsa atea

John Gray, ese liberal inclasificable que ha escrito recientemente un libro sobre la religión apocalíptica y el fin de la utopía, analiza  en The Guardian los textos de Hitchens, Dawkinsy otros contra la fe. El recorrido crítico desemboca en una persuasión:

La religión no ha desaparecido. Reprimirla es como reprimir el sexo: una empresa inútil. (...) No todo en la religión es precioso ni merece reverencia. Hay una herencia de antropocentrismo, la horrible fantasía de que la Tierra existe para servir a los humanos que la mayor parte de los humanistas seculares comparten. (...) Pero el intento de erradicar la religión, sólo conduce a su reaparición en formas más grotescas y degradadas. La credulidad en la revolución mundial, la democracia universal o los poderes ocultos de los teléfonos celulares es más ofensiva a la razón que los misterios de la religión, y es menos probable que sobreviva en los años que vienen.

Del señoritismo panista

Mourio_quien

Algunos celebraron el nombramiento del nuevo secretario de gobernación como el asomo de una nueva clase política que, finalmente, llega al país para darle vuelta a las hojas. Cobijados por el PAN, aparecían políticos frescos, jóvenes, sin las obsesiones de sus predecesores. Sus publicistas los retrataban como competentes y ágiles; diestros en el manejo de las encuestas y libres de telarañas ideológicas. Sugerían que el nuevo ministro del interior representaba la avanzada de una promisoria tonificación del cuerpo gobernante. Aquellos defensores sugerían que no había que exigirle demasiadas credenciales al funcionario premiado: bastaba la confianza de su jefe y el éxito en la campaña para convertir a su mentor en presidente. La experiencia era ridiculizada como si fuera una petulancia de viejos. ¿De qué sirven años de experiencia si este régimen es tan distinto al viejo, tan nuevo, tan joven—como Juan Camilo?

El escándalo que ha envuelto al Secretario de Gobernación no es una nimiedad. Representa un vicio que, por muy común que sea entre los panistas, no deja de ser inadmisible: la incapacidad de trazar con claridad una línea que separe los intereses privados y las responsabilidades públicas. No encuentro señales que demuestren que el legislador o el funcionario de la Secretaría de Energía se hayan beneficiado de su cargo, pero lo que evidencian los documentos exhibidos es, por lo menos, ligereza, descuido en el trato de asuntos espinosos. Con todo, lo menos escandaloso del escándalo es el motivo que lo hizo explotar. Normalmente el encubrimiento resulta más nocivo que la trampa. En este caso, lo verdaderamente grave no son las firmas sino la reacción del funcionario. Mudo para responder puntualmente a las imputaciones, el Secretario se mostró indignado por un cuestionamiento calificado de “mezquino.” ¿Por qué sería mezquino que la oposición señale documentos que exhiben conductas públicas que son, cuando menos, sospechosas? ¿No es parte del derecho y aún de responsabilidad de las oposiciones? ¿Quién se cree este hombre que se imagina por encima de los cuestionamientos?

Mouriño no se quedó en la absurda cantaleta de los-malos-mexicanos-que-quieren-el-fracaso-de-México sino que se explayó en una lacrimosa historia de sacrificio. Nos relató el abnegado patriota que en el 2003 optó por el servicio a la patria. Desde entonces carga una pesada cruz: “El precio que pagué no fue menor. Le he arrebatado tiempo a mi familia; renuncié a las acciones de las cerca de 80 empresas de uno de los grupos empresariales más importantes del sureste mexicano y también dejé muchas de las comodidades que tienen los que viven en el interior del país.” Ay. El señorito se ofende porque la ingrata patria no le reconoce las privaciones que ha tolerado para beneficiarla generosamente con su talento. Difícil imaginar una respuesta más incompetente, más torpe y, sobre todo, más insultante. El escándalo del preferido de Calderón no tiene que ver, pues, con sus tratos con Pemex, sino con su nombramiento. Si queríamos una estampa del político bisoño que no tiene más mérito para ocupar el ministerio del interior que el aprecio de su jefe, ahí la tenemos, a todo color. La información que ha dado después sigue sin responder a las acusaciones del político que ha revivido con su arrogancia. La gran apuesta política de Calderón ha resultado un fiasco.

Insistiría que el amiguismo de Calderón no tiene paralelo en la historia reciente del país. Ni en los tiempos dorados de la hegemonía priista puede recordarse un gabinete tan oscuro y tan subordinado al criterio exclusivo de la amistad. Por supuesto que antes había amigos en el equipo presidencial y que muchos de ellos eran indefendibles, pero no había tantos colaboradores que lo fueran por el solo hecho de ser amigos del jefe o por la gran virtud de ser, convenientemente, anodinos. Si el tamaño de un presidente se mide por la estatura de sus colaboradores, el presidente Calderón alcanza la altura de su club de Mickey Mouse. El suyo no es un gabinete de figuras indisciplinadas por la sencilla razón de que no hay, excluyendo al Secretario de Hacienda, una sola figura en su equipo. Pero diría que el caso del secretario de gobernación refleja algo más que la inseguridad de un presidente que no tolera la compañía de personajes con trayectoria propia. Si ha querido azular su gabinete ha tenido éxito: en sus colaboradores está el mejor retrato del partido que llegó al poder hace un año y medio. En efecto, como quieren los calderonistas, puede decirse que el PAN no ganó el poder en el 2000, con Vicente Fox. El partido de Gómez Morín llegó al poder con el hijo de un fundador.

La irritante respuesta de Mouriño es la muestra perfecta del arrogante señoritismo que impera en el PAN. Los sacrificados señoritos panistas que dicen ofrendar sus “legítimos” dividendos a la salvación nacional. No son los tecnócratas de antes que eran respetados en todo el mundo; no son tampoco los lobos de la malicia que siguen imponiendo sus condiciones. Sin formación académica solvente, ni experiencia política, son los amiguitos mimados de un hombre con suerte. Daniel Cosío Villegas detectaba ese señoritismo a fines de 1946 cuando hablaba de los antipáticos panistas: son los decentes de clase media cuyos intereses y experiencias se reducen a su despacho y a su parroquia. Los calificaba atinada y visionariamente como tipos de “mentalidad señoril”, en su memorable ensayo sobre la crisis de México. Esos señoritos ganaron la presidencia en el 2006 y están convencidos de que el país está en deuda con ellos.

*

Por cierto, si quiere conocer a la esposa, hijos, los hábitos y los placeres del galán del gabinete, consulte la revista Quién

14 de marzo de 2008

Elogio de la blasfemia

Alberto Manguel regresa a las caricaturas de Mahoma, ahora que se ha atrapado a unos matones que intentaban asesinar a los dibujantes daneses:

Caricatura_mahoma

Asegurar ... que un chiste, un dibujito, un juego de palabras, pueda ofender a Aquel para quien la eternidad es como un día, me parece la mayor de las blasfemias. Los endebles seres humanos podemos molestarnos si alguien se burla de nosotros, pero seguramente no puede ser así para un ser que imaginamos supremo, incorruptible, omnisciente. Borges arguyó que de los gustos literarios de Dios nada sabemos; es difícil pensar que Alguien que todo lo sabe y cuyo generoso sentido estético lo llevó a inventar desde el poético antílope hasta la burda broma del hipopótamo, destierre de su mesa de noche las obras de Diderot, de Salman Rushdie, de Fernando Vallejo y de Mark Twain. Su profeta enseñó los beneficios de la risa: "Que tu corazón sea ligero en todo momento, porque cuando el corazón se ensombrece el alma se ciega".

13 de marzo de 2008

El verso apócrifo

Borges1Aurelio Asiain escribe a este blog para advertir que el poema citado en mi nota previa es apócrifo. Borgiano, desde luego, pero no de Borges. En su libro, Héctor Abad cita el soneto encontrado en el bolsillo de su padre como auténtico (yo apunté que era "atribuido" a él), pero ha empezado a dudar. Al parecer lo escribió Harold Alvarado Tenorio, presentándolo como un inédito de Borges. Escribe Abad:

Tal vez Alvarado Tenorio, igual a aquel Pierre Menard de Borges (que fue capaz de volver a escribir el Quijote letra a letra, sin copiarlo y sin distanciarse una jota del original), escribió en 1993 un soneto que Borges efectivamente había escrito en 1986, antes de morir. El nuevo autor se equivocó, solamente, en dos o tres palabras que delatan la falsificación, pero el resto del poema es auténtico.

Y aquí, otras interpretaciones del misterio.

12 de marzo de 2008

Carta a una sombra

Olvido_que_seremosUno de los primeros recuerdos que evoca Héctor Abad Faciolince en el admirable libro sobre su padre es la advertencia de una monja. Tu papá no irá al cielo. Se va a ir al infierno. ¿Y por qué terminará en el infierno?, preguntaba el niño. Es que no va misa, le respondían. El  niño decidió entonces que no volvería a rezar. Sería la manera de acompañar a su padre. El olvido que seremos es una carta a ese padre que la barbarie mandó a la muerte queriéndolo encerrar en el infierno. Carta dulce y dolorosa a una sombra.

La cantata de Héctor Abad se escucha en dos tiempos. El primero tierno, apacible, feliz. Una infancia cobijada por el amor físico, risueño y vivaz de su padre, un médico negado a la utilidad, profesor universitario, un humanista empeñado en salir del consultorio y el aula para llevar salud a la gente de Medellín. Una infancia arropada por abrazos y cariños, conversaciones, viajes, música y libros. La niñez como un amoroso cultivo de confianza. El niño garabateaba un papel y el padre encontraba dibujos prodigiosos. Tecleaba letras sin sentido en la máquina de escribir y el padre abrazaba a un poeta en ciernes. En esos alientos nació el propósito de escribir. No en la seguridad de la expresión, sino en la confianza de que a su padre le gustarían sus párrafos. Ahí se anuncia la suave tristeza de esta escritura: redactar para un lector que no existe, pero  al que se adora por sobre todas las cosas.

El segundo movimiento de esta carta es insoportablemente doloroso. La agonía y la muerte de la hermana Marta son descritas en páginas verdaderamente lancinantes. La vida de una familia se parte tras la desaparición de una hija, de una hermana que empieza la vida. La conversación sería para siempre incompleta, la risa tendría siempre una mancha, la felicidad no podría volver a ser plena. Tras la agonía y la muerte de Marta, el compromiso político del padre se vuelve más intenso, más decidido, más temerario. Con un nuevo brío para promover la salud pública, para defender los derechos humanos y denunciar los abusos del poder, aparecen también la intolerancia, la superstición, la mezquindad y la violencia. En la barbarie del fanatismo político, el doctor Abad Gómez resultaba enemigo para todos los extremistas: la ultraderecha lo veía como un comunista amenazante; la ultraizquierda lo abominaba por defender los rigores del estudio y rechazar el exterminio de los capitalistas. Lo matarían un par de sicarios de cabeza rapada el 25 de agosto de 1987. En el bolsillo del saco llevaba una hoja en la que había transcrito un poema atribuido a Borges. Se titula “Epitafio” y dice:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán, y que es ahora,
todos los hombres, y que no veremos

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su  nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del Cielo
esta meditación es un consuelo.

Días después de la ejecución, Héctor Abad Faciolince, recogió las ropas de su padre en la morgue. Al abrir el paquete una bala cayó al piso. ¡Tal era el interés del Estado por esclarecer el crimen! Quemó de inmediato la vestimenta ensangrentada y maloliente, pero conservó la camisa del último día de su padre. Tenía agujeros y manchas rojas, pero, puesta al sol y al aire, perdió el olor. El hijo guardó esa camisa como recordatorio del libro que tenía que escribir. Tendrían que pasar veinte años para que el dolor y la rabia no se interpusieran en la escritura. Al terminar El olvido que seremos, pudo quemar la camisa. El libro que escribió no es una venganza, es un beso.

11 de marzo de 2008

Líneas y formas

Koudelka_praga
Esta fotografía de Koudelka y otras geometrías en la carpeta que Slate publica hoy.

10 de marzo de 2008

Troia

TroiaGracias a una notita en Booforum, me entero de la reedición del libro que disparó los recuerdos de Roger Bartra en "Memorias de la contracultura." Se trata de Troia: Mexican Memoirs, de Bonnie Bremer, reeditada en noviembre del año pasado. La nota reitera  la necesidad de una traducción al español de este testimonio único de la cultura beat en México.

Rawls y el beisbol

BaseballOwen Fiss ha rescatado una carta de John Rawls en la que defiende la muy norteamericana certeza de que el beisbol es el mejor de los juegos del mundo. El teórico de la justicia encuentra en el juego del bat y la manopla una expresión de la imparcialidad tan cara para él. El terreno es un equilibrio perfecto que permite el prodigio de las jugadas; el juego no premia una ventaja corporal específica. El chaparro y el gordito pueden ser grandes jugadores de beisbol. El juego exprime todo el cuerpo y exige todos los talentos: rapidez y precisión; brazos y piernas. El beisbol es también transparente: todas las jugadas son visibles, no como el futbol americano basado en el ocultamiento de la pelota. Que no se anote con la pelota dispersa la atención dramática del  juego: la bola no monopliza el juego. Y el tiempo, agrega Rawls, no se agota en el beisbol: siempre hay tiempo para quien va abajo.

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Meter el pie, meter la pata

No asusta la agitación perpetua de México, sino la esterilidad de sus trastornos. En México hasta el conflicto es infructuoso. La incompetencia y la mezquindad marcan nuestra vida pública. Por ello la rutina de la política mexicana es una secuencia tenaz de dos talentos notables: meterle el pie a los otros y meter la pata. Equilibrio perfecto de torpeza y ruindad: hacer tropezar a los otros para que no lleguen a ningún lado; caer en agujeros que uno mismo cava. Esas son las razones del estancamiento: ser incapaz de unir el paso del pie derecho con el tranco del pie izquierdo y avanzar. Empeñarse en impedir que el otro camine. Atorados, pues, entre las zancadillas y los resbalones.
Para leer el artículo completo...

6 de marzo de 2008

De mercenarios

Maquiavelo veía un enorme peligro en los mercenarios : el Estado a expensas de quien ofreciera más a un ejército privado. Michael Walzer, el gran teórico contemporáneo de la guerra justa, ha publicado recientemente una colección de sus ensayos políticos. En The New Republic regresa al tema maquiavélico de los ejércitos mercenarios. Comenta el caso de Blackwater, empresa que ofrece sus servicios de protección por internet y que actúa en Irak con permiso para matar.

Hasselblad 2008 a Graciela Iturbide

Iturbide
Autorretrato, 1974

El anuncio del premio y una pequeña galería, aquí.

5 de marzo de 2008

Fotografía en espera de pie

Lenin_rio_2

4 de marzo de 2008

Orwell

Arcadi Espada cuelga en su blog el prólogo que preparó para Matar a un elefante y otros escritos, publicado recientemente por Turner y el Fondo. Me parece convincente su idea de la política y el periodismo como dispositivos eufemísticos.

El arte de la migraña

MigraaHace un par de semanas, Oliver Sacks publicó un artículo en el New York Times sobre las imágenes que observaba cuando lo invadía la migraña. Alucinaciones geométricas que capturan secuencias intrincadas. El neurólogo que ha dedicado un libro al tema se pregunta si los mosaicos de la Alhambra, las grecas de Mitla o los tapetes persas expresan esa necesidad de comunicar una vivencia primigenia. ¿Serán esas secuencias una ciencia innata, la elemental pista de belleza?

La burla de Sokal

Invito a la conversación que ha suscitado la entrada sobre Sokal y el deber de tomar las pruebas en serio. El intercambio entre Adrían Romero y Aurelio Asiain revive el debate sobre la legitimidad de la burla como instrumento crítico. Recupero un apunte de hace unos años:

Sokal_hoax Tengo frente a mi un ejemplar de la revista que inició la burla legendaria. La revista Social Text con una  portada negra que anuncia una edición consagrada a las “guerras de la ciencia.” Esla edición de primavera - verano de 1996, una edición doble. El último artículo es firmado por un profesor de física de la Universidad de Nueva York y lleva por título “Transgrediento las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica.” El artículo de Sokal era una bomba envuelta como  argumento. Más que una explosión, una trompetilla. Camuflado en un caballo académico, el científico se colaba al territorio de los estudios culturales para exhibir su charlatanería. Sokal arremedaba la palabrería, la jerga, el sonsonete de un discurso académico que no pasaba la más elemental prueba de la lógica. El procedimiento era un sencillo método de cuatro pasos: amontonar citas de personajes venerados, hilvanar frases largas, enredadas y confusas para, finalmente, adoptar conclusiones agradables. “En la gravedad cuántica, como veremos, la diversidad del tiempo y del espacio cesa de existir como una realidad física objetiva; la geometría se vuelve relacional y contextual; y las categorías conceptuales fundacionales de la ciencia tradicional—entre ellas, la existencia misma—devienen problemáticas y relativas. Esta revolución conceptual, como argumentaré, tiene implicaciones profundas para el contenido de una futura ciencia posmoderna y liberadora.” ¡Salud!

Unas semanas después que el caballo de troya había entrado a la ciudadela de la academia posmoderna, Sokal salió al aire. En un artículo publicado en otra revista gritó a los cuatro vientos: los he exhibido, son ustedes unos farsantes. Están dispuestos a dignificar como seria cualquier frase que rinda homenaje a sus cantaletas y respalde sus prejuicios. La broma, por supuesto, indignó a quienes recibieron el pastelazo y fue celebrada a carcajada abierta por muchos otros.

Para seguir la discusión, valdría leer el ensayo de Steven Weinberg que publicó Vuelta unos meses después.

3 de marzo de 2008

Alan Sokal regresa

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Alan Sokal, el genial provocador que exhibió la charlatanería académica en aquel famoso experimento publicado en la revista Social Text, vuelve a la carga para denunciar el cobijo político de los absurdos científicos. Comenta Sokal que un asesor de Bush le dijo en algún momento: somos imperio y, cuando actuamos, producimos nuestra propia realidad. Bush se convenció de que las evidencias eran irrelevantes para la suprema potencia--y así le ha ido. Concluye Sokal: "Todos--conservadores y liberales, creyentes y ateos--vivimos en el mismo mundo, querámoslo o no. La política pública tiene que fundarse en la evidencia prueba más sólida disponible sobre ese mundo. En una sociedad libre, cada persona tendrá derecho de creer cualquier tontería que le parezca, pero el resto de nostros, debe prestar atención solamente a las opiniones fundadas en evidencias pruebas." (Gracias a AA)

Museo del ataque

HortonLas campañas negativas serán desagradables pero son indispensables en una contienda libre. Nuestros profesores de civismo siguen escandalizándose con una práctica que han proscrito. El politólogo John G. Geer ha escrito un buen libro en su defensa. La editora del libro ahora pone en red un pequeño salón de la fama del ataque político en Estados Unidos. El museo incluye el ataque más efectivo, el menos influyente, el contraproducente, el más antiguo y el más famoso.

Envenenadores

Luis González de Alba hoy:

Todos en el PRD, no sólo el ex candidato, han envilecido el ambiente nacional a base de las mentiras más canallescas escuchadas en un siglo: alimentaron el gusano de la duda en un país abonado por los fraudes del PRI; de poco sirvió mostrar que el fraude en las elecciones habría sido imposible, no por falta de ganas en los contendientes, sino por imposibilidad técnica de cometerlo. Callaron cuando el ex candidato cometió la vileza de acusar a sus propios representantes de casilla de haberse vendido, sin avalar su injuria con un solo nombre, ni uno solo. Aquella supuesta ventaja de 10 por ciento fue desmentida por la propia encuestadora del PRD, los tres millones de votos “perdidos” estaban en el apartado acordado por todos.

Sobre el sectarismo

El número más reciente de la revista Dissent, incluye una reflexión muy pertinente sobre la tentación sectaria (No hay versión en internet en el sitio de la revista). Avishai Margalit, autor de una sugerente apuesta por la decencia--no como cuidado de las buenas maneras, sino como el deber de tratar a todo hombre como ser humano y no como una cosa o un animal—recuerda que Irving Howe le advirtió alguna vez que nunca cayera en el sectarismo. Formar una secta era abandonar la política y entregarse a una visión religiosa de la causa; era preparar la guerra y perder sentido de realidad. Margalit piensa que nuestra imagen de la política está marcada por dos dibujos contrastantes. El primero retrata a la política como un mercado: el sitio donde se compran y venden servicios. Ahí todo es sustituible, nada es valioso en sí mismo. Todo puede ser negociado y puesto a subasta. El segundo trazo pinta la política como territorio sagrado. En la política se trata con lo divino y, en consecuencia, con aquello que no puede ser negociado. Lo sagrado no puede dividirse y, por lo tanto, no puede ser objeto de transacción. La imagen de la política como ámbito religioso enciende el dramatismo de la acción: para defender a los santos habrá que estar preparados para el sacrificio y el combate.

El sectarismo implica un rechazo a lo negociable: la política es religión y sólo religión. Por ello el sectario está convencido de que cualquier acuerdo está podrido. No hay pacto que valga porque cualquier negociación supone un desgaste de lo divino. Quienes sugieren negociar recomiendan la traición: son vendidos que han dejado de pertenecer a los nuestros. Margalit encuentra varias notas distintivas del temperamento sectario. Una de ellas es su desprecio por el número y el dato. La secta no busca ensancharse, lo que anhela es conservar la pureza absoluta de todos sus miembros. Que no quepa duda de que cada uno de los miembros de la secta es un puro, un sectario auténtico y orgulloso en quien no aparece ni el más leve soplido de duda.

La secta lanza a sus miembros constantes pruebas de lealtad. Todos los días hay que demostrar fidelidad a la causa. Cualquier diferencia, por mínima y absurda que parezca al extraño, se convierte en diploma de pertenencia o en razón de excomunión. Siempre en guardia, la secta tiende a escindirse, a separar lo distinto y a expulsar aquello que pudiera parecer peligroso. De ahí que su metabolismo reclame purgas y divisiones. De ahí que, para el sectario, el debate sea un terreno minado. El ámbito de lo indiscutible es inmenso. Todos los miembros del grupo saben bien que hay una larga lista de temas que no pueden ser abordados, que hay otra lista de personas con quienes jamás se puede entrar en contacto y que, en consecuencia, la tarea consiste en repetir las confiables cantaletas de la identidad. En ese mundo clausurado a la discusión, el examen de la realidad ha sido definitivamente proscrito.

La izquierda sectaria quiere declararle guerra al país. México está partido en dos: uno es el México de los patriotas; el otro es el antiméxico de los traidores. Quienes duden de esta división son ya parte de la conjura contra la patria. No es necesario hacer sumas, ni disponerse al estudio de los problemas por muy técnicos que puedan parecer. Es pecado la simple sugerencia de una posible negociación para una mínima reforma. Dicen que quien negocia se prostituye. Se encargan de fomentar odios y purgas adentro de sus filas, enfatizando que la verdadera política no admite más que a los puros. Estamos en tiempos de definición, dicen los sectarios: se está con México o se está con lo intereses extranjeros. Punto. Y si hay que quemar al país para purificarlo, adelante.
Para leer completo...

Jesús Silva-Herzog Márquez

julio 2008

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