Cine

10 de agosto de 2007

Woody Allen recuerda a Bergman

Bergman_2El New York Times publica una viñeta de Woody Allen sobre Bergman. Su lealtad básica era con el teatro, pero su trabajo no estaba nutrido sólo de la escena  y el libreto; se alimentaba de música, pintura, literatura y filosofía. "Su trabajo mostraba las preocupaciones más profundas de la humanidad, dándole frecuentemente una profundidad poética a sus cintas. Mortalidad, amor, arte, el silencio de Dios, la dificultad de las relaciones humanas, la agonía de la duda religiosa, el fracaso matrimonial, la incapacidad de la gente para comunicarse."

Pregunta Woody Allen: ¿qué le dice uno a un genio por teléfono?

2 de agosto de 2007

Bergman anuncia jabón

31 de julio de 2007

Bergman

Todos lo llaman hoy el máximo cineasta, el artista que se atrevió a llevar el cine a elevaciones metafísicas. El cine como idioma que expresa el alma sin las inspecciones del intelecto. La prensa de papel y las otras están repletas hoy de obituarios, recuerdos y homenajes. Recupero aquí el elogio de uno de sus mayores admiradores y un paquete de escenas sugeridas por Andrew Pulver en el Guardian.

El juego de ajedrez con la muerte en El séptimo sello:

El sueño de Fresas salvajes:

La desolación en Gritos y susurros: 

El terrible diálogo en Saraband:

3 de julio de 2007

La Unión Europea en Youtube

La Unión Europea estrena canal en youtube con un video que promueve el cine europeo. El espot tiene el convincente respaldo de la indignación del gobierno polaco.

Además de este clip que resulta una especie de versión softporn de la empalagosa Cinema Paradiso, la Comisión Europea promueve en youtube lágrimas, romances y otras emociones de su cine.

21 de mayo de 2007

Más sobre La vida de los otros

Vida_de_los_otrosLa estupenda película "La vida de los otros" sigue suscitando comentarios. Más allá de la reseña estrictamente cinematográfica que elogia o cuestiona la factura de la cinta, filósofos, historiadores y otros críticos han partido de la película para reflexionar sobre la naturaleza de las estructuras post totalitarias, de las redes del poder, de la banalidad del mal, los tratos con el pasado...

Timothy Garton Ash parte de la cinta de Florian Henckel Von Donnersmarck para recordar su trabajo en la Alemania del Este y su propia relación con el espionaje de la Stasi. En un artículo publicado por el New York Review of Books, aprovecha la película para regresar a la política de la memoria, su tema obsesivo. Al caer el muro, los alemanes encarararon nuevamente un pasado doloroso. A diferencia de los rusos, los servicios de inteligencia de la Alemania del Este no sobrevivieron el cambio de régimen. La Stasi desapareció y todos sus archivos fueron expuestos al aire. La KGB, por el contrario, fue fagocitada por el nuevo régimen. Garton Ash recuerda el encuentro con su propio expediente del que ha salido un libroextraordinario (hay una traducción al español editada por Tusquets). La cinta que ganó el más reciente Óscar a la película extranjera, reconectó naturalmente al historiador con su experiencia. Garton Ash objeta detalles de la película: los trajes de los burócratas, el tono de los intelectuales del Este. Tampoco le resulta convincente la velocidad con la que los personajes cambian de piel, pero se reconoce conmovido por la película. Al final del día, lo que le parece más interesante es la manera en que la película embona con una actitud alemana frente a sus monstruos. "Ninguna nación ha sido tan brillante, tan persistente y tan innovadora en la investigación comunicación y representación ... de sus propios males pasados."

Por su lado, el provocador esloveno Slavoj Zizek es más duro con la celebrada película. A su juicio, rindiendo tributo al lugar común, "La vida de los otros" no logra retratar el horror. Los personajes le parecen estereotipos: el burócrata de partido es un cerdo corrupto, mientras que el héroe es un tipo honesto, inteligente y comprometido con el régimen. Las tres cosas, subraya Zizek no podían estar juntas--dos sí, pero las tres al mismo tiempo, nunca. Zizek prefiere "Adiós a Lenin," una comedia, a este "predecible melodrama." Tal parece que la condición totaliaria no ha encontrado director que la retrate para el cine.

8 de abril de 2007

La vida de los otros

Lavida_otros_2La película de Florian Henckel Von Donnersmarck (así se llama) La vida de los otros tiene la estructura de un thriller tradicional. Narración apresurada, suspenso, héroes y sorpresas. Pero detrás del misterio de los espías, se expone una densa alegoría moral. La película alemana que ganó el Óscar a la mejor película extranjera se sitúa por doble partida en 1984. En el 84 que está a cinco años y una eternidad de derribar el Muro y en la pesadilla totalitaria del 1984 orwelliano. Hoy podemos reconstruir aquel tiempo en Berlín como el último aliento de la Alemania “Democrática.” Nadie podría prever entonces que el final del régimen estaba a la vuelta de la Perestroika. En ese momento se vivía como si el régimen fuera eterno, capaz de administrar suplicios por los siguientes cuarenta años. 1984, el tiempo de la primera escena de la cinta, es también el emblema del vigía que destruye todo reducto de intimidad. La policía secreta del gobierno comunista estaba en todas partes pero nadie se atrevía a mencionar sus siglas en público. La innombrable ubicuidad del totalitarismo. Los historiadores ubican la Alemania Democrática como uno de los regímenes policíacos más obsesivos de que se tenga memoria. Un amplísimo buró de espías y un ejército de informantes: una república de delatores. Más de un cuarto de millón de personas dedicadas a espiar al vecino, al colega, al marido.

La cinta confronta a un escritor exitoso con un burócrata helado de cabeza rapada. El dramaturgo es un consentido del régimen: el único escritor de prestigio en Occidente que no es un subversivo, mientras que el espía es un maestro del retorcido arte de la interrogación. El burócrata del espionaje está convencido de que dudar es ya un acto intolerable que merece castigo por deslealtad a la Patria Socialista; el hombre de teatro trata, por su lado, de resguardar su libertad creativa acomodándose a las reglas del régimen. El tercer personaje es la novia del escritor, quien mantiene una relación secreta con un encumbrado del aparato. El triángulo pone a prueba a cada uno de ellos: amor y creación, interés y dignidad, disciplina y fidelidad al Estado, utilidad y convicción. Cada una de las ligas personales puesta a prueba. La vida bajo las extremas condiciones del totalitarismo germina reacciones inesperadas: ahí donde es esperada la lealtad, brota la flaqueza—que no la traición. Y ahí donde la malevolencia se da por descartada surge el gesto—que no la exhibición—de lo humano. Como una especie de síndrome de Estocolmo puesto de cabeza, el espía encuentra en los personajes escrutados una razón de vivir. El vigilante inescrutable, el espía de existencia miserable, descubre en las vidas que espía por cámaras y grabadores, el motivo para pensar por sí mismo y desafiar la constitución de reglas y recompensas que ha marcado su vida.

El autor y director de la cinta advierte que su película puede tener dos lecturas. En Occidente fue vista como una inteligente película de espías. En el Este, la experiencia de La vida de los otros fue, más bien, una terapia, un golpe que permite encarar heridas y responsabilidades. Los dilemas morales suelen arrojar sorpresas: entre los personajes más disímbolos, entre responsabilidades antagónicas puede brotar la tenue silueta de la amistad. Y ahí donde se espera el inquebrantable compromiso de amor puede asomarse también el cálculo terrible.

Jesús Silva-Herzog Márquez

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