La Iglesia católica entiende los usos de lo que le repugna. Por eso reconocen sus textos sagrados la necesidad de que haya herejías. El infiel desafía a la comunidad, la pone a prueba y permite, según su cuento, el triunfo de la fe. Para la Iglesia el hereje peca al negar lo que debe ser creído. Por ello merece castigo. El hereje es un loco que piensa y vive como si no existiera Dios ni hubiera infierno. Pero de esa necedad emergen bienes valiosísimos. En La ciudad de Dios, Agustín de Hipona escribe: “Hay muchos puntos tocantes a la fe católica que, al ser puestos sobre el tapete por la astuta inquietud de los herejes, para poder hacerles frente son considerados con más detenimiento, entendidos con más claridad y predicados con más insistencia. Y así, la cuestión suscitada por el adversario brinda la ocasión para aprender.” Resulta así que el ‘error’ tiene sus provechos: ayuda al esclarecimiento de la verdad y pone a prueba la virtud. Los malos nos son útiles, dice San Agustín. Su desafío nos fortifica.
No es que el error esconda verdades antes ignoradas o que alumbre algún nuevo conocimiento. Los servicios de la herejía son otros y muy distintos a los que aprecia el liberal en el debate pluralista. La herejía lanza pruebas el temple del creyente y colabora para reforzar lo ya sabido. Por ello no puede haber tolerancia de esa locura: combate tenaz para que no se extienda. Tras la prueba, la fe saldrá tonificada. Oportet et haereses esse: es necesario que haya herejes. Lo mismo podríamos decir de los escándalos: Oportet et scandalum esse: conviene que haya escándalo.
La pregunta, que no es retorica, es como desarrollar el marco institucional para evitar situaciones de cinismo como las observadas en Mexico. Como romper el status quo y llevarlo hacia una situacion mucho mas deseable del estado de derecho? Como hacerlo si observamos: un gobernador exhibido en grabaciones en las que abiertamente acepta la manipulacion de la ley para intimidar a una critica incomoda; un coordinador de diputados que como senador habla de una ley a modo del interlocutor en el telefono; un gobernador que regala una generosa limosna a la iglesia catolica y que da marcha atras despues de las criticas en la prensa nacional; un gobernador que encubre a su padrino politico de las corruptelas que lo llevaron a acumular una serie de casas no acordes con su sueldo mientras el ahijado, el nuevo gobernador del Estado de Mexico paga millones para la cobertura especial de sus actos pese a una legislacion aprobada que prohibe la autopromocion en imagenes en los medios de comunicacion; un rayito de la esperanza cuyos colaboradores cercanos son captados recibiendo millones de pesos sin que se sepa ni su origen ni destino pero que se autoprocalama honesto y valiente; un lamentable y largo etcetera. La multiplicacion de los casos de corrupcion sin consecuencia legal alguna termina por vulnerar la credibilidad del joven sistema democratico mexicano.
Pero la pregunta Chucho es por donde se comienza a realizar la transformacion? Nuevamente si dada que con la nueva legislacion electoral los partidos se autoblindaron para mantenerse en el juego politico en los proximos anos; dado que los medios de comunicacion principales son complices de muchos de estos actos pese a que luego se rasgan las vestiduras y hacen una critica selectiva de los abusos de la clase politica; dado que tenemos un numero no menor de emprersarios que hablan del terrible estado de las cosas en el pais pero evitan a toda costa la competencia en sus ramos e incluso dan generosas donaciones a los partidos que critican para garantizarse su esfera de privilegio; si en el denominado circulo rojo existen "criticos politicos" que por no recibir sus millones de contratos por la evaluacion de proyectos de gobierno denuncian entonces manipulacion electoral de programas sociales; o en ocasiones esos mismos criticos se lanzan contra el robo de los dineros publicos pero urtan ideas de otras latitudes y luego, ante la evidencia de quien los exhibe en sus trampas, argumentan malestares fisicos y su empleador no los sanciona en lo mas minimo; dadas estas circunstancias como podemos caminar hacia rutas que eviten los contrastes entre las consecuencias de practicas de corrupcion que ocurren en Estados Unidos y Mexico? No, el sistema de EUA no es perfecto pero de vez en cuando nos demuestra que tiene un sistema de pesos y contrapesos que se activa. No hay un escudo que diga por tener tal estatura politica, de figura publica o empresarial tienes derecho a una excepcion en la aplicacion de la ley. En Mexico el contraste es mayusculo. En EUA corrieron a un periodista del New Republic por falsear reportajes; los directivos de la pagina editorial del NYT renunciaron por publicar una informacion equivocada y no detectar las mentiras de uno de sus reporteros; algo similar ocurrio en el noticiero de CBS. Reforma no hizo nada ante los plagios (no uno, sino al menos dos) de la paladina de las ninas bien que critica pero que tanto admira por ser una de ellas. En EUA empresarios que estuvieron detras de la defraudacion de ENRON estan hoy en la carcel, en Mexico no solo fueron protegidos en el FOBAPROA sino anos despues pudieron hacer el negocio de su vida vendiendo sus activos a Citibank pero eso si calmando su conciencia creando una fundacion que ayuda a los pobres del pais (fundacion Harp y las beneficiencias del senor Roberto Hernandez).
Exigimos el cumplimiento de la ley a quienes desde la informalidad defienden su privilegio de robar luz, no pagar impuestos e incluso intimidar empresarios establecidos. Maestros marchan por defender sus concesiones electorales bien a bien obtenidas a lo largo de un fiel servicio primero al PRI y ahora al mejor postor.
Nuestro pais es el terruno de donde no pasa nada ante la denuncia infraganti del hecho delictivo. Y sigo preguntandome, no desde el lamento desesperanzador, sino desde el legitimo reto de cambiar una situacion que no es aceptable, por donde comenzar para transformar este cinismo esfermizo del pais que quiero pese a tantos problemas.
Saludos
M.
Publicado por: Marco Fernandez | 15/12/2008 en 02:51 p.m.
A propósito de esta "peste negra", vale la pena leer el artículo de ayer de Frank Rich:
http://www.nytimes.com/2008/12/14/opinion/14rich.html?scp=2&sq=Frank%20Rich&st=cse
Publicado por: S. Bucay | 15/12/2008 en 04:19 p.m.
En primer lugar quisiera felicitarlo por la sugerente relación que introduce usted entre los conceptos de “escándalo” y “herejía”. Siempre es estimulante encontrarse con artículos editoriales que dejen ver tras de sí el respaldo teórico y el trabajo conceptual, ya que éstos son los únicos elementos capaces de ofrecer un contexto adecuado (es decir, un marco de ideas) para todo aquello que se trata y se discute en una determinada crítica. Vivimos en un mundo “editorial-intelectual” que tiende (entre otras cosas por la velocidad con la que se produce y se difunde la información día a día) a privilegiar los “eventos” sobre las “ideas”. Esto encierra un enorme riesgo que sólo describiré metafóricamente: nos arrojamos a hablar de las cosas sin saber ni ser concientes tampoco de aquello con lo que hablamos de las mismas (a saber: los conceptos y las ideas). Esto es como querer a toda costa clavar el “clavo” sin importar que lo hagamos con un “martillo”, con un “zapato” o con la “cabeza de algún adversario político”. Si finalmente Kant tiene bien merecido el reconocimiento de haber inaugurado la “filosofía crítica”, ello se debe a que fue el primero en entender que antes de preguntar qué es algo (como el “conocimiento”) debemos reflexionar acerca de cómo es ese algo posible. El verdadero crítico entonces es aquél que puede preguntarse no sólo sobre lo que dice sino sobre las condiciones que a final de cuentas le permiten decir aquello que dice; es quien puede, al mismo tiempo, explicitar en su discurso las condiciones que hacen a dicho discurso posible. En esto último radica sin duda alguna la honestidad y el valor ético de cualquier crítica. En los medios de comunicación (radio, televisión, periódicos) se dicen demasiadas cosas todos los días, ¡no paran de hablar! y por ende no existe ninguna posibilidad de generar un auténtico espacio de reflexión para toda la habladuría que se desparrama públicamente (sobre todo en lo que respecta al tema de “las noticias”). La razón: que no les interesa ni les conviene en lo más mínimo “reflexionar”; no es su negocio. Se trata de la sorda e irreflexiva exacerbación de la “polémica” que se traduce irremediablemente en el fomento de la “palabra efímera” y del entretenimiento vuelto política (polémica, pues, que se vuelve patológica en tanto que carece la mayor parte de las veces de contenidos). Hay en este sentido mucha razón en aquéllos que creen que nuestra “era de la información” es la de la “desinformación”. Pienso que sólo a través del trabajo teórico y conceptual habremos de obtener lo más importante al elaborar un discurso que tenga pretensiones críticas y de validez, a saber: la precisión. Y pienso también, como ya lo había apuntado, que existe este tipo de trabajo en su artículo publicado el día de hoy.
En segundo lugar, tengo interés en hacerle un comentario a raíz de lo escrito en su editorial. ¿Conviene que venga el escándalo? Es sin duda una cuestión compleja la que plantea usted aquí. Encuentro su argumento en la idea de que así como el hereje, según San Agustín, al hacernos dudar de nuestra fe nos brinda por otro lado la oportunidad de fortalecerla, de igual manera el “escándalo” pone similarmente a prueba la vigencia del régimen político y, por lo mismo, la seguridad jurídica que éste pretende ofrecer a la población. Las instituciones políticas deben actuar en consecuencia contra aquél que es el “objeto del escándalo” para garantizar así con dicha represalia la estabilidad de la sociedad y el combate a la impunidad. Creo que este planteamiento inicial está cargado de intuiciones interesantes, sin embargo (quizá sólo porque yo mismo me generé expectativas equivocadas sobre la intención de lo que usted estaba tratando en su escrito) su conclusión me dejó un tanto cuanto insatisfecho, la cito:
“La publicidad ha ganado terreno, reduciéndose significativamente los refugios del secreto. El problema es que tras la revelación del escándalo parece seguir el silencio, la inacción, la ausencia de consecuencias. Así, la publicidad incrementa la frustración y consagra el cinismo. Conocemos pero no pasa nada. Los abusivos son descubiertos y exhibidos con las manos en la masa y no pasa nada. Ya saben que el escándalo es un vendaval que hay que resistir con paciencia, ya vendrá el siguiente escándalo que dejará al escándalo previo en el olvido”.
Esta insatisfacción deviene únicamente de un error de lectura de mi parte. Me pareció que usted inicialmente trataba en términos “descriptivos” algo que acabó finalmente por poner (peligrosamente) en términos “prescriptivos”, a saber: conviene que vengan los escándalos en tanto que resulta políticamente benéfico y saludable que las instituciones superen estas pruebas, pero desafortunadamente no pasa nada cuando éstos aparecen. De entrada debo decir que creo entender en términos generales el sentido de lo que usted trataba aquí de denunciar con todo esto: es indignante, por ejemplo, que quienes combaten el narcotráfico y la corrupción desde el Congreso en este país sean finalmente quienes (como ya todos sabemos) tienen los nexos más fuertes con el crimen organizado; es intolerable que el ex-presidente de la República siga hablando de defender la democracia cuando él, como pocos, encausó acciones políticas desleales y por demás antidemocráticas (conocidas por todos); es de un cinismo inaudito que aquél que frente a las cámaras se metía fajos de billetes en los bolsillos como si no hubiera mañana salga ahora a pedir disculpas diciendo que “hoy va a cambiar”.
Así, la conclusión de todo esto es que lo único que garantiza nuestra situación política actual es la impunidad y el debilitamiento institucional (entre otras cosas porque no tenemos memoria). Sin embargo, el tema del escándalo me parece un asunto mucho más complejo, delicado y siniestro que lo expuesto en su artículo, y que si lo analizamos con un poco más de cuidado, quizá veamos que no es tan fácil responder a la cuestión de si es o no “conveniente”.
Diré más bien, con el único interés de ofrecer otro ángulo para complementar lo que usted dijo, que lo que no es conveniente es perder de vista la profunda relación que el “escándalo” guarda con la “violencia”. La violencia es un sentimiento mucho más fácil de suscitar que de satisfacer, y el único sentido que tiene el “escándalo” es el de hacerla emerger en la forma indiferenciada de las “turbas” (la escena paradigmática de las masas realizando un linchamiento y su infinita diversidad de “escenas equivalentes”). Su lógica no es otra que la de la “persecución”, por lo tanto: el escándalo reclama siempre una “víctima”. Así vemos cómo, por lo general, ningún conflicto político se resuelve hasta que no aparece finalmente un “derrotado”. Se trata pues de la misma estructura social arcaica del “sacrificio”: en tiempo de crisis alguien debe morir para que la comunidad viva. En este sentido me parece que es exacto lo que usted decía (sólo si lo leemos en términos “descriptivos”): una vez que se ajusticia a aquél por el que viene el escándalo y se supera esa prueba para la comunidad (así como la fe crece frente a la herejía) lo que deviene es un periodo temporal de estabilidad social y política; pero únicamente porque ha sido de alguna manera satisfecha la violencia colectiva provocada por el mismo escándalo. Todos los sacrificios que reclaman los escándalos funcionan socialmente en este sentido como “paliativos momentáneos”. Para estos efectos, no importa demasiado si la violencia recae sobre culpables o inocentes. Así como nosotros solemos pegarle al “perro” en vez de al “hermano” que nos hizo enojar, la violencia con tal de ser satisfecha no tiene mayor empacho en generar objetos de recambio. Es así que el “escándalo” tiene verdaderamente una existencia y una función política, pero en ningún momento una justificación ética.
Para más sobre el tema revísese la vasta obra de René Girard (sobre todo: “La violencia y lo sagrado”;“El chivo expiatorio”; “Veo a Satán caer como el relámpago” y “Aquél por el que llega el escándalo”).
Gracias,
Rodrigo Basaguren.
Publicado por: Rodrigo Basaguren | 15/12/2008 en 08:00 p.m.
Propósito de año nuevo
El escándalo es la pus
de un mal escondido
que ahora conocido
mantendremos a la luz
Publicado por: Silverio Perroni | 16/12/2008 en 12:02 p.m.