Filosofía

12 de junio de 2008

La muerte como acto filosófico

Dead_philosophers Simon Critchley está convencido de que la máxima obra de arte de un filósofo puede ser su muerte. Para convencer al mundo de ello ha escrito el libro de los filósofos muertos. Aquí puede verse su selección de fallecimientos filosóficos. Relata Critchley los últimos momentos de Heráclito. El misántropo vivía en el monte, alimentado de hierbas y pasto. Al enfermar, se cubrió de estiércol, convencido de que la caca era curativa. Hay dos versiones de la causa final del deceso. La primera sugiere que el estiércol mojado ahogó al filósofo. La segunda versión cuenta que el cobertizo, al secarse, lo horneó a muerte.

Heráclito nos enseñó que nadie se baña dos veces en el mismo río. También que sólo una vez podemos nadar en mierda.

17 de marzo de 2008

La farsa atea

John Gray, ese liberal inclasificable que ha escrito recientemente un libro sobre la religión apocalíptica y el fin de la utopía, analiza  en The Guardian los textos de Hitchens, Dawkinsy otros contra la fe. El recorrido crítico desemboca en una persuasión:

La religión no ha desaparecido. Reprimirla es como reprimir el sexo: una empresa inútil. (...) No todo en la religión es precioso ni merece reverencia. Hay una herencia de antropocentrismo, la horrible fantasía de que la Tierra existe para servir a los humanos que la mayor parte de los humanistas seculares comparten. (...) Pero el intento de erradicar la religión, sólo conduce a su reaparición en formas más grotescas y degradadas. La credulidad en la revolución mundial, la democracia universal o los poderes ocultos de los teléfonos celulares es más ofensiva a la razón que los misterios de la religión, y es menos probable que sobreviva en los años que vienen.

4 de marzo de 2008

La burla de Sokal

Invito a la conversación que ha suscitado la entrada sobre Sokal y el deber de tomar las pruebas en serio. El intercambio entre Adrían Romero y Aurelio Asiain revive el debate sobre la legitimidad de la burla como instrumento crítico. Recupero un apunte de hace unos años:

Sokal_hoax Tengo frente a mi un ejemplar de la revista que inició la burla legendaria. La revista Social Text con una  portada negra que anuncia una edición consagrada a las “guerras de la ciencia.” Esla edición de primavera - verano de 1996, una edición doble. El último artículo es firmado por un profesor de física de la Universidad de Nueva York y lleva por título “Transgrediento las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica.” El artículo de Sokal era una bomba envuelta como  argumento. Más que una explosión, una trompetilla. Camuflado en un caballo académico, el científico se colaba al territorio de los estudios culturales para exhibir su charlatanería. Sokal arremedaba la palabrería, la jerga, el sonsonete de un discurso académico que no pasaba la más elemental prueba de la lógica. El procedimiento era un sencillo método de cuatro pasos: amontonar citas de personajes venerados, hilvanar frases largas, enredadas y confusas para, finalmente, adoptar conclusiones agradables. “En la gravedad cuántica, como veremos, la diversidad del tiempo y del espacio cesa de existir como una realidad física objetiva; la geometría se vuelve relacional y contextual; y las categorías conceptuales fundacionales de la ciencia tradicional—entre ellas, la existencia misma—devienen problemáticas y relativas. Esta revolución conceptual, como argumentaré, tiene implicaciones profundas para el contenido de una futura ciencia posmoderna y liberadora.” ¡Salud!

Unas semanas después que el caballo de troya había entrado a la ciudadela de la academia posmoderna, Sokal salió al aire. En un artículo publicado en otra revista gritó a los cuatro vientos: los he exhibido, son ustedes unos farsantes. Están dispuestos a dignificar como seria cualquier frase que rinda homenaje a sus cantaletas y respalde sus prejuicios. La broma, por supuesto, indignó a quienes recibieron el pastelazo y fue celebrada a carcajada abierta por muchos otros.

Para seguir la discusión, valdría leer el ensayo de Steven Weinberg que publicó Vuelta unos meses después.

3 de marzo de 2008

Alan Sokal regresa

Sokal2_2

Alan Sokal, el genial provocador que exhibió la charlatanería académica en aquel famoso experimento publicado en la revista Social Text, vuelve a la carga para denunciar el cobijo político de los absurdos científicos. Comenta Sokal que un asesor de Bush le dijo en algún momento: somos imperio y, cuando actuamos, producimos nuestra propia realidad. Bush se convenció de que las evidencias eran irrelevantes para la suprema potencia--y así le ha ido. Concluye Sokal: "Todos--conservadores y liberales, creyentes y ateos--vivimos en el mismo mundo, querámoslo o no. La política pública tiene que fundarse en la evidencia prueba más sólida disponible sobre ese mundo. En una sociedad libre, cada persona tendrá derecho de creer cualquier tontería que le parezca, pero el resto de nostros, debe prestar atención solamente a las opiniones fundadas en evidencias pruebas." (Gracias a AA)

11 de julio de 2007

Filosofía del tedio

Filosofia_del_tedioHemos inventado una civilización de entretenimientos permanentes para mantener a raya al monstruo de la aburrición. Forramos el mundo de sonidos para no sentir el abismo del silencio, nos rodeamos de juegos para no agobiarnos con la espera, quemamos el tiempo en perpetua comunicación vacía. Combate a muerte al instante ocioso. En un blog bastante idiota se ha decretado la victoria de la tecnología sobre la aburrición. El argumento es risible: los juegos y herramientas del nuevo nómada (el ipod, la blackberry, el gameboy) han derrotado por fin al tedio, ese siniestro enemigo de la vivacidad.

Lars Svendsen, profesor de filosofía en la ciudad noruega de Bergen ha publicado Filosofía del tedio (Tusquets, 2006). La mera idea de un filósofo noruego disertando sobre la fenomenología de la aburrición parece la amenaza de una tortura: una lenta muerte a parrafazos de hermética erudición. En realidad, es todo lo contrario. Un texto con humor y densidad; una reflexión aguda y fresca. Filosofía del tedio es un libro con la gracia y la pasión de los buenos ensayos filosóficos. La imprecisión de la experiencia descrita encuentra en los meandros del ensayo la forma exacta. Svendsen no camina en busca de una definición, presenta un mosaico de esbozos para comprender los agobios del tedio. Por ello pasea de la germinación de la palabra a la teología; de Samuel Beckett a los Sex Pistols; del cine de Cronenberg a la filosofía de Kierkegaard; de los cuadernos de Andy Warhol a los Pensamientos de Pascal.

El tedio, ese deseo vago y sin impulso, nace de una crítica. Expresa una insatisfacción profunda con lo que sucede, con lo que se tiene, con la existencia misma. La madre del aburrimiento moderno es un pecado. La acedia, una nata existencial que se apoderaba de los religiosos. Un monje abatido comete el peor de los pecados: ningunea al creador; se atreve a despreciarlo, a juzgar incompleta su creación. Por eso resalta Svendsen que en la corte francesa, el tedio era una prerrogativa exclusiva del rey. El monarca podría bostezar durante la función de teatro o en la audiencia, pero a nadie se le permitiría dar muestras de aburrimiento en presencia del monarca. Ello equivaldría a tacharlo de aburrido. Insolencia imperdonable: cualquiera aguanta a un aburrido, los insoportables son quienes se aburren de nosotros.

El tedio es el secuestro del sinsentido. “Sufrir sin sufrimiento, querer sin voluntad, pensar sin raciocinio,” según la expresión de ese portavoz del desasosiego que fue Fernando Pessoa. En nuestro tiempo el aburrimiento anida en la ausencia de un sentido personal. Sugiere el noruego que esto se debe a que todo nos llega codificado, resuelto, digerido. Pero nosotros requerimos un sentido propio. “El hombre es un ser que crea su propio universo, un ser que construye su mundo activamente pero, si todo está de antemano cifrado y codificado, la constitución activa del mundo resulta superflua y perdemos así la capacidad de fricción en relación con el mundo. Nosotros, los románticos, necesitamos un sentido susceptible de ser realizado por nosotros mismos, y quienes se entregan a esta tarea de autorrealización se enfrentan, necesariamente a un problema de sentido.”

No parece haber solución a ese agotamiento. Ni el imperio de la moda y sus rutinas de novedad, ni los artefactos para quemar el tiempo son cura. Tal vez sean lo contrario: en la dependencia de todos nuestros artilugios confesamos nuestra incapacidad para individualizarnos desde nosotros. Al rescate puede venir Joseph Brodsky: en lugar de rehuir el tedio, habrá que abrazarlo. En un luminoso ensayito titulado precisamente "En defensa de la aburrición" el poeta ruso sugiere que no hay encuentro más profundo con el tiempo en toda su brutalidad, redundancia, y monótono esplendor que el que se vive dentro de la panza de la aburrición. La aburrición es nuestra ventana al infinito.

Jesús Silva-Herzog Márquez

julio 2008

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