Arquitectura

18 de julio de 2008

índice de caminabilidad

WalkingfeetUn registro necesario para apreciar la calidad de una ciudad o de un barrio: el índice de caminabilidad.

26 de junio de 2008

De arquitectos y ciudades

El New York Times publica un artículo de Robin Pogrebin sobre la relación entre la arquitectura y la tiranía. En alguna nota previa había comentado el libro de Deyan Sudjic sobre la fascinación de los autócratas con el arte de los planos y los volúmenes. Pogrebin analiza los dilemas éticos a los que se enfrentan los arquitectos: ¿debo diseñar una iglesia si no creo?, ¿es válido aceptar la comisión de un autócrata? El arquitecto Peter Eisenman resalta la libertad que paradójicamente le ofrece el tirano al diseñador: Mientras más centralizado sea el poder, el arquitecto está menos obligado a hacer concesiones.

OrquideoramaMiquel Adriá escribe en Babelia sobre la prodigiosa regeneración de Medellín. El urbanismo ha recuperado para sus habitantes la ciudad que había sido secuestrada por los sicarios. "Arquitectura de autor y trabajo con las comunidades, que habitualmente corren por sendas distintas, han ido de la mano."

Y en una entrevista en Reforma, Enrique Norten no ve todo perdido para la Ciudad de México. El Distrito Federal puede regenerarse si crece hacia arriba y forma espacio público. 

8 de junio de 2008

Banquetas y democracia

El número más reciente de la revista dominical del New York Times se dedica a la arquitectura. Se incluye una entrevista al exalcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, quien hace una defensa de las banquetas como el paréntesis urbano de la equidad. "Al construir una buena banqueta estás construyendo democracia. Una banqueta es un símbolo de igualdad."

2 de abril de 2008

Premio al arquitecto solitario

Nouvel_cartierWitold Rybczynski, autor de un precioso librito sobre la mirada de la arquitectura hace una pregunta pertinente. ¿Por qué el Premio Pritzker, llamado siempre "el Nobel de la arquitectura", se le entrega a una sola persona? Nadie discute el talento de Jean Nouvel, el último ganador del premio, pero todos saben perfectamente que su trabajo consiste básicamente en coordinar un enorme equipo. El Pritzker, sin embargo, sigue alimentando el mito de que los edificios brotan de la imaginación genial de un arquitecto que se desvela ante su restirador. Que la arquitectura sea un deporte de conjunto es precisamente lo que la hace tan interesante, sugiere Rybczynski. El arte es normalmente reflejo de una sensibilidad individual pero la arquitectura también retrata a la sociedad: su tecnología, su actividad, la percepción de sus necesidades, su gusto colectivo, sus recursos. Si el Pritzker se diera al mejor edificio, quien debería recoger el premio sería el arquitecto acompañado de los ingenieros, los constructores y, naturalmente, el cliente.

30 de marzo de 2008

Jean Nouvel, Pritzker

Nouvel_instituto_mundo_rabeJean Nouvel, famoso sobre todo por su instituto árabe en Paris, ha ganado el Premio Pritzker de Arquitectura. La versión electrónica del New York Times adelanta un perfil que esperaba publicación hasta la semana próxima. El jurado elogia la capacidad de sus edificios de insertarse y contrastar con el entorno

9 de octubre de 2007

Basta de í­conos

El Guggenheim de Bilbao cumple 10 años. Witold Rybczynski, autor de The Look of Architecture, una mirada al estilo arquitectónico como reflejo del tiempo, detecta el cansancio de esa forma, el agotamiento de aquella búsqueda. La moda impuesta por Gehry inició una carrera en la que los arquitectos se empeñan en dar forma cuadrada a las ruedas: arquitectura del absurdo. Más que construcciones decoradas, se construyen decoraciones. Con una serie de láminas registra la nueva arquitectura que es vehemente y explícitamente anti-icónica. El  Four Seasons Center for the Performing Arts deToronto de Diamond y Schmitt es buen ejemplo de esa arquitectura sin fuegos pirotécnicos:

Four_seasons_centre_for_the_perfo_2

24 de agosto de 2007

Más sobre la torre

Danhos_ddfCarlos Elizondo escribe hoy un artículo certero sobre la "Torre Bicentenario." Un alcalde que actúa como promotor inmobiliario, un gobierno que trata la legalidad como chicle, un edificio inmenso que se construye en una zona ya empantanada en sus vialidades, una obra privada que mordisquea el gran parque público de la ciudad y, sobre todo, una maraña de intereses privados conectados al poder público.

(Es válido preguntarse) por qué el jefe de Gobierno anuncia un proyecto privado en sus oficinas, sin que se hayan hecho los estudios de impacto ambiental, ni urbano, y sin ser legal construir en ese terreno una torre de tal altura. Esto, sin embargo, no parece tan serio: el propio jefe de Gobierno aclaró que se modificará la ley en la Asamblea Legislativa, forma elástica de entender la certidumbre del derecho.
...
Si bien, supongo, hay entre los impulsores del proyecto dentro del gobierno quienes buscan la prosperidad de la ciudad, o les gusta la idea de un edificio que se proclama como ecológicamente autosustentable, o creen que el prestigio de una ciudad se mide por el tamaño de sus rascacielos (no sé si Freud describió este síndrome), no deja de ser curioso que la compañía en cuestión, Grupo Danhos, utilizara el logo de la ciudad en otro proyecto en Reforma, y el que los policías que circundan ese otro desarrollo traigan el logo de Danhos. Bonita simbiosis que puede ser producto de un interés mutuo por la ciudad, aunque no debe ser casualidad que el líder de proyecto, Jorge Gamboa de Buen, fuera el secretario de Desarrollo Urbano del gobierno de Manuel Camacho, en el cual Marcelo Ebrard era el secretario de Gobierno. El hoy secretario de Desarrollo Urbano y Vivienda de la ciudad, Arturo Aispuro Coronel, trabajaba entonces para Jorge Gamboa de Buen; hay quienes dicen que todavía.

13 de agosto de 2007

Más sobre la torre

Denise Dresser rechaza la torre de Koolhas como ícono de una vieja política que se disfraza de modernidad: "símbolo del pasado y las trampas que todavía puede tender."

4 de agosto de 2007

La arquitectura del poder

Babelia entrega hoy una entrevista con Deyan Sudjic, autor de The Edifice Complex, a propósito de la traducción de su libro como La arquitectura del poder (Ariel). El crítico habla de la arquitectura como política, moda y circo.

Gehry_simpsons P. Nunca ha habido tanta arquitectura, y tan visible, hecha por tan pocas personas. ¿Cuál es el peligro?

R. Muchos: quien compra una firma y no un proyecto puede acabar adquiriendo una caricatura.

31 de julio de 2007

Koolhaas en México

Miquel Adrià, que sí entiende de arquitectura, escribe hoy en Reforma un artículo muy claro sobre las distintas aristas del proyecto de Koolhaas en México:

Koolhaas_bicentenario_2El discurso trasgresor de Koolhaas sobre la ciudad ha detonado todo tipo de lecturas, en muchas ocasiones esquemáticas. Sin embargo, algunos de sus edificios no sólo refuerzan la estructura urbana de ciudades como Berlín, Oporto, Seattle o Beijing, sino que sus nuevos íconos se han convertido en referencia obligada de sus respectivas sedes. Oporto o Beijing ya no son lo que eran: son más, con la Casa de Música lusa o la sede de la televisión china. No creo que se pueda tratar de defender el modelo de una ciudad equilibrada y cohesionada en una metrópolis policéntrica como la mexicana, que en buena medida se vertebra con hitos como el que ahora se propone.

...

Lo obsceno del caso es usar el valor de cambio de una estrella de la arquitectura -de una marca registrada- para que el gran capital pueda conseguir prebendas de las autoridades, hipnotizados por el valor mágico y regenerador de un falo de autor. El impacto en la vialidad y en la zona de la nueva torre quebrada que propone Rem Koolhaas es proporcional a su altura. La habilidad de los inversionistas en servir a los políticos una torre que celebre el bicentenario, exacerbando la vanidad de los que se imaginan en tronos futuros, no hace más exhibir -como apuntaba Deyan Sudjic- una arquitectura convertida en representación del poder y arma propagandística.

Proponer el edificio más alto de la Ciudad de México y de Latinoamérica debería ir acompañado de acciones urbanas y medioambientales que mejoraran la zona impactada, y de una campaña de comunicación que no dejara dudas sobre sus virtudes, en lugar de aprovechar su valor de cambio para conseguir tratos de favor. Si tanto poder tiene el dinero globalizado, bien podría encontrar un terreno más adecuado. Y si algún poder y algún criterio tienen los gobiernos que lidian en protagonismo mediático, deberían facilitar estas acciones para conseguir, a cambio de una mayor edificabilidad, mejoras urbanas que se tradujeran en espacio público

30 de julio de 2007

El edificio y la ciudad

La arquitectura es el arte predilecto de los autócratas. Una intervención de la creatividad que rehace el paisaje y define los espacios habitables. No hay mecanismo más potente de la propaganda. La arquitectura es un artefacto de ordenación que imprime símbolos y asienta jerarquías. Un elocuente vocabulario de poder. Adolfo Hitler fue un arquitecto frustrado. En un interesante libro sobre los usos políticos de la arquitectura en el siglo XX (The Edifice Complex: How the Rich and Powerful Shape the World, Penguin, 2005), Deyan Sudjic describe la fascinación del dictador por los volúmenes y las edificaciones. En la única ocasión que visitó Paris, se hizo acompañar de su estado mayor arquitectónico. Más que la estrategia militar de la victoria, le interesaba el diseño urbano de su imperio. En edificios y explanadas se fundaba un reinado que habría de durar milenios. El vínculo entre el poder y el arte de las edificaciones es antiquísimo y ha sido bien explorado. La arquitectura puede ser demostración de fuerza, resumen del mundo, alimento de cohesión y también una presencia que intimida.

Ahora la arquitectura parece juguete de otro amo: la moda. Se ha desatado en el mundo un apetito por lo que Charkes Jencksllama edificios-íconos. El crítico se refiere a edificios que trascienden su función obvia. No son simplemente, albergues de un museo, foros parlamentarios o salas de concierto sino algo más: construcciones expresivas que pretenden asignar nuevo significado a toda una ciudad. Íconos: metáforas misteriosas que pueden dar fama inmediata a un barrio, a un pueblo, una ciudad. Bajo el efecto del museo Guggenheim de Bilbao ha aparecido una nueva forma arquitectónica. En un mercado mundial donde todos compiten por la atención, los edificios se convierten en un señuelo de publicidad, una ostentación de vanguardismo. Pueden servir como oficinas o tiendas, pero en realidad son faros que se iluminan a sí mismos… y a sus padrinos.

...

Koolhaas_bicentenarioEl edificio de Koolhaas que se pretende construir en el Distrito Federal parece el emblema de una abdicación: la noción de ciudad. Perceptivamente Paco Calderón vio en el boceto la silueta de un ataúd. Que reine el edificio, que muera el urbanismo. Esa parece ser, precisamente, la síntesis de la filosofía del holandés. Para el arquitecto “el urbanismo no existe” y no hay razón para revivirlo o inventarlo. El urbanismo no es más que una ideología en el sentido marxista: una farsa, un sueño o un engaño. Koolhaas sostiene que la búsqueda de un espacio público no es más que un latigazo nostálgico. Dejémonos del romanticismo de las ciudades del siglo XIX. No vivimos en aldeas sino en edificios. Con la televisión, el internet y los distintos medios modernos, el espacio público ha desaparecido. La planeación urbana, el urbanismo han muerto. Sólo la arquitectura existe. En sus manifiestos contra el urbanismo, Koolhaas ha sostenido que la planeación urbana es absurda en nuestro tiempo. Preservar, por ejemplo, los espacios públicos es simplemente un disparate. El rascacielos que Koolhaas quiso matar para reinventarlo después debe ser una especie de ciudad dentro de la ciudad. Gracias a la tecnología los habitantes de esa torre podrán desarrollar todas sus actividades dentro de los pisos del edificio. Conceptualmente, se trata de construcciones desconectadas de su entorno.

Lo notable del proyecto de Koolhaas en la Ciudad de México es el vacío del que surge. La edificación más imponente de los últimas décadas en la capital no proviene de una idea de reocupación urbana: es una baúl que cae del cielo. La inmodestia del tamaño es, en sí misma, un mensaje: el edificio se planta orgullosamente ante la ciudad no para incorporarse, sino para rivalizar con ella. El inmenso bloque no se inserta en la ciudad para activar una zona, para revivir un barrio desatendido. No se instala en una zona apropiada para su inmensidad, rompe con las reglas de ordenación urbana y agrede al vecindario. La ciudad de México recibiría bien un edificio emblemático, fresco, atrevido. Pero requiere otra cosa antes: el trazo de una recuperación urbana. Un edificio pretende suplir la ausencia de un proyecto de ciudad. Que el gobierno del Distrito Federal lo adopte como símbolo de su modernidad es, en realidad, una confesión. La torre del bicentenario es el ícono de una ciudad a la deriva.
Para leer el artículo completo...

8 de mayo de 2007

Vacío y posibilidad

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Exposición de Luciano Matus: “Vacío y posibilidad. Segundo ejercicio” en el Museo de San Carlos.

Jesús Silva-Herzog Márquez

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