Una de las zonas de mayor impunidad en el país es el territorio del opinionismo. Junto con los obispos, los diputados y los policías, los periodistas y los opinadores vivimos en un planeta donde todo se vale. En este terreno impera la ocurrencia, se acepta el plagio, abundan la estridencia, los arranques de indignación, los golpes de pecho. Se adula rutinariamente el lugar común. Desde hace unas semanas un diario clandestino publica los apuntes de Carlos Bravo Regidor donde se propone: "ensayar una lectura distinta, más exigente, de la prensa y de lo que escriben los profesionales de la opinión. Una lectura que no se resigne a los arrebatos retóricos del descontento (“es el colmo”, “no se vale”, “ya nomás faltaba”) y que conciba la crítica menos como un género de la protesta y más como un experimento en la autorreflexión." Afortunadamente, sus artículos salen del secreto de la página impresa en su conversación pública.
Como diferenciar, donde están las borrosas fronteras, que tanto se tiñen el uno a la otra, opinionismo y libertad de expresión? Quienes tienen licencia quienes calladitos se ven más bonitos?.. Habrá que seguir a Bravo R. en su blog
Publicado por: Mario Alfredo Grajales Leal | 29/06/2009 en 01:21 p.m.
Buen tip, Jesús. Gracias de nuevo por tus estupendas recomendaciones.
Publicado por: Tomás G | 29/06/2009 en 09:37 p.m.
Otro que viene a descubrir el hilo negro.
Publicado por: Javier Capri | 29/06/2009 en 11:41 p.m.