André Glucksmann escribe sobre Havel en El país.
A base de tergiversar las más puras convicciones, el despiadado siglo XX desencadenó unas guerras totales con la excusa de defender la paz, y justificó en nombre de un bien supremo esa abominación que fueron los campos de exterminio y los gulags. Ante semejante cataclismo mental, los 242 primeros firmantes de la Carta 77 optan por adoptar una "filosofía negativa". Los disidentes, que se enorgullecen de sus diferencias -entre ellos figuran católicos, protestantes, judíos, ateos, de izquierdas, de derechas, nacionalistas y cosmopolitas-, deciden ponerse de acuerdo no en favor de sino contra. La desgracia que comparten les hace solidarios en y por su soledad. "A veces nos hace falta hundirnos en lo más profundo de la miseria para reconocer la verdad, del mismo modo que nos hace falta caer hasta el fondo del pozo para descubrir las estrellas".
La fortaleza de Václav Havel, la fuerza de la disidencia, ese "poder de los sin poder", fue lo que el filósofo Patocka denominó "solidaridad de los quebrantados". Un nombre que aquel intelectual que tanto inspiró a Havel explicaba con detalle: "Quebrantados porque se ha sacudido su fe en la luz, la vida, la paz...".
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Publicado por: herve leger | 02/01/2012 en 12:31 a.m.