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8 de enero de 2009

Más de Huntington

D0109US0 El Economist recuerda a Huntington como el gran aguafiestas que fue, un ácido crítico del optimismo, representante de una especie en extinción: un liberal de la guerra fría. "Huntington fue un personaje notable por muchas razones, pero sobre todo, porque tuvo la determinación de cuestionarl el excesivo optimismo de los años noventa. Tal vez el mejor homenaje que se le puede rendir ahora es cuestionar el excesivo pesimismo huntingtoniano que amenaza sustituirlo."

José Antonio Aguilar destaca su olfato intelectual: "A diferencia de muchos de sus colegas, siempre puso los caballos delante de la carreta y no al revés. Y como una especie de detective académico, o mejor aún, como uno de esos cerdos que son usados para buscar trufas en los bosques, Huntington casi siempre daba con algo importante. Identificaba patrones, señalaba procesos, ponía el dedo en la llaga. Era un experto del hallazgo sociológico; era menos hábil en la tarea de construir explicaciones acertadas a los fenómenos que descubría."

Foreign Policy, la revista que Huntington fundó en 1970 abre una mesa redonda virtual sobre su legado. Foreign Affairs recupera textos de y sobre Huntington.

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Comentarios

Demasiadas flores para un falso profeta y un hombre que se equivocó de manera flagranhte en dos cuestiones axiales: no existen "bloques de civilizaciones" y es falso que el Concilio Vaticano II haya provocaqdo un tercera ola democratizadora. El señor olvidó que que la Iglesia bendijo los golpes militares en América Latina de los años setenta. El mito de la identidad es fundamentalmente reaccionario.

Professor:

Me publicó EL NORTE--lo adjunto. Puse una dedicatoria que decía a JSHM, se perdió en los recortes de mis amigos de editoriales por cuestión de espacio. Aprovecho.

Va por tí

EL NORTE
Miércoles 7 de Enero de 2009
Obama: Cantos de Redención
Opinión Invitada Federico M. Garza Martínez

"¡Emancípense ustedes de esclavitudes mentales!" La frase de Bob Marley sirve para celebrar lo lejos que ha llegado un afroamericano: a la Presidencia; y para preguntar ¿qué es lo que le impide a los mexicanos sobresalir en Estados Unidos? ¿Serán las "esclavitudes mentales" las que imposibilitan al mexicano?

El cuestionamiento involucra a todos. Unas cuantas golondrinas no hacen verano en el invierno de progreso de los mexicanos.

De un triste dato duro surge la idea de las "esclavitudes mentales". Hace 425 años, cuando se empieza a poblar esta tierra norestense, un esclavo indio valía entre la tercera y la cuarta parte de un esclavo negro. ¿Por qué?

La diferencia resulta, por todos lados, injustificada. Una historiadora y un antropólogo amigos me brindaron las bases para una explicación que de inmediato adopté: los esclavos negros perdían la esperanza de volver a su tierra o a un aglutinamiento social de gente de color. El mexicano, se sabe, nunca pierde la esperanza.

El esclavo negro, realista, se adaptaba a su nueva circunstancia. A cumplir las exigencias de trabajo y adoptar modos y modales de sus patrones. El mimetismo lo volvía más valioso y recibía mejor trato dentro de su triste existencia. El indígena se quedaba estancado.

Parece ésta una buena explicación a la importante presencia negra en la genética del Noreste, preponderantemente europea. Al mimetizarse le fue sencillo asimilarse. Algo diferente al mestizaje que se da en el centro que es un sincretismo, como sucedió con la religión. En el sincretismo se aporta culturalmente a la mezcla; en el mimetismo el aporte tiende a ser mínimo. Se adopta lo existente. El negro se vuelve un similar, excepto por el color.

Gran parte de los mexicanos que emigran a Estados Unidos rechazan mimetizarse. Emigran porque lo que hay aquí no funciona, no cumple con sus aspiraciones. Allá sí funciona. En la añoranza por lo de acá, intentan transformar lo de allá a un nivel de sincretismo que les conforte dejando, muchas veces, de acceder a las ventajas que da el ser como los de allá.

El mexicano busca un sincretismo que se parezca más a lo de acá, a lo que le funciona. Samuel Huntington se hizo odiar por ideas como ésta y la de señalar el peligro de tener una masa de mexicanos descontentos buscando el sincretismo, lo que les impide acceder al éxito.

Malcom Gladwel, mulato y sociólogo pop, plantea en su libro "The Outliers" dos grandes ideas como rectoras del éxito personal. Una es que no basta sólo el talento. Se necesitan otros factores, como suerte, lugar y momento correctos, accidentes o excepcionales ventanas de oportunidad y, principalmente, una voracidad por el trabajo duro y concentración: para dominar cualquier cuestión son necesarias no menos de 10 mil horas de dedicación, partirse la crisma.

La otra es que la cultura importa. Somos todas nuestras circunstancias, para bien o para mal, y somos producto de nuestro bagaje cultural.

La cultura resulta ser el vaso de cultivo del éxito. Barack Obama se desarrolló no en la cultura negra, sino en la cultura americana. Mediante esfuerzo, disciplina y cumplimiento, becas y trabajos, logra llegar a Columbia, Harvard, el Senado y la Presidencia en la cultura del mérito. Otros afroamericanos de los barrios bajos han tenido logros similares, como el famoso neurocirujano Ben Carson, a quien su mamá le enseñó que nunca debería considerarse una víctima de los otros.

Muchos mexicanos, ahora americanos, han seguido ese camino. Qué mejor ejemplo que el exitoso Mark Sánchez, quarterback de los Troyanos de USC, de quien se dice que su madre es una servidora doméstica.

¿Qué pasaría si los mexicanos, tanto los de allá como los de acá, olvidaran las canciones de falsos redentores, decidieran de una vez por todas a emanciparse por sí mismos de sus esclavitudes mentales y se deshicieran de ciertos rasgos que resultan pesados e improductivos bagajes de su cultura? ¿A dónde llegarían sin esclavitudes culturales?

Barack Obama es un buen ejemplo. Como lo es aquel indígena oaxaqueño que nació hace más de 200 años y que decidió dejar de ser indígena y llegó a Presidente.

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Jesús Silva-Herzog Márquez

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