libro

Reseñas:

LA IDIOTEZ DE LO PERFECTO

ARMANDO GONZÁLEZ TORRES

Silva-Herzog Marquez, Jesús, La idiotez de lo perfecto. Miradas a la política, México, Fondo de Cultura económica, 2006.

¿Cómo enfrentaron ciertos intelectuales contemporáneos las esperanzas y monstruosidades de su época, sus propias oscuridades y demonios?. Entre la historia de las ideas y la estampa literaria La idiotez de lo perfecto es un emotivo acercamiento a un elenco intelectual heterogéneo, forjado en diferentes circunstancias y disciplinas, que, sin embargo, enfrentó tribulaciones similares y ofreció respuestas ejemplares. Este elenco está formado por el abogado del nazismo Carl Schmitt; el heterodoxo profesor inglés Michael Oakeshott; el filósofo italiano Norberto Bobbio; el historiador de las ideas Isaiah Berlin y el poeta Octavio Paz. Silva-Herzog ofrece una informada introducción a la obra de estas figuras, pero, sobre todo, con agudeza narrativa, describe atmósferas sociales e intelectuales, traza personajes vivos y contradictorios e invita a atestiguar determinadas elecciones vitales, que marcan la trayectoria y el legado moral de estos autores.

El primer retrato corresponde a Carl Schmitt (1888-1985) el teórico del gobierno totalitario, cuyo antiliberalismo nace tanto de las circunstancias de caos que le toca vivir en la República de Weimar, como de un heroísmo trágico y pesimista que exalta el conflicto y la guerra como única fuente de sentido, pues, en un entorno sin enemigos, sin desafíos extremos, la vida carece de heroicidad. Esta concepción agonista de la existencia vuelve a Schmitt un adversario del liberalismo y lo hace abogar por una democracia orgánica que, en su opinión, sólo garantiza una dictadura capaz de imponer y encauzar una unívoca voluntad social. Tras la sevicia de esta teoría, no sólo se encuentra un jurista sino un extraordinario antropólogo y psicólogo, capaz de explotar las vulnerabilidades y expectativas más ocultas de su auditorio.

Michael Oakeshott (1901-1991) , el excéntrico profesor de Oxford, autor de un puñado de ensayos luminosos sobre el arte de la política, es el protagonista del segundo retrato. Oakeshott promueve un arte de la conversación donde no se gana ni se pierde tajantemente, sino que se escucha al otro y uno puede quedarse con sus propios argumentos. En un tiempo de ideólogos, Oakeshott parte entonces de un sereno escepticismo optimista que no espera mucho del hombre y entiende la política como un método casuístico, cuyo éxito se basa en la duda metódica, la valoración meticulosa de las circunstancias y la modestia para buscar, más que soluciones o situaciones ideales, opciones viables.

Norberto Bobbio (1909-2004), el tercer retrato, es un rostro maculado pero ennoblecido por la flaqueza. Como recuerda Silva-Herzog, hace unos años fue revelado con escándalo que, encarcelado en su época estudiantil, el joven antifacista Bobbio había pedido perdón a Mussolini ratificando su fe

y prosapia fascista. Más allá del titubeo moral, esta debilidad, sugiere el autor, revela una virtud: su indecisión lo encamina, en medio de la polarización, a una solución de equilibrio. Quizá por eso Bobbio se empeña en dar cuerpo teórico a un socialismo liberal fincado en un sólido entramado liberal y en la convicción de que la democracia, con todas sus imperfecciones, es el único remedio contra la dictadura.

Isaiah Berlin (1908-1997), el cuarto convocado a esta galería, es el autor de un texto filosófico clásico sobre la libertad y, como historiador, rescató una genealogía fundamental en la historia de las ideas modernas. Si, como historiador, Berlin se interesa fundamentalmente por sus antípodas románticos o reaccionarios y con ello traza un fresco de los subterráneos del pensamiento contemporáneo, como filósofo su conocido concepto de la libertad negativa, reactiva y defensiva, contrapuesto a la libertad positiva, activa y, a menudo, doctrinaria da lugar a un liberalismo que preserva, antes que nada, la persona y el ámbito privado.

Finalmente, Silva-Herzog Márquez traza un retrato del perfil político de Octavio Paz (1914-1998). Para el autor, la poesía con su polivalencia, milita naturalmente contra el pensamiento unívoco, de ahí este rechazo instintivo de Paz a los dogmas políticos y su búsqueda permanente de reconciliar fenómenos aparentemente irreductibles, mediante una forma de razonamiento, argumentación e imaginación capaz, como la metáfora, de mirar y hacer convivir ámbitos distintos de la realidad. No es extraño, añade, que Paz persiga gran parte de su vida la unión entre libertad e igualdad y si, como defensa frente a la radicalización, se adhiere al liberalismo democrático, advierte las muchas preguntas fundamentales que deja sin responder y las muchas necesidades sin atender.

La idiotez de lo perfecto es un libro que no aspira a la monografía o al panegírico, sino que es una bitácora de lectura personal que, con pasión, a veces hasta con un temperado intento de lirismo, describe fortalezas y debilidades, grandezas y mezquindades, ideas útiles o posturas rebasadas. Con estas instantáneas de la vida, la obra y las tribulaciones de cinco intelectuales eminentes, Silva-Herzog Marquez fortalece un alegato contra las ideas de predestinación histórica e infalibilidad de la teoría traducidas en discursos inflexibles o iluminados, que desdeñan a la democracia y a las libertades individuales como rémoras que atrasan un inevitable devenir. Por eso, estos retratos exaltan ideas, pero sobre todo actitudes de valentía y autocrítica, pues, con la excepción del tentador romanticismo de Schmitt, los pensadores convocados dudan de la perfectibilidad de la condición humana y, acaso, enfrentan sus mayores luchas consigo mismos y con esa ansia de certeza y absoluto que sedujo a tantos intelectuales de su tiempo.