El New York Times reúne a los expertos a los que había convocado para dar consejos a Obama para que juzguen el mensaje. Para Safire el discurso fue un mensaje sólido, digno, breve, extraordinariamente bien dicho e inspirador que se quedó corto, si es que apuntaba a la inmortalidad. En el Wall Street Journal, Peggy Noonan lo escucha como un discurso adulto. Michael Gerson cree que la voz fue superior al texto. John McWhorter resalta, antes que las palabras, la entoncación: una cadencia inequívocamente negra. Alan Wolfe se siente un tanto decepcionado por la oratoria de Obama, el comunitario. Hendrik Hertzberg escuchó un discurso que tomaba distancia de la música, un discurso sustancioso pero inferior a las expectativas y las capacidades del nuevo presidente. Para George Packer no fue un discurso que perdurará en frases memorables, pero fue una buena muestra del político capaz de explicar y que apela a la razón de su auditorio. Para Jonathan Freedland el discurso es el mensaje de un radical envuelto en estuche conservador. Michael Novak, en cambio, encuentra en el discurso el entierro de la utopía y la asunción del realismo. George F. Will apunta que el arranque de Obama fue una sesión de psicoterapia. En el Financial Times se ve no solamente el crudo diagnóstico sino la receta: intervención gubernamental. John Dickerson contrasta la ocasión y el discurso: la primera histórica, el segundo olvidable. Simon Schama lo percibió como el testimonio de la historia de un país internalizada por un líder.
Le faltó grandeza al discurso. No me refiero ni a la apoteosis demagógica, ni reiteraciones sobre los manidos temas de "cambio" y "esperanza" y mucho menos a triunfalismos o excesos retóricos. Todo eso, afortunadamente quedó fuera. Pero un par de frases inspiradoras hubiesen sido muy útiles. Dot Fear but fear itself" o "Don't ask what......" son frases cero demagógicas que fueron muy útiles en su momento. Yo pensaba que la gran frase vendría con el tema de la unidad. En su discurso de Denver Obama destaco aquello de "Olvidarnos de conservadores o liberales o de estados rojos o azules: somo los estados Unidos de América" Extrañé una convocatoria emocionante a rebasar el infame espíritu divisionista y excesivamente partidario de la era Bush. Hubiese caido muy bien.
Publicado por: El Oso Bruno | 22/01/2009 en 05:26 p.m.
Coincido en cuán afortunado fue el hecho de no haber caído en los excesos retóricos habituales. Sin embargo, aunque mucho se ha insistido en la falta de frases atemporales, creo que hubo una exhortación que, si bien tenía un destinatario muy específico (i.e., los enemigos de Occidente) podría extenderse hacia otros linderos: … “know that your people will judge you on what you can build, not what you destroy.” Hoy nadie con alguna responsabilidad pública o social puede sentirse inmune a ese llamado.
Publicado por: S. Bucay | 23/01/2009 en 04:49 p.m.