El economista Dani Rodrik recuerda su breve encuentro con el hijo del tirano libio. Un colega le sugirió que conversara con un joven inteligente que estudiaba en LSE y que era hijo del dictador. El encuentro fue decepcionante: Saif Gadafi llegó con copias de algún libro suyo y le hizo preguntas que poco tenían que ver con su materia. Al despedirse, Gadafi lo invitó a Tripoli... pero nada pasó. Rodrik aprovecha el recuerdo y el escándalo que suscitó la relación de Saif con la academia inglesa para reflexionar sobre el vínculo entre el intelectual y los dictadores. Se trata del viejo dilema de las "manos sucias". ¿Vale ayudar a un secuestrador con la intención de que libere a su presa? Aunque no tuvo mayor relación con el régimen libio, Rodrik revela que tiene tratos con el primer ministro etiope. El hombre no es un demócrata pero creo que al darle asesoría económica, podría ayudar a su país, dice.
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