Cuando Charles Rosen escuchó Debussy por primera vez, reaccionó de inmediato: “debería haber una ley que prohibiera esto.” Tenía siete años. Desde los cuatro años tocaba el piano, no porque fuera un prodigio sino porque, como dice él, para tocar el piano, hay que empezar temprano. Si uno quiere caminar por la cuerda floja, hay que comenzar desde el principio. Unos años después grabaría los Estudios de Debussy. Se tardó un poco, pero llegó a apreciar al compositor impresionista. A Charles Rosen, intérprete y crítico, le gusta citar una línea de Goethe: “El primer contacto con cualquiera de las excelsitudes de la vida o del arte, conlleva un dolor que surge de esa sensación de inferioridad del espectador. Sólo en un periodo posterior, cuando lo absorbemos a nuestra cultura, cuando nos apropiamos todo lo que nuestra capacidad nos permite, aprendemos a amarlo y a valorarlo. La mediocridad, por la otra parte, puede darnos placeres directos; no lastima nuestra vanidad, premiándonos con la idea de que somos tan buenos como cualquiera. … Aprendemos sólo de los libros que no podemos juzgar.”
Charles Rosen, a quien el presidente Obama le otorgó la Medalla de las Humanidades a principios de este año, no se ha dedicado solamente a tocar el piano sino a explicarlo. Desde que descubrió unas notas absurdas publicadas para acompañar las piezas de sus primeros discos, escribe los textos que acompañan sus grabaciones y sus conciertos. Este año apareció la más reciente compilación de sus ensayos de música y literatura: La libertad y las artes, se titula. En el anhelo artístico reside la paradoja de la libertad: el arte subvierte los significados sin dejar de acatar ciertas convenciones. Rosen retoma la pregunta que Lichtenberg anotó en una libreta personal: ¿por qué las palabras habrían de tener un significado fijo? ¿Por qué no habrían de capturar la fluidez de las experiencias, la mutación del mundo? La primera tiranía que padecemos es la del lenguaje, dice Rosen. Esa constricción del sentido es la primera restricción. Las redes del significado nos atrapan. El humor, la poesía, el arte son escapes de esa jaula. El arte nos regala nuevos significados. De ahí su carácter subversivo, inevitablemente corruptor, peligroso.
El arte tendrá sus convenciones pero se espera que las rompa, que las burle y, al hacerlo, nos sorprenda. Ese es el privilegio del artista. Celebramos que el creador se aparte de las convenciones que gobiernan su oficio. Esperamos originalidad, sorpresa, provocación. Y. cuando la encontramos en el arte, nos ofendemos.
Un ensayo sobre la ópera que escribe a partir de la publicación de un diccionario especializado captura su inteligencia irónica y erudita. La ópera, dice, Rosen, es la más prestigiosa de las formas musicales. Es también la más absurda, la más irracional. Ningún diccionario, advierte, podría tratar con el sinsentido de la ópera. Ahí no debe esperarse racionalidad alguna porque al género lo gobierna un código lunático al que todos los involucrados se someten con docilidad. Valdría reconocer que no ha sido una forma artística particularmente respetable: barullo de fondo mientras los apostadores juegan a las cartas; espectáculo donde sopranos inmensas personifican tuberculosas moribundas. “El ideal de la ópera, escribe, la forma en que perfila una visión de lo sublime, no puede separarse de su elemento grotescamente físico.” De todas las artes, continúa el pianista, la música es la más habilidosa para escapar los filtros del significado. En la ópera, “la música no nos llega a través de las palabras: las palabras llegan a través de la música.” La musicalidad se beneficia aquí del intenso contraste con la fisicalidad. Los cuerpos gordos y sudorosos que la producen suelen contrastar con la exquisita delicadeza de la música. “El fundamento de la ópera, concluye, aparece como la oposición entre el ideal musical de la pureza y la cruda realidad, el vestuario bobo, la trama ridícula, la penosa decoración que se necesitan para producirla: pero la música esconde en sí misma una realidad tan brusca, igualmente física.”
Nota bene. Sin discusión.
Por algo Charlie "Bird" Parker decía algo así como:
Si tuviera que explicarla con palabras, mejor dejaría de hacer música.
Duchamp champion?
Publicado por: FMGARZAM | 05/09/2012 en 10:24 a.m.
Y donde ponemos a Maria Callas entonces?
Publicado por: Jose Trinidad | 05/09/2012 en 03:26 p.m.