Héctor Aguilar Camín escribe hoy sobre "la canalla admirativa," puñalada que se entierra tras el elogio:
Me ilustra el poeta Luis Miguel Aguilar en esa forma de la pasión crítica, o de la simple mala vibra, que Ramón Gómez de la Serna llamó “la canalla admirativa”. Un lector aborda al autor en un cine o en un restorán: “Usted es fulano. He leído con fervor todos sus libros, salvo el último que me parece indigno de su pluma. Se lo digo porque lo admiro: no tiene usted derecho a defraudarnos así”. La fórmula es una versión verbal de la puñalada trapera. Pasa del acercamiento sigiloso o cómplice al ataque inesperado. El alto elogio se disuelve en golpe bajo.
Es un gambito muy recurrido en la república de las letras. “Fulano no ha podido superar su primer libro”. “Zutano se ha quedado muy lejos de lo que prometía su enorme talento”. “No sé como Mengano puede ser autor del gran libro que es A y de la basura que es B”.



