Celebración de derrotas
País al revés: los ganadores protestan, los perdedores celebran. Quien impone sus condiciones llama a la resistencia; el vapuleado invita al brindis. Sí, sé bien que en esto de las negociaciones no hay quien gane todo ni tampoco quien se imponga en todo. Sé que, tras la política de los hechos viene la comercialización de los hechos. Entiendo que en la política de las transacciones hay cosas que deben cederse y que la velocidad de las reformas deseables debe acompasarse con el ritmo de la política real. Está bien todo eso. Pero que no nos digan que lo sucedido en el pasado reciente es el mejor de los mundos posibles. Que no nos digan que lo que logra nuestra clase política era la única sopa en el menú del presente. La retórica del conformismo será convincente para los conformistas.
De la reforma de Pemex podrán decir cosas valiosas los expertos. Yo, que estoy muy lejos de serlo, veo una reforma en sentido contrario a la reforma propuesta por el presidente. No dudo que implique un cambio importante en el régimen de la empresa pública, pero el corazón del cambio propuesto por el presidente Calderón estaba en otro lado. Cuando despegaba la iniciativa, se nos llamó a respaldar una propuesta que abría caminos de colaboración de Pemex con otras empresas petroleras del mundo. Se nos dijo que era la única manera de aprovechar un “tesoro” que no podríamos encontrar y explotar solos. El tesoro estaba muy lejos, nuestros ingenieros no tenían la tecnología, no podíamos invertir solos. Necesitábamos una colaboración que trajera tecnología e inversiones. Se subrayó la enormidad de la riqueza oculta: se difundió que con el líquido que encontraríamos en las profundidades del océano, construiríamos hospitales, escuelas, caminos, presas. De nuevo se nos vendió la idea que el petróleo—gracias a las inversiones que atraería la reforma—nos sacaría de pobres. Así lo anunció el presidente de la república y con esa cantaleta nos bombardearon por televisión. ¿Qué queda de ese propósito? Nada. Tenemos el derecho de comparar la oferta del vendedor y el producto que hemos recibido. Y la mercancía no corresponde al comercial. De hecho, la reforma aprobada por el Congreso se inspira en la filosofía contraria: la planeación estatal, la inversión del gobierno y la selección de buena cuadros burocráticos modernizará la industria, convirtiendo a Pemex, en la catapulta del desarrollo del país.
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Comparto tu opinión con excepción del punto donde indicas que a Vicente Fox le tomaron la medida. Vicente Fox podrá tener muchos defectos pero jamás negoció sus principios. Esos jamás se negocian, ya que significan una contradicción con tu base votante, la cual depositó su confianza en tu integridad la cual vulneras “para que pase” (arropado en el falso disfraz del estadista). Vicente Fox tuvo un gran logro (a veces uno sólo basta): La “LEY FEDERAL DE TRANSPARENCIA Y ACCESO A LA INFORMACIÓN PÚBLICA GUBERNAMENTAL”. Los retrocesos electoral, con sus prohibiciones selectivas, y energético con sus ya evidentes déficits gubernamentales, no indican una gran conclusión para este sexenio.
Publicado por: ALFONSO ROMERO | 3 de noviembre de 2008 at 8:31
La Ley de Transparencia no fué un logro de Fox, fué un logro de la sociedad. El Grupo Oaxaca fué quién la disenó y la impulsó.
http://www2.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=37159&tabla=notas
Así que Fox, ni eso.
Publicado por: Geraldina | 3 de noviembre de 2008 at 12:25