Un partido es una brújula elemental. Permite al elector situarse de algún modo en un territorio donde fácilmente se podría perder. Los partidos son mapa, una guía, un conjunto de señales para ubicarse en el enredado mundo de la política. Los colores y los símbolos de los partidos son atajos para la adhesión o el rechazo. Quienes creen en la prioridad de las ideas en la política tienden a asignar a esas organizaciones un componente esencialmente ideológico. Los partidos son, para ellos, un programa, un condensado de ideas y valores que contrastan con el programa de los rivales. Se piensa así en los partidos como si fueran filosofías que coquetean por el voto. Ideas que se empaquetan como lemas para volverse digeribles, votables. Partidos de izquierda y partidos de derecha; partidos liberales y socialistas; partidos moderados y radicales; nostálgicos y adelantados. Todas estas notas serán relevantes para que el ciudadano sepa dónde está e imagine a dónde quiere ir y con quién. Pero más allá de esas coordenadas importa otra, más simple, más elemental pero, quizá, más poderosa. No es un eje ideológico sino gubernativo. Hay partidos que están dentro y partidos que están fuera: partidos en el gobierno y partidos de oposición. Ésa es la categoría elemental de la política democrática: más allá de las ideas, cuenta quién gobierna y quién se le opone.
Si queremos entender por qué el PRI aparece hoy como el partido favorito para ganar la elección presidencial de julio, poco nos aclaran las ideas de ese partido. La popularidad del PRI poco tiene que ver con su historia y menos con su programa. El PRI puede recuperar la presidencia no por lo que propone en boca de su candidato sino por el lugar que ocupa en el mapa de la competencia. La popularidad del PRI es inversamente proporcional al deseo de que el PAN continúe ocupando la casa presidencial. El PRI sigue hoy tan indefinido como siempre. Ha continuado con su vieja política de no definirse para no arriesgar en ningún momento su unidad. Pero, frente a la autoinmolación de la izquierda después del 2006, el PRI tuvo la inteligencia de ubicarse a la cabeza de la oposición. Ésa es su gran ventaja y ésa puede ser su plataforma de victoria: su ubicación, no su definición.
No tiene por qué leerse la fuerza que muestra el PRI en las encuestas como nostalgia del viejo autoritarismo. Quienes están dispuestos a votar por el PRI no pretenden retrasar el calendario para reimplantar el régimen monopartidista. Lo que sucede, simplemente, es que quieren votar por la oposición y la oposición es, en estos momentos, principalmente el PRI. Si la izquierda se anuló con la reacción de Andrés Manuel López Obrador después de la elección del 2006, el PRI jugó con habilidad el papel de antagonista. Será por eso que aparece como el partido con mejor imagen pública en el país. ¿Se trata de una reivindicación de su legado histórico? ¿Es adhesión a su programa? ¿Es entusiasmo por su candidato? Quizá es algo más elemental: voluntad de alternancia.
Por ello no me convencen quienes encuentran en las encuestas señales de una patología de nuestra cultura política. Si regresa el PRI, dicen, será la confirmación de que padecemos vicios cívicos profundísimos. Anhelamos el retorno del autoritarismo porque no estamos preparados para la democracia. El regreso del PRI sería, en consecuencia, la muestra de un fracaso histórico, el síntoma de un severo padecimiento cultural. Roger Bartra, por ejemplo, ha sugerido en un artículo inteligente que publica este mes en Letras libres, que en la popularidad del PRI hay una malsana adicción. "Me pregunto, escribe Bartra, si el auge del PRI no es el extraño síndrome de abstinencia de una sociedad que requiere dosis de la antigua droga que la mantenía tranquila. Sería el síndrome de una sociedad llena de miedo que, como reflejo, se resiste a abandonar la vieja cultura política a renunciar a hábitos profundamente arraigados." Francamente no veo a quienes piensan votar por el PRI como cocainómanos desesperados. Creo que encuentran lo que busca un elector para orientar su decisión: al principal partido opositor. ¿No será esta popularidad el síntoma de lo democráticamente ordinario: ganas de cambiar? Coincido con Bartra en que el PRI no se ha renovado, lamento también que no haya hecho una crítica pública de su pasado. Pero mi distancia de ese partido y la antipatía que me produce su candidato no me conducen a creerlo un actor irreductiblemente antidemocrático frente a las alternativas que serían las únicas depositarias de una cultura auténticamente democrática. Puede ser una tristeza, pero una victoria del PRI en julio sería tan democrática como la reelección del PAN o la victoria del PRD.
La voluntad de alternancia no es atavismo de una vieja cultura política: es la sensatez de quien sabe que el poder del voto es, ante todo, el poder de castigar
Además el PAN ha demostrado los mismos instintos antidemocráticos del PRI, o peores, sólo que no ha tenido nunca tanto poder.
Saludos
Publicado por: Fernando | 30/01/2012 en 08:31 a.m.
En efecto..."Lo que sucede, simplemente, es que quieren votar por la oposición y la oposición es, en estos momentos, principalmente el PRI"
Magnífico artículo...felicidades
Publicado por: Luis Fernanadez Darancou | 30/01/2012 en 11:35 a.m.
Panorama preocupante desde cualquier perspectiva, porque siento que el problema medular está, básicamente, en esa quietud ciudadana ante la inoperancia partidista. En México los partidos no solo no funcionan, sino que las personas que los integran cada vez son peores. La alternancia estaría en una ciudadanía participativa, consciente y activa en el poder.La alternancia estaría en no buscar el poder por el poder mismo, sino por el bien común, real y transparente... quimeras posiblemente.
Publicado por: Alejandro Esparza Farías | 30/01/2012 en 02:23 p.m.
No creo que la mayoría quiera, concientemente, la restauración del autoritarismo (sí beneficiarse de un status quo que viene del pasado). Pero tampoco veo una voluntad de alternacia cuya mira esté en la vida democrática (aun cuando las elecciones sean parte de ella). Por eso me parece muy importante lo que señala Bartra respecto de los vicios de nuestra cultura política, que lo mismo abundan en los grandes partidos como en gran parte de la sociedad.
Saludos!
Publicado por: Irad | 30/01/2012 en 03:06 p.m.
Como siempre, estaremos obligados a votar por "el menos malo"...o "el menos pior", como dirian los clasicos!
Publicado por: Luis S A | 30/01/2012 en 06:22 p.m.
Ojalá y algún día, día que tal vez no veré a pesar de que tengo cuarenta años, ojalá y un día la sociedad esté menos corrupta como dijo alguien líneas arriba. Ojalá que todas estas decepciones se conviertan en punto de fricción para que la ciudadanía asuma su responsabilidad histórica y deje de estar pasiva, cierto que hay muchos vicios aun en esa sociedad y no sólo en los políticos, pero creo que a final de cuentas la sociedad es más factible de sanar, el día que ella sane por consecuencia sanará a su clase política porque obvio, la clase política no gobernará impunemente.
Publicado por: Alejandro Esparza Farías | 31/01/2012 en 05:38 a.m.
Para mí, insisto, -y perdón que tuve que poner otro comentario-, para mí la verdadera voluntad de alternancia se verá expresada ese día que menciono, en que la sociedad asuma su rol histórico y determinante, sin sangre, sino con el uso de su fortaleza moral mental, inmanente. Solo ese día se cristalizará la verdadera alternancia, mientras tanto creo que sigo soñando.
Publicado por: Alejandro Esparza Farías | 31/01/2012 en 05:43 a.m.
Jesús :
Considero vale la pena ligar esta voluntad de alternancia que señalas con una frase de tu artículo sobre "Oligarquía":
"La democracia es el régimen en el que todo interés ( sea político o económico) puede ser derrotado".
Creo la mayor frustración que deviene de nuestra democracia es que alternancias se suscitan ( federales y locales ) pero el régimen oligárquico y nuestra economía política no se modifican en el sentido de democratizar la economía, por el contrario, se consolidan las oligarquías y se consolida un capitalismo de lealtades y de relaciones.
Esa falta de debate de la que hablabas en tu colaboración anterior encuentra parcialmente una explicación en esto. El ciudadano es incapáz - o se corre muchos riesgos- de subir el nivel de exigencia so pena de recibir represalias en sus actividades productivas. Los mismos políticos omiten los temas de fondo, porque como planteaste en "Oligarquía"..."quizá la señal más contundente de que vivimos bajo un régimen oligárquico es que casi nadie habla de él ".
Dos preguntas que quedan es si ganando el PRI se tendrán las condiciones en 2018 para que esa normalidad democrática de la voluntad de alternancia pueda suscitarse. La segunda sería si ganando el PRI en contraste con las otras dos opciones, los ciudadanos podríamos pensar en tener mayor posibilidad de modificar esa estructura oligárquica y esa economía política que prevalece.
Hoy veremos en el debate panista si estos temas de fondo se tratan. Especulo que no será así.
Publicado por: Alberto | 31/01/2012 en 01:16 p.m.
Bueno, tenemos aquí un par de enunciaciones (de las muchas del artículo) que en realidad son una, que creo poco notables, acaso falsas de qué pasa.
No veo por ningún lado el criterio metodológico, politológico, lógico, que permita concluir fehacientemente -a no ser por la lucubración teorizante de Jesús- que el PRI y sólo el PRI es o fue oposicíón.
Lo que ha pasado es que el bloqueo al gobierno ha sido por causas comprobables y por diversas fuerzas políticas. Cabe decir que esto se veía venir por parte de los partidos que perdieron en 2000 y 2006. El hecho que los gobiernos de alternancia panistas sean tan erráticos como que también hayan sucumbido al bloqueo es otra vertiente de análasis a discutir.
Creo afirmar que sucede simplemente se quiere votar por la oposición y que la oposición es en estos momentos principalmente el PRI es una construcción teórica o simpleza mayor, una simplificación bastante tontuela. Ya no estamos para esas cosas.
Visto eso, caen igual al vacío las analogías médicas. Bartra, a veces un analista menor, se vale de ellas, pero Silva-Herzog exagera, al decir no ve a quienes piensan votar por el PRI como cocainómanos desesperados. En el particular no veo cierto eso que encuentren lo que busca el elector para orientar su decisión, nada más y nada menos que al principal partido opositor.
¿W?
Publicado por: Omar Alí | 01/02/2012 en 01:11 a.m.
UPS! No coincidimos en nada, señor Omar! ¿W?
Publicado por: Connie Roldán | 03/02/2012 en 07:25 p.m.
Así pasa, no pasa nada.
(era W?)
Publicado por: Omar Alí | 04/02/2012 en 12:36 a.m.