La parroquia de Obama
Si hay alguien aquí que se sienta incómodo con los abrazos, quiero decirle que se ha equivocado de parroquia. Así recibe el pastor de la iglesia Trinity del Sur de Chicago a sus visitantes. La bienvenida a quien llega por primera vez a esta iglesia es, en efecto, una buena dosis de apretujones afectivas acompañados por un cálido y sonriente God bless you. Quien oficia en esta parroquia del rudo sur de Chicago ya no es el polémico pastor Jeremiah Wright, el “asesor espiritual” de Barack Obama que estuvo cerca de provocar el descarrilamiento de la campaña presidencial del demócrata, sino Otis Moss III, un pastor joven y enérgico que tampoco evade la política del día.
Según la propia reconstrucción de Obama, Wright fue una influencia definitiva en su vida. En la Trinity United Church of Christ, el abogado que llegó a Chicago conoció la espiritualidad afroamericana que no es solamente proveedora de fe sino, quizá más que eso, provisora de comunidad. El refugio no era poca cosa para un hombre que ansiaba, desde sus primeros años, arraigar, pertenecer. La comunidad tejida alrededor del reverendo Wright se convirtió en su albergue emocional, la ramificación de su familia. Por eso, la revelación del radicalismo de Wright resultaba tan peligrosa para la campaña de Obama. El pastor que había casado al pretendiente demócrata y que había bautizado a sus hijas maldecía a los Estados Unidos y sugería que los ataques terroristas eran sólo una respuesta a los crímenes imperiales de un país gobernado por blancos multimillonarios. El escándalo dio pie al más brillante discurso de Obama durante la larguísima travesía por la presidencia. Aquel discurso de marzo era una invitación a pensar las dificultades de la cohesión en un país marcado por las secuelas del esclavismo y la persistencia de los resentimientos raciales. Encarando una situación comprometedora, Obama propuso una lectura de la historia que se hiciera cargo del persistente legado de la esclavitud. Con la calma que ha mostrado durante toda la campaña invitó a entender la rabia y el resentimiento. La furia y el rencor entre las razas existen, decía Obama. “La rabia es real, es poderosa. Pretender simplemente que desaparezca por nuestro deseo o condenarla sin entender sus raíces, sirve a quienes quieren expandir la incomprensión que existe entre las razas.”
Esta iglesia enclavada en un barrio que los taxis evaden no es una iglesia post-identitaria. No pretende, en modo alguno, trascender como quiere Barack Obama, los cercos raciales. Los murales muestran a un cristo africano y en el muro una leyenda: “No tenemos vergüenza de ser negros, ni pedimos disculpas por ser cristianos.” Las pertenencias a las que alude la ceremonia son tres: fe, patria y raza. Sobre todo, la primera y la tercera. La ceremonia en Trinity está llena de cantos, palmas, bailes, gritos, risas, algunos rezos y muchos abrazos. El espectáculo—lo es—tiene varios actos. La letanía es un llamado a votar el martes y un recuerdo del largo camino para conquistar el voto de los negros. “Votaremos por la justicia, por la liberación y por la libertad para todos.” Un coro de doscientos cantantes pone a toda la iglesia a brincar y a aplaudir al ritmo del gospel. El bullicio agita el edificio. El pastor, vestido con una fresca guayabera blanca, oficia y entretiene. Lee pasajes de la Biblia, cuenta chistes y elabora parábolas alimentadas del futbol americano. Dios, una especie de referee cósmico, en su infinita bondad tendrá misericordia para perdonar uno, dos, tres, cuatro, cuarenta faltas. No lo dice así: no se salta de la cuarta falta a la cuadragésima. De la cuatro va a la cinco y así, sin saltarse un solo número y elevando progresivamente la voz llega hasta la falta número cuarenta. El templo estalla con el alarido del pastor. La gente sigue sus palabras gritando, riendo, alzando los brazos, asintiendo con la cabeza, moviendo el cuerpo al compás de la música.
La ceremonia de ayer domingo, habrá sido especialmente política. El folleto tiene un enorme anuncio al que hace referencia el pastor. Vayan a la página 21. Y en la página 21, un inserto con un sello: Vota. Día de las elecciones: 4 de noviembre. Hay que votar, en recuerdo de todos los que no pudieron votar, en homenaje a todos los que murieron para que nosotros pudiéramos votar, con esperanza del futuro que podemos construir con nuestro voto. Desde luego, en ningún momento se mencionó a quien era miembro de esa comunidad y que el próximo martes puede ganar la elección presidencial. Las leyes fiscales de los Estados Unidos impiden mencionar a un partido o a un candidato en el púlpito. Pero bien que se llamó al cambio y a la esperanza.
Y se invitó a todos a una oración el miércoles 5 de noviembre. Pero para que llegue el miércoles, recordaba el pastor Otis Moss, tiene que pasar el martes.




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