Literatura

6 de julio de 2008

Cuartos de escritura

Instrumentos de escritura; basureros y tijeras; fotografías y ventanas. The Guardian publica una carpeta de los cuartos de grandes escritores ingleses. Aquí el lugar donde George Bernard Shaw se escondía de la gente para poder fastidiarla.

Shaw_cuarto

8 de mayo de 2008

Tomás Segovia sobre El arco y la lira

Revista_mexicana"Entre la gratiudad y el compromiso", la lectura que Tomás Segovia hizo de El arco y la lira, publicada en la Revista mexicana de literatura en su edición de noviembre - diciembre de 1956, puede leerse aquí. "La poesía en la que yo creo ... (nos gusta) como nos gustan las personas. No es como una piedra (aunque fuese diamante), sino como una mirada."

23 de enero de 2008

Los 80 de Ibargüengoitia

IbargengoitiaJorge Ibargüengoitia habría cumplido 80 años el día de ayer. En Letraslibres se publica un inédito suyo con un comentario de Guillermo Sheridan. Rafael Pérez Gay recuerda sus artículos de Excélsior: "una bofetada a la solemnidad, al exceso vanidoso de los personajes públicos, una evasión de ese mundo repleto de gente poseída por altas misiones del espíritu." En su evocación, Javier Aranda recoge su respuesta frente a la obvia pregunta sobre el humor: (el humor" es algo que yo, francamente, no sé qué es. El término ‘comedia’, por ejemplo, significa algo muy concreto: se trata de una visión parcial de las cosas, de ver la realidad en un sesgo en el que todo es un poco grotesco y presentarlo como tal. La comedia supone una simpatía del escritor con el personaje. La sátira es otra cosa: el escritor odia al personaje y lo presenta como una piltrafa. Pero el humorismo no sé qué es. Un señor que hace chistes no me interesa. Sé que ciertas cosas son chistosas, y puedo hacer chistes, pero no me parece que la risa tenga ninguna virtud ni que sea una ventaja. Lo que a mí me interesa es presentar la realidad, y si la presentación puede ser chistosa está muy bien."

En la red he ubicado este retrato de García Ponce, otro (exprés) de José de la Colina, y una estupenda entrevista con Aurelio Asiain y Juan García Oteyza. De ahí, esta idea de la ausencia de política en México:

La política mexicana no es política. Aquí hay una estructura que no corresponde a la de ningún otro lado. Tenemos la misma situación desde hace años: el pueblo sufre siempre, el gobierno trata de protegerlo y los ricos son los malos. Los papeles no han cambiado nunca. Al pueblo se le han hecho toda clase de favores pero sigue siendo el pueblo y se sigue muriendo de hambre. Los ricos siguen siendo los malos pero también siguen siendo los ricos. El  gobierno sigue siendo el protector del pueblo... y así es la vida. El señor que tiene un puesto en el gobierno cobra por defender al pueblo y el pobre paga porque lo defienda el rico que está en el gobierno. Es un teatro. Pero no tiene nada que ver con lo que podría llamarse política. Sería política si, por ejemplo, los problemas se discutieran públicamente, como se hace en otros países.

7 de diciembre de 2007

Jean Daniel sobre Camus

Jean Daniel escribe en El país de hoy un apunte sobre la contemporaneidad de Camus a 50 años de que recibiera el Nobel.

Camus no previó ninguno de los cambios del mundo que quería esforzarse en conservar. Ni el retorno del fanatismo religioso, ni la mundialización del terrorismo, ni las transformaciones de la expresión del pensamiento bajo los efectos de las tecnologías de la informática, ni la ambición humanitaria que puede conducir a una guerra en nombre del bien (¿qué habría hecho su doctor Rieux, que, en La peste, cuidaba a los incurables, ante la guerra de Irak?). Eso no impide que la influencia de Camus haya sido considerable, aunque, no obstante, sus huellas se perciban sólo ahora. El combate contra el absoluto, la rebelión a escala humana, la aceptación de que el hombre debe acometer su oficio de hombre sin la certeza del éxito ni promesas de salvación, son ideas que alimentan más o menos directamente la obra de numerosos pensadores y ensayistas de todos los países.

14 de noviembre de 2007

El boxeador

Mailer_ali

Con Norman Mailer muere uno de los más grandes personajes literarios de la escena estadounidense. Hablo de personaje literario, subrayando la enormidad de su figura pública. Era un famoso admirado y repudiado, un megalómano provocador, una institución del antiestablishment que escribió novelas y reportajes, dirigió películas, bebió mucho, fumó de todo, jugó a ser político y estuvo a punto de matar a una de sus esposas. No le faltó talento pero el personaje riñó con ventaja sobre el escritor.

Era un enamorado del más cruel, el más primitivo de los deportes, el box. El espectáculo de dos hombres casi desnudos que se cuecen a golpes con la intención de dejar al otro medio muerto, le parecía una ceremonia sublime. Durante su juventud fue boxeador y nunca dejó de ver la vida como algo que sucede dentro de un ring para aniquilar a otro. Su prosa, como su vida, quedó escrita con puño cerrado. En ocasiones su golpe fue terriblemente destructivo: un palo seco capaz de tumbar un árbol. En muchas otras falló ostentosamente, rozando el ridículo. Louis Menand en un boceto reciente apuntaba que había sido "inmodesto en sus fracasos y modesto en sus éxitos". El box le servía como abreviatura de una especie de inclinación religiosa que contaba entre sus devotos a D. H. Lawrence y a Hemingway. Espiritualidad de la lucha y la sangre. En un reportaje extraordinario describió la muerte de un boxeador en el ring. Mailer narra la hipnosis del momento en que la golpiza se vuelve asesina. El aroma de la muerte volando musicalmente por el aire. Los golpes, el sudor, la caída formaban parte de un ritual místico. "Era una religión más antigua, más primitiva, una religión de sangre, una religión asesina y sensible que se burla del esfuerzo del entendimiento por aproximarse a ella". Una liturgia que desafiaba el frío orden del cálculo y el plástico.
Para leer el artículo completo...

13 de noviembre de 2007

Sobre Norman Mailer

MailerLos obituarios del New York Times, de The Guardian, del London Times, Los Angeles Times, el Village Voice, The Nation, Financial Times. Me parece que la mejor nota necrológica es la publicada en el Telegraph. El New Republic recupera de sus archivos el largo diálogo de la revista con el provocador. Slate hace lo mismo. También se han publicado retratos veloces de Christopher Hitchens, Louis Menand, Jorge Herralde, Eduardo Lago, Barbara Probst Slomon, Joan Smith, Mark Lawson, Pedro Aguirre, Rafael Pérez Gay, José Woldenberg, Kasia Boddy, The Economist, Juan Villoro.

8 de octubre de 2007

La conspiración de los zombies

La prensa comenta la intervención de Mutis en un evento de la Casa de América. Por lo que registra El país, la intervención del poeta colombiano es una variación al tema que abordó en Zacatecas durante el Primer Congreso de la Lengua, por abril del 97, y que vale la pena rescatar.

MutisJamás en su vida sobre la tierra el hombre ha vivido más solo, más aislado de sus semejantes, más vejado por sus propios inventos destinados a borrar en él hasta el último rasgo de humanidad, como en este tiempo donde se pregonan las supuestas virtudes de una comunicación que constituye, hoy en día, el más grave atentado, el más brutal y eficaz, contra la condición humana que conmovía a Malraux. Hasta no hace mucho tiempo, menos de un siglo, el hombre solía comunicarse con sus congéneres gracias al impacto directo de su voz viva, al calor de su piel, al fulgor de sus ojos, al aura de sus humores. Ninguna de estas herramientas de relación suelen ser propensas a la mentira y al engaño institucionalizado que usan hoy los medios electrónicos sin medida ni pausa, sin la menor consideración por esa intimidad que cada hombre guarda en su interior para ofrecerla como una prueba de amor o como un argumento para afirmar su ser en el mundo -su sein im der Welt - del que habló Heidegger. Toda razón que se trata de esgrimir en favor de esta conspiración de aparatos que comienzan ya a intentar sentir y expresarse por nosotros, no me parece válida frente al daño irreparable que nos causan.

El texto completo aquí.

4 de octubre de 2007

Rumores de Nobel

El blog de libros del New York Times adelanta nombres para el nobel literario. Vaticina que, si un latinoamericano lo gana, tendrá que ser en pareja.

28 de junio de 2007

Sobre Amos Oz

David Remnick, en la gran tradición del perfil del New Yorker, recuerda que, en los años noventas, cuando Shimón Peres pensaba retirarse del Partido Laborista, pensó que Amos Oz podría ser su sucesor. "He gobernado a mi país en mi cabeza desde niño," comenta el escritor. "Pero tengo una incapacidad física: no puedo pronunciar las palabras 'sin comentarios'. ¿Cómo podría ser político?"

En el discurso que pronunció al recibir el Premio Goethe, reflexiona sobre el "inconfundible olor" del mal.

Así como es enormemente difícil definir la verdad, pero muy fácil detectar una mentira, a veces puede resultar difícil definir el bien, pero el mal desprende un olor inconfundible; cualquier niño sabe lo que es el dolor. Por consiguiente, cada vez que causamos dolor a otra persona de manera deliberada, sabemos lo que estamos haciendo. Estamos haciendo el mal. Sin embargo, los tiempos modernos han cambiado todo eso. Han difuminado la clara distinción que hacía la humanidad desde su más tierna infancia, desde el Edén. En algún momento del siglo XIX, no mucho después de que muriera Goethe, entró en la cultura occidental una nueva forma de pensamiento que dejaba de lado el mal, que incluso negaba su existencia. Aquella innovación intelectual se llamaba Ciencia Social. Para los nuevos practicantes de la psicología, la sociología, la antropología y la economía, seguros de sí mismos, exquisitamente racionales, optimistas y totalmente científicos, el mal no tenía importancia. En realidad, tampoco la tenía el bien. Todavía hoy, algunos especialistas en ciencias sociales, sencillamente, no hablan del bien ni del mal. Para ellos, todas las razones y acciones humanas son consecuencia de las circunstancias, que muchas veces se escapan a nuestro control. "Los demonios", decía Freud, "no existen, del mismo modo que no existen los dioses; no son más que productos de la actividad psíquica del hombre". Estamos dominados por nuestro entorno social. Desde hace unos 100 años nos dicen que sólo nos mueve el interés económico, que somos meros productos de nuestras culturas étnicas, que no somos más que marionetas de nuestros propios subconscientes.

Ahí regresa al tema del fanatismo y la literatura: "En mi opinión, imaginar al otro es un potente antídoto contra el fanatismo y el odio. Creo que los libros que nos hacen imaginar al otro pueden hacernos más inmunes contra las estratagemas del mal, el Mefisto del corazón. (...) Imaginar al otro no es una mera herramienta estética. Es además, a mi juicio, un imperativo moral fundamental. Y, sobre todo, imaginar al otro es un placer humano profundo y muy sutil."

Vargas Llosa y David Grossman celebran el premio. José Gordon relata un encuentro con él. Una entrevista con Isabel Turrent publicada en Letraslibres, otra publicada por el abc y otra más publicada por El país.

27 de junio de 2007

Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias

Oz_pyke
Amos Oz, visto por Steve Pyke

Se ha anunciado el otorgamento del Premio Príncipe de Asturias de las Letras al escritor israelí, Amos Oz. Cuando recibió el Premio de los libreros alemanes distinguió el impulso del narrador y del polemista:

Cuando me doy cuenta de que estoy de acuerdo conmigo mismo en un cien por ciento, no escribo un relato: escribo un airado artículo diciéndole a mi gobierno qué hacer, a veces le digo a dónde ir (y no es que me escuhe). Pero si encuentro más de un argumento dentro de mí, más de una sola voz, ciertas veces sucede que las distintas voces se desarrollan hasta convertirse en personajes y entonces sé que en mí se gesta un relato. Escribo narraciones precisamente cuando puedo participar de varias exigencias antagónicas, de diversas posturas morales y de posiciones emocionales contradictorias.

En su ensayo Contra el fanatismo advierte la sorpresa de que al siglo XX lo ha seguido el siglo XI. El escrito es una sugerente apología de la traición, esa disposición a entender que el mundo no es blanco y negro. Frente al fanático, el traidor se abre ante la ambivalencia y las contradicciones de la vida.

Oz_fanatismoSólo el que ama puede convertirse en traidor. Traición no es lo contrario de amor; es una de sus opciones. Traidor--creo-- es quien cambia a ojos de aquellos que no pueden cambiar y no cambiarán, aquellos que odian cambiar y no pueden concebir el cambio, a pesar de que siempre quieran cambiarle a uno. En otras palabras, traidor, a ojos del fanático, es cualquiera que cambia. Y es dura la elección entre convertirse en fanático o convertirse en traidor. No convertirse en fanático significa ser, hasta cierto punto y de alguna forma, un traidor a ojos del fanático. Yo he hecho mi elección y este libro es una prueba fehaciente de ello.

9 de mayo de 2007

Una carta desde la muerte

Vallejo_2 Fernando Vallejo se declara muerto desde hace años. "Creemos que existimos pero no, somos un espejismo de la nada, un sueño de basuco, (crack)" escribió en La virgen de los sicarios. Hace unos días renunció al país que tanto le duele, le ofende, le indigna. El "Céline de la violencia latinoamericana," como llamó Christopher Domínguez a Vallejo, se despide de la "mala patria" con otro arrebato de su arte insultativo:

A México llegué el 25 de febrero de 1971, vale decir hace 36 años largos, más de la mitad de mi vida, a los que hay que sumarles un año que viví antes en Nueva York. ¿Y por qué no estaba en Colombia durante todo ese tiempo? Porque Colombia me cerró las puertas para que me ganara la vida de una forma decente que no fuera en el gobierno ni en la política, a los que desprecio, y me puso a dormir en la calle tapándome con periódicos y junto a los desarrapados de la Carrera Séptima y a los perros abandonados, que desde entonces considero mis hermanos.

En Jalapa, la capital del estado de Veracruz, por ejemplo, encontré calles que se parecían a las de los barrios de Belén y de la Candelaria de Bogotá, y allí filmé algunas secuencias. Con actores y técnicos mexicanos, con dinero mexicano e infinidad de tropiezos logré hacer en México mi película colombiana a la que Colombia se oponía, soñando que la iban a ver mis paisanos en los teatros colombianos. ¿Saben entonces qué pasó? Que mi mezquina patria la prohibió aduciendo que era una apología al delito. Una apología al delito que se basaba en hechos reales que en su momento la opinión pública conoció y que salió en todos los periódicos; la del final de los dos hermanos Barragán, unos muchachitos a los que la policía masacró en un barrio del sur de Bogotá.

A cuantas instancias burocráticas apelé, empezando por la Junta de Censura y acabando en el Consejo de Estado, la prohibieron. Nadie en Colombia, ni una sola persona, levantó su voz para protestar por el atropello, que no era sólo a mí sino al sueño de todos los cineastas colombianos, quienes por lo demás, sea dicho de paso, también guardaron silencio.

Como yo soy muy terco volví a repetir el intento con mi segunda película colombiana, En la tormenta, sobre el enfrentamiento criminal entre conservadores y liberales en el campo cuando la época llamada de la Violencia con mayúscula, y con igual resultado: no me la dejaron filmar, la tuve que hacer en México y me la prohibieron, aduciendo que el momento era muy delicado para permitir una película así. Como yo sólo quería hacer cine colombiano y no mexicano, ni italiano, ni japonés, ni marciano, desistí del intento. En alguno de mis libros, aunque ya no me acuerdo en cuál, conté todo esto pero con más detalle: los camiones de escalera y los pueblitos colombianos que tuve que construir, los platanares y cafetales que tuve que sembrar en las afueras de la ciudad de México, los ríos quietos como el Papaloapan que tuve que mover para que arrastraran los cadáveres de los asesinados con la ira del río Cauca, la utilería que tuve que mandar a hacer o traer de Colombia a México, como las placas de los carros y las botellas de cerveza...

Nunca acabaría de contarte cosas. Te lo resumo en una sola frase: Colombia, la mala patria que me cupo en suerte, acabó con mis sueños de cineasta. Entonces me puse a escribir y durante diez años investigué, día tras día tras día, en un país o en otro o en otro, en bibliotecas y hemerotecas de muchos lados, sobre la vida de Barba Jacob, mi paisano, el poeta de Antioquia, que durante tantos años vivió en México y que aquí murió, y acabada mi investigación de diez años en uno más la escribí y me puse a buscar quién la editara. Se acercaba el año 1983, el del centenario del nacimiento de Barba Jacob, y el Congreso colombiano se interesaba en ello. No creían lo que yo les contaba del poeta ni los años que llevaba siguiéndole sus huellas. Me pidieron que les mandara pruebas y les mandé entonces fotos e infinidad de documentos. Nada de eso me devolvieron, con todo se quedaron y el libro lo pensaban publicar en mimeógrafo. Les contesté que eso no sólo no era digno de Barba Jacob, un gran poeta, sino de ellos mismos, unos aprovechadores públicos que se designaban como el Honorable Congreso de la República. Que se respetaran.

Entonces publiqué mi biografía Barba Jacob el mensajero en México, con dinero de amigos mexicanos. Cuantas veces me ha podido atropellar Colombia me ha atropellado. Hace un año me quería meter preso por un artículo que escribí en la revista SoHo señalando las contradicciones y las ridiculeces de los Evangelios.

Eso dizque era un agravio a la religión y me demandaron. ¡Agravios a la religión en el país de la impunidad! En que los asesinos y genocidas andan libres por las calles, como es el caso de los paramilitares, con la bendición de su cómplice el sinvergüenza de Álvaro Uribe que han reelegido en la presidencia. Desde niño sabía que Colombia era un país asesino, el más asesino de la Tierra, encabezando año tras año, imbatible, las estadísticas de la infamia.

Después, por experiencia propia, fui entendiendo que además de asesino era atropellador y mezquino. Y cuando reeligieron a Uribe descubrí que era un país imbécil. Entonces solicité mi nacionalización en México, que me dieron la semana pasada. Así que quede claro: esa mala patria de Colombia ya no es la mía y no quiero volver a saber de ella. Lo que me reste de vida lo quiero vivir en México y aquí me pienso morir.

Fernando Vallejo
México, 6 de mayo de 2007.

Jesús Silva-Herzog Márquez

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