Izquierda

29 de abril de 2008

Algo faltó

Algo faltó en el discurso reciente de López Obrador en el zócalo para festejar el bloqueo de la iniciativa petrolera. No es que fuera muy parco en sus definiciones del amor. No hubo una sola propuesta. Marco Rascón lo pone así:

López Obrador, visto de cierta manera, es ya un personaje simpático en esta larga tragicomedia, pues es incluso más importante que Pemex y el petróleo que defiende. Lo que es aberrante e inexplicable es el sometimiento de militantes, dirigentes e intelectuales que transitaron por la izquierda y se formaron en el pensamiento crítico y la vocación democrática, y que ahora ceden y se subordinan a las formas más intolerantes y autoritarias del personalismo, bajo la idea de que ahora sí, los fines justifican los medios. Para ellos sí recae una grave responsabilidad cuando se ve el resultado del seguidismo y el país que se está formando gracias al vacío opositor de la izquierda.

24 de abril de 2008

Desacuerdos

Adolfo Sánchez Rebolledo publica hoy un interesante artículo en La jornada en el que rebate la idea del conservadurismo de nuestra izquierda.

Invocar el pensamiento conservador del pasado para combatir a los adversarios del presente es una de esas típicas salidas sin imaginación a las que son tan afectos algunos intelectuales críticos de la izquierda. En el afán de probar el falso progresismo de las izquierdas recurren al viejo recurso de eludir los contextos para quedarse en las similitudes formales de las analogías históricas: no les importa el ropaje con el que visten sus afirmaciones, sino el efecto entre sus lectores. Se acusa a la izquierda de reinventarse, para el caso de la reforma petrolera, una causa sustentada en el reconocimiento de un absoluto –la nación–, equiparable a la afirmación de la religión en el pensamiento conservador. Pero el intento es desmesurado, si de lo que se trata es de a) apuntalar con el beneficio de la duda la reforma enviada por el gobierno, y sobre todo por la pretensión de b) denunciar (en nombre de la izquierda ideal con la cual Calderón en sueños juguetea) el conservadurismo antidemocrático de los partidos que tomaron la tribuna del Congreso.

El artículo de Sánchez Rebolledo merece una lectura atenta, pero sigo pensando que el impulso crucial de nuestra izquierda partidista es más la resistencia que la reforma y que su mirada está más en orgullos de identidad histórica que en estrategias para enfrentar el futuro. No sé si mi argumento sobre el carácter conservador de la izquierda mexicana sea una "salida sin imaginación". Es la sugerencia de que el espejo en el que quiere verse no corresponde a sus nociones cruciales ni a sus estrategias. Creo, con Giddens, que frente al eje que separa la izquierda de la derecha hay que trazar también un eje que separe modernización de conservadurismo. ¿Nuestra izquierda es modernizadora? Vuelvo a citar lo que dice el sociólogo inglés:

Modernización significa elaborar políticas que nos permitan adaptarnos a un mundo distinto del anterior, en el que la globalización es el principal motor del cambio. Y ya no tiene por qué identificarse a la derecha política con el conservadurismo. Puede haber modernizadores de derechas; Sarkozy es un ejemplo perfecto. El futuro de la izquierda en Francia, dije, pero también en general, está en adoptar la modernización; en otras palabras, en elaborar políticas que nos ayuden a preservar y profundizar los valores de izquierdas en la era de la globalización. Tenemos que convencer a los conservadores de izquierdas de que avancen hacia la modernidad.

¿No es válido este planteamiento para nuestra izquierda también? Yo creo que sí.

Discrepo también de la filiación que hace Sánchez Rebolledo de las políticas de apertura. Dice él que la reacción antiestatista fue impulsada por "el gobierno, el empresariado, el Departamento de Estado y las trasnacionales." ¿Antiestatismo de derecha, estatismo de izquierda? El simplismo de la contraposición me parece propio de otro tiempo y le hace un flaco servicio a las izquierdas contemporáneas en el mundo y, en particular, en América Latina. Pasa por alto la crítica de muchas izquierdas a cierto intervencionismo estatal y su éxito para combinar apertura económica con una intensa política social.

Sánchez Rebolledo también pide seriedad en las palabras. Dice que "se secuestran personas y vehículos con violencia." No solamente. La amenaza de la violencia o cualquier intimidación puede servir para retener a alguien (o algo) indebidamente. Si la palabra se usa para aludir a personas raptadas, puede emplearse también para espacios: se secuestra una tribuna cuando se le retiene indebidamente para exigir que se actúe de acuerdo a la voluntad de quienes la ocupan. Tampoco cree válida la referencia al golpismo. Coincide en ese sentido con lo que escribía ayer Héctor Aguilar Camín. Es excesivo hablar de golpismo cuando el Congreso no ha desaparecido, dicen. Cierto. Hay que matizar la expresión. Los ocupantes de la tribuna no han suplantado al Congreso ni están dictando leyes de acuerdo a la voluntad del FAP. Pero lo que observamos como si fuera una nimiedad es una especie de golpismo rutinario, aparentemente inofensivo y ya confundido con los usos parlamentarios, que impide la deliberación y la decisión de los órganos constitucionales. Se trata del bloqueo ilegal del régimen constitucional. Insisto: ¿cómo nombraríamos un operativo del PAN y sus aliados que bloqueara la discusión y la decisión frente a la despenalización del aborto? ¿Libre manifestación de las ideas?

9 de septiembre de 2007

Izquierda - derecha; modernización - conservadurismo

Anthony Giddens sugiere identificar un eje ideológico, tan importante como la línea que separa izquierda y derecha. Se refiere a la oposición entre modernización y conservadurismo.

La división entre derecha e izquierda sigue teniendo sentido. Una persona de izquierdas cree en el progresismo -que podemos influir en la historia para mejorarla-, la solidaridad -una sociedad en la que nadie se queda fuera-, la igualdad -reducir las desigualdades es beneficioso para toda la sociedad-, la necesidad de proteger a los más vulnerables y la idea de que para lograr esos objetivos son necesarios el Estado y otras instituciones públicas. Sin embargo, en un mundo en cambio constante, existe otra dimensión igual de importante, la de la modernización contra el conservadurismo.

Modernización significa elaborar políticas que nos permitan adaptarnos a un mundo distinto del anterior, en el que la globalización es el principal motor del cambio. Y ya no tiene por qué identificarse a la derecha política con el conservadurismo. Puede haber modernizadores de derechas; Sarkozy es un ejemplo perfecto. El futuro de la izquierda en Francia, dije, pero también en general, está en adoptar la modernización; en otras palabras, en elaborar políticas que nos ayuden a preservar y profundizar los valores de izquierdas en la era de la globalización. Tenemos que convencer a los conservadores de izquierdas de que avancen hacia la modernidad.

Mientras el PRD se proclama orgullosamente socialista--sin tomarse, por supuesto la molestia de explicitar qué entiende por socialista, Giddens lo da por muerto: el socialismo es un proyecto muerto. Se basaba en el remplazo de los mecanismos de mercado y la superación del capitalismo.

Los libros más recientes de Giddens son Europe in a Global Age y Over to you, Mr. Brown, un instructivo para la conservación del poder laborista.

Jesús Silva-Herzog Márquez

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