El indispensable blog de Arcadi Espada reconstruye la historia del artículo de Fernando Savater que el diario El pais decidió no publicar hace un mes. Letraslibres de este mes publica todo el cuento. "Casa tomada," un breve ensayo sobre el fracaso de la estrategia antiterrorista del gobierno español, fue enviado a El país, que decidió no publicarlo. Pero también fue enviado al diario digital "Basta ya," quien lo difundió inmediatamente. Desde ahí se conoció el texto, subrayándose su ausencia en las páginas del diario al que estaba dirigido. El caso sirve a Espada para tomar nota de la censura contra el mayor filósofo español, pero también para advertir el impacto de internet en los usos y costumbres del periodismo.
El periódico no publicó el texto de Savater ni se hizo mención del rechazo en sus páginas. Esa envidiable instancia del diario que es el Defensor del Lector, tampoco acogió la causa. El diario incluso decidió bloquear los mensajes críticos enviados a su página de internet. Lo notable es que, a pesar de la decisión del periódico, el hecho fue ampliamente conocido. El diario no fue capaz de enterrar el "desencuentro" en el polvo de sus asuntos internos.
Es fácil imaginarse lo que habría sucedido hace diez años: la censura a Savater habría quedado en uno de esos sucedidos confidenciales que se unta de mano en mano la pomada habitual de periodistas y políticos. El escaso número de miembros de esa corte, pero sobre todo su carácter endogámico, ya habituado a los sobresaltos del doble circuito informativo, justificarían, probablemente, que el periódico se hiciera el sueco, aunque sólo fuera por meras razones de cálculo. Ahora bien: ¿pueden los periódicos seguir ahora con su pose de desdeñoso perfil, aplicando la máxima de que lo que no sale en El País (o en cualquier otro diario de los llamados “de soberbia”) no existe?
Internet, sugiere Espada, está terminando con el lector militarizado: ese consumidor de información que sólo tiene a su diario como fuente la verdad. Antes el proceso de enterarse del mundo era un desfile disciplinado: la primera plana, la información nacional, la información internacional, las opinones y los chistes. Un hermético paquete de revelaciones.
Gracias a internet el periodismo ha perdido el monopolio práctico del debate y el conflicto que durante doscientos años ha ejercido en las sociedades modernas. Ni los libros ni las universidades ni la plaza pública pudieron disputarle al periódico ese monopolio. Pero la situación ha cambiado: foros, webs, blogs son hoy espacios del conflicto social ni organizados ni controlados por el periodismo. Es posible que durante cierto tiempo todavía algunos medios puedan seguir haciendo como que no ven. Pero corren el riesgo de que la costumbre les deje ciegos.