Acaban de publicarse en Chile las memorias del diplomático y político Gabriel Valdés. La biografía política de Valdés es extraordinaria. Fue ministro de Relaciones Exteriores, subsecretario general de Naciones Unidas, presidente del Partido Demócrata
Cristiano, senador y fundador de la Concertación por la Democracia. Sueños y memorias es el título de la autobiografía publicada por Taurus. A un lector mexicano llamará de inmediato la atención el encuentro de este hombre con el presidente Luis Echeverría. Valdés era un importante funcionario de Naciones Unidas y atendía el proyecto echeverrista de hacer una universidad del Tercer Mundo. El presidente lo invitó a Los Pinos. Cuenta Valdés:
"Durante cuatro horas probamos muchos y deliciosos manjares de fuerte gusto y color. Al tercer plato le dije al presidente que me costaba mucho cenar sin vino, porque esta bebida era parte de mi historia. Me miró extrañado, tal vez pensando que yo estaba enfermo, pero ordenó a uno de sus numerosos ayudantes que buscara unas botellas que le había regalado Salvador Allende en su visita a Ciudad de México. Los mozos volvieron con canastas de vino Don Melchor, de Concha y Toro, uno de los mejores tintos del mundo. Los comensales, que eran por los menos cuarenta, miraban esta escena con espanto, pues según supe después, nunca antes en el palacio se había servido vino, debido a que la revolución de origen campesino y nacionalista había eliminado ciertos gustos propios de las clases altas en las ceremonias oficiales. Todos lo tomaron, menos Echeverría, que se mantenía muy serio, inmutable y de pocas palabras aunque extremadamente afectuoso conmigo.
Finalmente expuse las ideas centrales del proyecto. Hubo asentimiento general, expresado en términos muy respetuosos, porque el almuerzo parecía presidido por el Padre Eterno. Hacia el final vi que el Presidente llamó a un edecán militar y le entregó un papelito que había escrito en la mesa, donde me decía: "¿Sabe usted qué es lo que he hecho? He decidido quién será el próximo Presidente de México y le he enviado mi decisión al presidente de la Central de Trabajadores Mexicanos, que dará a conocer su nombre ahora."
Seria bueno saber si de haberse tomado una copa, no hubiera tenido mejor tino en la elección. De cualquier forma, resulta repugnante la costumbre del dedazo
Publicado por: Mario A. Grajales | 31/08/2009 en 08:46 a.m.
Me sorprende nuestra pasión, tan conservadora, por las formas (Los comensales, que eran por los menos cuarenta, miraban esta escena con espanto) que aún permanece en nuestros políticos y en nuestra burocracia.
Publicado por: LSB | 31/08/2009 en 01:30 p.m.
Esto parece más un comercial gratis para Concha y Toro...
Publicado por: Ptolomeo | 21/09/2009 en 10:44 a.m.
Don Gabriel Valdez siendo niño se empapó, junto a sus hermanos María, Maximiano,[7] Margarita y Blanca, todos mayores, de las costumbres europeas gracias a una institutriz belga contratada especialmente por su familia para que les educara.[3] En ese periodo conoció también a la poetisa Gabriela Mistral, quien llegó a vivir a su casa por gestiones de su madre
Publicado por: Generic Viagra | 15/01/2010 en 02:22 p.m.