George Steiner

23 de abril de 2008

Libros no escritos

Steiner_unwrittenEl nuevo libro de George Steiner desvela a sus lectores los libros que no ha escrito. El nombre y la portada de su edición norteamericana retratan un hueco. Mis libros no escritos es el título de esta obra de siete capítulos que corresponden a tantos espectros. La imagen de la carátula, diseñada por Rodrigo Corral, capta dos sujetalibros que sujetan aire. Podría pensarse que la idea del libro no escrito es, en algún sentido, tautológica, en tanto que es una forma de nombrar al ensayo. En efecto, todo ensayo es un libro abandonado, como detectó con insuperable claridad William Hazlitt a l exclamar: “Ay, qué abortos son estos ensayos!” Interrupción de una idea; exposición de un argumento inconcluso, preparativo para una función que no llega. Todo ensayo sería un libro no escrito. Su fórmula, según Paz, es decir lo que hay que decir, sin decirlo todo.

Pero los libros no escritos de los que habla Steiner son aquellos que por su ausencia, lo definen. No son empresas intelectuales que la distracción o las prisas han boicoteado. Son libros que Steiner no se ha atrevido a escribir, que no podría escribir. Más que proyectos pendientes, son dolencias presentes.

La sabiduría de Steiner es pedregosa, no fluvial. No discurre siempre con soltura y transparencia. Al ensayista lo secuestra reiteradamente un catedrático pomposo que no puede liberarse de sus bibliotecas y sus terminajos. Se necesita equipo de alpinista para escalar algunas frases suyas. “A pesar de que puede asumir modos “surrealistas,” la gramatología de nuestros sueños está lingüísticamente organizada y diversificada más allá de las histórica y socialmente circunscritas provincialidades de lo psicoanalítico.” Seguramente estoy traduciendo con torpeza, pero el original es tan escarpado como esta versión. Con todo, la aspereza retórica es apenas la costra que envuelve una sutileza. Al pasearse alrededor de sus silencios, Steiner se desnuda: borda lo que le duele, lo que no entiende, lo que le falta, lo que la vida ya no le permitirá. Es perceptible el matiz testamentario de este libro: no es la última voluntad quien ordena el reparto de propiedades, sino la despedida a todo lo que no fue. La herencia que quiere dejarnos Steiner no es el catálogo ordenado de sus posesiones, sino esos borradores que son su carencia dorsal y que siguen esperando autor. Steiner no pudo escribir un libro sobre la envidia porque sentía el tema demasiado cerca del hueso. No redactará el tratado sobre los lenguajes del erotismo porque, a pesar de haber tenido “el privilegio de hablar y hacer el amor en cuatro idiomas”, es incapaz de entregarse a la infidencia. No publicará el libro que quisiera escribir sobre su devoción por los animales porque la introspección que ese proyecto exigiría supera su valor. Tampoco leeremos la propuesta de un nuevo quadrivium. Steiner se sabe inexperto en ecuaciones no lineales y en genética.

La notita introductoria lo dice mejor, por supuesto: “Un libro no escrito es más que un hueco. Acompaña el trabajo que uno ha hecho como una sombra activa, irónica y dolorosa al mismo tiempo. Es una de las vidas que pudimos haber vivido, uno de los caminos que no tomamos. La filosofía nos enseña que la negación puede ser decisiva. Es más que el rechazo de una posibilidad. La carencia tiene consecuencias que no podemos prever ni calibrar con precisión. Es el libro no escrito el que pudo marcar la diferencia. El que pudo habernos permitido fallar mejor. O tal vez no.”

El camino que nunca tomamos nos retrata mejor que el que seguimos.

20 de abril de 2008

Entrevista a Steiner

SteinerDe los gustos musicales de su perro (Tchaikovsky, Ravel y Duke Ellington); de su nuevo libro, del extraño uso del subjuntivo de una amante francesa, de sus felices años en la redacción del Economist, de su injustificable aprecio por la película "El cartero", de la vulgaridad del nuevo ateísmo y de su admiración por la ironía inglesa habla George Steiner en esta entrevista. Si el genio retórico de Hitler hubiera sido puesto a prueba en Hyde Park, la gente hubiera dicho: ¡Ay hombre, por favor! Y ahí hubiera terminado todo.

27 de junio de 2007

La sabiduría de la tristeza

Steiner_tristeza_2 El nuevo libro de George Steiner puede leerse como un dulce testamento melancólico. Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento es el ensayo que publica el Fondo de Cultura Económica en coedición con Siruela. Una reflexión serena y dolorosa sobre los límites del pensamiento que son, igualmente, las fronteras de la experiencia humana. En este breve decálogo, el crítico no se asoma con nostalgia a la ruidosa cultura contemporánea, no examina amorosamente a los trágicos, ni medita sobre la barbarie de ignorar. El maestro de lecturas suelta sus libros para abismarse filosóficamente. Steiner se hunde en el vacío que es origen de todo, basamento de todo. Penetra de este modo en los territorios de la razón o, quizá sea más correcto decir, en las estancias del alma. Las habitaciones del espíritu son angostas, precarias, albergues incapaces de ofrecer consuelo.

Errata, el admirable ensayo autobiográfico de Steiner revela en el subtítulo -"una vida examinada"- la persuasión aristotélica socrática de su autor. Sólo merece la pena la existencia que se interroga sobre el sentido, sobre lo que es, sobre lo que vale. La vida que reflexiona sobre su sitio. Estos apuntes sobre la tristeza condensan proposiciones regadas a lo largo de su extensa obra. El artista de la crítica ha desarrollado una de las percepciones más delicadas y profundas de nuestra cultura. Lo ha hecho aferrándose a lo particular y recusando cualquier convocatoria de sistema. En sus lecturas aparece la pasión por la música, el deleite de las ideas, gozo ante el genio poético, las deudas de amor que han de inspirar el trabajo de un crítico literario. Pero aparece también como constante, una sombra densa: eclipses, vacíos, abismos. De muy distintas maneras, el ensayista ha sugerido que la existencia humana no puede más que confrontar la "quietud muerta de la nada". La obra artística, si lo es realmente, no tiene más remedio que enfrentar el filo cortante de ese hueco.
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Jesús Silva-Herzog Márquez

julio 2008

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