Jennifer Homans, la viuda de Tony Judt escribe de él en el New York Review of Books. Su agonía, recuerda, fue extraordinariamente fértil: tres libros notables pudo escribir en los meses que fue muriendo. En una estampa conmovedora, apunta que para Judt, las ideas fueron para él un "tipo de emoción," algo que le importaba y sentía como otros sienten amor o tristeza. Y las ideas fueron su último refugio. Homans se refiere en particular al último libro que escribió en conversación con Timothy Snyder, Pensando el siglo XX y a su ardua gestación.
El pasado era todavía la máquina de su pensamiento. Ya no era historia, sino memoria. La memoria fue la única certeza de Tony y se aferró a ella como una cuerda de la que dependía su vida. Fue lo único que su enfermedad no pudo arrebatarle. ... Para extraer un recuerdo, no tenía que pedirle nada a nadie: estaba ahí en su mente y mientras pudo hablar, podía usar su memoria a voluntad. Era toda suya.