Isaiah Berlin

16 de diciembre de 2007

Isaiah Berlin en México

Letraslibres traduce en su edición de diciembre las cartas que Isaiah Berlin escribió a partir de su viaje a Cuernavaca y que aquí habíamos comentado brevemente. A su anfitriona en México le escribe una nota de agradecimiento en donde escribe:

Isaiah_berlinRegresé inundado por las más contradictorias emociones acerca de México y los mexicanos; me parecieron mucho más oscuros y violentos de lo que esperaba, llenos de superstición y auténtica barbarie medieval, y con temperamentos más intensos y una vida interna más secreta que los alegres, sonrientes y, supongo, frívolos latinoamericanos de otros países con los que uno se encuentra en Washington. Obviamente, la tierra en México es muy rica y exuberante y la vegetación muy abundante, pero las expresiones en los rostros de la gente me parecían más bien atemorizantes. Podía respetarlos y admirarlos, pero creo que nunca llegaría a sentirme cómodo entre ellos. Cuán luminosa y civilizada es la vida en Casa Mañana; oh, y el placer de permitirse leer libros y platicar sobre cualquier tema sin un perpetuo sentimiento de culpa por descuidar los ilegibles reportes oficiales que se acumulan en mi escritorio. De verdad, le estaré siempre agradecido.

Las cartas provienen del primer volumen de su epistolario que fue publicado hace un par de años, compilado por Henry Hardy, su ejemplar editor, quien también contribuye en Letraslibres con una semblanza del liberal.

18 de noviembre de 2007

Isaiah Berlin y el liberalismo latinoamericano

Berlin_1954_2Hace diez años murió Isaiah Berlin. Enrique Krauze lo recuerda en su artículo de hoy. Krauze trae a la memoria su conversación con Berlin hace más de veinticinco años, en Oxford. Su convicción es que la lectura de Berlin puede ser un antídoto eficaz contra el nuevo antiliberalismo latinoamericano.

Sí y no. En Berlin pueden encontrarse herramientas para defenderse de la adulteración ideológicas de la libertad y de las coartadas de una supuesta necesidad histórica. Pero en su trabajo hay también rasgos de un enfoque cultural que puede caminar, más bien, en sentido contrario. El episodio que lo puede ejemplificar es, curiosamente, la conclusión que extrae de su breve visita a Cuernavaca. En el primer volumen de su epistolario se incluyen un par de cartas sobre su visita a México. Berlin cuenta que le gustó la vegetación mexicana pero que le aterró la mirada de sus pobladores. Nunca me sentiría a gusto aquí, escribió. Berlin veía la tierra mexicana como inhóspita para la libertad. Un país "lleno de crueldad y de imaginación bárbara" no era sitio para liberales. Pensaba que el liberalismo era una planta inglesa que necesitaba siglos de cultivo. No todos los climas podrían recibir esa vegetación de tolerancia, leyes, votos y moderación. El liberalismo era para los liberales.

20 de agosto de 2007

El rescate de la prudencia

No son frecuentes los ejercicios de autocrítica. Si son raros en la política, son quizá más extraños en el terreno intelectual. Los pavorreales no acostumbran reconocer despistes, equivocaciones, necedades. Al intelectual, tanto como al político, suele perderlo la necedad. Si a éste lo ciega la ambición, aquel se aferra con igual celo a la Idea. Sus libros, su teoría, su alegato pueden convertirse fácilmente en ideología: trampas del pensamiento. Petulantes colchones para dejar de pensar; prejuicios para no fastidiarse con de la reflexión. Para juzgar vale simplemente insistir en el criterio previo. El esfuerzo intelectual se reduce entonces a acomodar la realidad de tal forma que siempre confirme nuestra sabiduría.

Ignatieff_2_2Quizá por eso llama la atención el mea culpa de Michael Ignatieff. Hace unas semanas el ensayista canadiense metido a político publicó en el New York Times un largo artículo en el que reconoce su equivocación sobre la ocupación de Irak. El país lo publicó inmediatamente después. Ignatieff fue uno de los intelectuales que respaldó la intervención militar con razones humanitarias. Más que tratarse de un ataque preventivo, era a su entender una intervención democratizadora. Estaba convencido de que había que actuar para terminar con una política genocida. Independientemente del armamento del dictador, el ensayista canadiense justificaba la acción militar como el último recurso para remover a Sadam Hussein.

Ignatieff reconoce hoy que su respaldo a la guerra fue un error. Emplea el caso para reflexionar sobre la naturaleza de la inteligencia política. Regresa así a plantearse preguntas clásicas: ¿qué significa la razón para el actuar político? ¿Cuáles son sus parámetros, sus fuentes, sus límites? ¿Es peculiar el razonamiento de un estadista?
Para leer el artículo completo...

Algunos libros de Ignatieff:

7 de agosto de 2007

Berlin y el juicio político

Berlin_1954El ensayo del que parte la reflexión de Ignatieff es "Sobre el juicio político" de Isaiah Berlin. Berlin pronunció una conferencia sobre el tema el 19 de junio de 1957 en sus charlas de la BBC. Se mantuvo inédita durante años hasta que Henry Hardy la recuperó para que se publicara en The New York Review of Books. Vuelta publicó la traducción de Juan Almela en noviembre de 1996. Por alguna razón no se encuentra en el magnífico archivo que mantiene Letraslibres. He podido recuperar el texto y escanearlo. Aquí está "Sobre el juicio político."

Jesús Silva-Herzog Márquez

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