Ante la emergencia que vive Michoacán los dirigentes nacionales de los tres partidos relevantes han respondido con un consenso: pactar la ocurrencia. Que la ocurrencia sea la verdadera política de Estado. Podemos diferir en muchas cosas, nos dicen los señores Madero, Moreira y Zambrano. Preservamos nuestra identidad y seguimos defendiendo nuestras ideas: pero en defensa del interés nacional, estamos dispuestos a actuar unidos: la ocurrencia nos hermana. Así, las cabezas de los tres partidos dijeron hace unos días que estaban dispuestos a explorar una candidatura única al gobierno de Michoacán. ¿Un candidato respaldado por el PRI, por el PAN y por el PRD? Sí, parece que en eso pensaban los representantes de las tres fuerzas políticas cuando previeron “la posibilidad de una candidatura común de todos los partidos políticos.”
Desde luego, los dirigentes envolvieron de inmediato la coincidencia con todos los moños de su ambigüedad habitual pero creo que vale la pena detenerse en el punto que la prensa con buenas razones subrayó. Los dirigentes de las tres fuerzas políticas más importantes del país abrieron la puerta a la suspensión de la competencia democrática en el estado de Michoacán. Ese sería el significado de una candidatura única: un paréntesis a la democracia. Si traducimos su acuerdo, los partidos políticos le dijeron a la sociedad que están explorando suspender la democracia en Michoacán. No puedo imaginar una resolución política más seria que ésa. Cancelar la competencia electoral por un acuerdo entre partidos y empresarios. Tres partidos coincidiendo que la democracia es el lujo que un estado no puede permitirse en estos momentos.
No quisiera detenerme en la insensatez de la propuesta. Me interesa subrayar aquí el consenso de frivolidad con la que se encara.
La ocurrencia duró apenas unas horas. Desde el primer momento era claro que el acuerdo no tenía ningún valor. Los partidos competirán como es su deber. Como sea, la ocurrencia de los dirigentes pone de manifiesto su desorientación, la blandura de sus convicciones, su debilidad frente a los grupos de interés, la cortedad de su mirada. La confusión proviene a mi juicio de su incapacidad para ubicar con nitidez el espacio que le corresponde a las coincidencias de Estado. En Michoacán, como en el país entero, urge reconocer un sitio de acuerdos fundamentales que no esté sujeto a los pleitos de los partidos. Es cierto que se ha abusado mucho de la expresión “política de Estado”, pero, con todo, es una noción pertinente. Necesitamos un pavimento común. Cada partido verá el futuro desde su ventana. Pero todos compartimos el piso. La ocurrencia del candidato común nubla el aliento de un pacto necesario para el estado de Michoacán. Es encomiable que los partidos moderen su animosidad y se dispongan a concretar compromisos para el nuevo gobierno y que se preparen para cuidar una elección particularmente vulnerable. Es meritorio que organizaciones de la sociedad civil presionen para extraer de los contendientes un marco de coincidencias públicas para el estado. Ése es el sitio la unidad—no las candidaturas.
Michoacán se ha convertido en uno de los estados más golpeados por la criminalidad y el desencuentro de la clase política. Los michoacanos padecen una delincuencia demencial y la irresponsabilidad de dos gobiernos que no han podido encontrar la mínima coordinación. Se entiende que las organizaciones sociales de Michoacán busquen salidas imaginativas a su crisis y que los partidos se dispongan a pactar un marco de coincidencias mínimas. Pero hay que tener muy claro dónde hay que coincidir… y dónde no. Con la legitimidad que sólo puede dar la competencia, el futuro gobierno de Michoacán puede asumirse como una especie de interinato: un gobierno breve (por cambios en la legislación local durará un poco más de tres años y medio) que puede sentar el piso de una agenda común. Eso no sería una ocurrencia.
El Presidente mandaba
Gobernadores nombraba
Ahora son los partidos
Y se muestran comedidos
Publicado por: Silverio Perroni | 30/05/2011 en 10:24 a.m.
Professor:
Ese es Michoacán de los Cárdenas. Siempre ha sido así. Había algunas islas de civilización, pero el estado era arcaico.
Creo que Don Lázaro quería que todos fuéramos como los michoacanos, todos iguales, quizá hasta de atrasados. El Tata en lugar de arreglar su estado quería hacer el país a su ilusión igualitaria. El Michoacán profundo siempre fue así, ahora se ha extendido. Pronto México podría ser un Michoacán.
Me sonaba banal tu artículo, lo sacas bien al último.
Lo que deberían suspender es la política. Suspender la discusión.
Convocar a una convención multipartidaria y abierta para establecer un orden, uno que sea inmodificable, indiscutible, por tres y medio años. Uno que sea realista y cumplido en forma absoluta.
Las elecciones, usadas solo para elegir al ejecutivo y un legislativo que lo vigile en el acatamiento.
Publicado por: FMGARZAM | 30/05/2011 en 03:51 p.m.
1582.- La hipocondría política, la idea de padecer la enfermedad sin tenerla, asemeja a un virus en letargo y latente de la impunidad que no se considera en los presupuestos de la Fedreración para la Secretaría de Salud, pues las Contralorías se mimetizan de patologías graves en un modelo a encubrir.
Publicado por: Benjamín Sandoval Córdova | 30/05/2011 en 10:31 p.m.