Música

13 de febrero de 2008

La música en la capilla

Rothko_seagramEl último capítulo del recorrido de Simon Schama alrededor de los poderes del arte examina a Rothko. En los documentales que preparó para la BBC recoge la primera impresión que tuvo al ver los cuadros que iban a colgar de las paredes del restorán del Four Seasons. Con una narración envolvente, con precisión, profundidad y soltura cuenta en ese extraordinario documental que es The Power of Art, la historia de su búsqueda y sus hallazgos y el peso de sus angustias.

"El silencio es tan preciso," decía Rothko. Y quienes visitan su capilla oyen música. Conozco dos reacciones musicales al templo de Houston. La primera es una pieza de Morton Feldman, discípulo de John Cage. El quinto movimiento es bellísimo:

Morton FeldmanRothko Chapel 5

La otra lectura musical de la capilla es la canción de Peter Gabriel "Catorce pinturas negras." Tras los lamentos de un instrumento armenio, la voz evoca el dolor, el sueño y el cambio.

23 de diciembre de 2007

El concierto de navidad de los Blind Boys of Alabama

22 de diciembre de 2007

El oratorio de navidad de Saint-Saens

6 de noviembre de 2007

Contra el aislamiento de las músicas

Ross_ratliffAlex Ross, autor de The Rest is Noise; y Ben Ratliff autor de una guía de los 100 discos esenciales en la historia de jazz intercambian correos en slate sobre la música que no reseñan. La idea original era escapar de los barrotes profesionales y pensar sobre las muchas cuerdas de la música que los esnobs y los esclavos de lo popular se empeñan en mantener separadas. Ross habla del genio de Duke Ellington y de los giros de Radiohead; Ratliff sale con menos destreza de la excursión. Del intercambio brincan ideas sobre el sitio de la música en la cultura contemporánea y la incómoda situación de la representación musical o teatral en tiempos del ipod.

31 de octubre de 2007

Elogios para The Rest is Noise

Ross_rest_is_noiseExtraordinarios elogios colecciona el libro de Alex Ross, The Rest is Noise, una historia de la música del siglo XX o una historia del siglo XX a través de la música. Lo celebran The Economist, Terry Teachout en Commentary, Geoff Dyer en el New York Times Book Review, Alan Rich en LA Weakly, Jan Swafford en Wilson Quarterly, Susan Miron en el Christian Science Monitor, Hank Schteamer en el Time Out de Nueva York.

17 de octubre de 2007

Escuchar el siglo XX

Ross_the_rest_is_noiseAcaba de publicarse The Rest is Noise, un grueso volumen sobre la música del siglo XX. Una travesía por las búsquedas sonoras del siglo pasado que siguen siendo un mundo extraño. Mientras la literatura y la pintura de nuestro pasado reciente tienen una legión de admiradores, la música sigue resultando indigesta para muchos. La variedad de los hallazgos de este tiempo es asombrosa: desde la belleza más pura, hasta el más puro de los ruidos. El autor es Alex Ross, crítico de "música clásica" del New Yorker. A través del semanario ha ido entregando algunos capítulos. El retrato de Sibelius publicado en julio pasado es admirable, una buena introducción a la profundidad y la elegancia de Ross que combina el análisis de la composición, el boceto del artista, el paisaje del entorno. En su blog puede encontrarse el acompañamiento sonoro del texto. Breves extractos de piezas discutidas en el libro.

3 de octubre de 2007

De memoria, amor y música

Clive_wearingEn una edición reciente del New Yorker, la del 24 de septiembre para ser exactos, el famoso neurólogo Oliver Sacks detalla el caso más agudo de amnesia registrado por la ciencia. En 1985 Clive Wearing, músico y musicólogo inglés, fue atacado por una infección en el cerebro afectando sobre todo las regiones que controlan la memoria. Desde entonces, sus recuerdos apenas cubren unos segundos. Wearing es capaz de percibir y entender lo que observa, pero es incapaz de retener cualquier impresión por más de un pestañeo. Al parpadear aparece ante su mente un panorama totalmente nuevo. Su conciencia le ofrece una película discontinua en la que en cada cuadro aparece una imagen distinta, un paisaje sin vínculo alguno con la escena previa. No hay en el registro del espectador una imagen que anteceda la escena del presente. Antes del instante, un precipicio, una noche; la oscuridad. En cada fragmento de tiempo, Wearing piensa que ha despertado de un largo periodo de inconsciencia. En realidad, no tiene siquiera registro de haber estado despierto antes. “No he escuchado nada, no he tocada nada, no he olido nada. Es como estar muerto.” El futuro tampoco se anuncia en su cerebro. Una agonía interminable.

Dos plataformas lo mantienen por encima del abismo. Dos ligas con el mundo, dos puentes a la realidad: su mujer y la música. La presencia de Deborah, esposa de Clive, ha hecho tolerable una vida sin memoria. Ella es el único ser humano que recuerda. En cada encuentro –-y pueden ser incontables en una sola tarde—la reconoce perfectamente. Rodeado de extraños en un lugar extraño, el único rostro familiar es el de ella. Un hombre que siente miedo todo el tiempo, encuentra alivio al estar cerca de su mujer. En su ausencia no tiene registro de que existe pero, cuando aparece, es la cuerda de salvamento que sostiene una vida en el despeñadero. Ella ha dado cuenta de su experiencia en un libro de memorias de título certero: Hoy para siempre. Como relata, la supresión de los recuerdos no es capaz de borrar esa memoria emotiva escondida en otro sitio del cerebro. Tan devastadora amnesia es impotente, al parecer, de erradicar el amor.

La segunda plataforma es la música. Poco tiempo después de la enfermedad, Deborah empezó a cantar. Su marido de inmediato la siguió en perfecta sintonía. Cantaba. En seguida lo sentó al piano y se percató que podía tocar casi a la perfección. La memoria musical parecía intacta. Podía cantar, tocar el piano, dirigir un coro como lo hacía antes. El amnésico no recuerda que recuerda la música; no tiene por ello ningún impulso personal para tocar el piano. Pero, si alguien lo guía y lo incita, su memoria se echa a andar. No lo hace, por cierto, de modo mecánico, sino con gracia y sensibilidad. Al tocar el piano, al dirigir el coro, Clive se aviva. La pieza lo sostiene y lo anima. Pero al finalizar la pieza, cae de nuevo a la angustiosa zona de su extravío. No reconoce a nadie en el cuarto. El coro que segundos antes dirigía, resulta extraño. La ansiedad reaparece. La vida literalmente prendida de una melodía.

¿Qué explicación puede dar cuenta de esta vivacidad despertada por la música? Sacks, quien está por publicar un libro sobre los efectos neurológicos de la música (Musicophilia), sugiere que una melodía ofrece pasaporte a otra dimensión temporal. Una pieza no es una simple sucesión de notas, sino una totalidad compacta, orgánica. En la primera nota está el germen de la sinfonía completa. Será que Clive Wearing, incapaz de recordar o anticipar eventos, puede cantar y tocar el piano porque recordar música no es, en el sentido tradicional, recordar. “Recordar música, escucharla o tocarla, está totalmente en el presente.”

Un hombre perdido en la oscuridad más angustiosa tiene chispazos de vida. Se siente muerto al no recordar personas, sensaciones, ni ideas. Vive muerto sin poder imaginar futuro. Se recobra en relámpagos de vida. En compañía del amor o envuelto en música, el presente es pleno.

5 de septiembre de 2007

John Cage

John Cage cumpliría hoy 95 años. Frente al ruido, vale la pena acercarse a su pieza 4'33''. Aquí puede verse y oírse en la versión al piano de David Tudor.

No tengo nada que decir
y lo estoy diciendo
y eso es la poesía

John Cage

13 de junio de 2007

El intérprete como musa

Prieto_yoyo_ma_corto
En el retrato de Rostropóvich que Carlos Prieto publica en Letras libres de este mes, está el afecto del amigo y la admiración del colega. Prieto, músico de buena pluma, recorre la estaciones del gran violonchelista ruso. Su formación musical, su relación con Shostakóvich, sus posiciones políticas, sus conflictos con el régimen soviético, la admirable carta que escribió en defensa de Solyenitsin, su prolífica obra como intérprete y sus encargos como director de orquesta. Resalta también una faceta que sirve para ponderar no solamente la obra de Rostropóvich sino también la de Prieto y otros ejecutantes de genio. Me refiero al fomento de la creación, a la labor del intérprete que incita la creación, al ejecutante como destinatario y motivo de la composición. Es la obra del ejecutante que va más allá del cuidado y la propagación del gran tesoro musical para ser impulso de la invención, coautor, en cierto modo, de esa ruptura del silencio. No es el intérprete que saborea el fruto de la música sino el que lo planta.

Imposible imaginar la historia de la música sin esa fértil relación entre el compositor y el virtuoso.
Para leer el artículo completo...

27 de abril de 2007

Carta abierta de Rostropovich

A los editores en jefe de los diarios Pravda, Izvestia, Literaturnaya, Gazete y Sovetskaya Kultura.
Estimado Camarada Editor:

Ya no es ningún secreto que A. I. Solyenitsin vive gran parte del tiempo en mi casa cerca de Moscú. He visto cómo fue expulsado del Sindicato de Trabajadores--precisamente cuando trabajaba intensamente en una novela sobre el año de 1914. Ahora le han otorgado el Premio Nobel. La campaña que se ha desatado en los periódicos me obliga a escribirles esta carta.

En mi memoria, esta es ya la tercera ocasión en que un escritor soviético recibe el Premio Nobel. En dos de tres casos, hemos considerado la premiación como un "sucio juego político", pero en una ocasion como un justo reconocimiento del sobresaliente significado mundial de nuestra literatura. Si en su tiempo Sholokhov hubiera declinado el premio de las manos que se lo entregaron a Pasternak "por consideraciones de la guerra fría," hubiera entendido que ya no confíábamos en la objetividad y en la honestidad de los académicos suecos. Pero ahora resulta que selectivamente aceptamos el premio con gratitud y en ocasiones lo maldecimos. ¿Qué tal si la próxima vez premian al Camarada Kochetov? Por supuesto que tendría que ser aceptado. ¿Por qué, un día después de que se anuncia el premio a Solyenitsin, aparece en nuestros periódicos un extraño reportaje del corresponsal "X", como representante del secretariado del Sindicato de Escritores, para que todo el país (esto es, todos los académicos, todos los músicos, etc.), respalden activamente su expulsión del Sindicato? ¿Por qué Literaturnaya Gazeta selecciona de los numerosos periódicos occidentales solamente la opinión de los diarios americanos y suecos, rehuyendo los incomparablemente más populares medios comunistas como L'Humanité, Lettre Francaise y L'Unitá, por no hablar de los numerosos diarios no comunistas? Si consideramos a un tal crítico Bonosky, entonces debíamos considerar la opinión de escritores tan importantes como Böll, Aragon y Francois Mauriac. Recuerdo y quisiera recordarles cuánta tontería se publicaba en nuestros periódicos en 1948 sobre esos gigantes de nuestra música, Prokofiev y Shostakovich, que son ahora admirados. Por ejemplo:

"Los camaradas D. Shostakovich, S Prokofiev, V. Shebalin, N. Myaskovsky y otros--su música atonal y disarmónica es orgánicamente ajena al pueblo... trucos formalistas que surgen cuando hay una obvia ausencia de talento, pero mucha pretensión de innovar... rechazamos categóricamente la música de Shostakovich, Myaskovsky, Prokofiev. No hay armonía, no hay orden, no hay melodía."

...

¿No nos habrá enseñado el tiempo a aproximarnos con cautela a la destrucción de gente talentosa? ¿A no hablar en nombre del pueblo? ¿A no obligar a la gente a expresar como sus opiniones sobre lo que no han siquiera leído o escuchado? Recuerdo con orgullo que no fui a la reunión de los personajes de la cultura en la Casa Central de los Trabajadores de la Cultura donde B. Pasternak fue humillado y donde se esperaba que dirigiera un discurso que me habían "comisionado" pronunciar, criticando "Doctor Zhivago", novela que no había leído entonces.

En 1948 había listas de obras prohibidas. Ahora se prefieren las prohibiciones orales, aludiendo al hecho de que "existe la opinión" de que la obra no es recomendable. Es imposible establecer dónde está esa opinión y de quién es. ¿Por qué, por ejemplo, se prohibió cantar a Galina Vishnevskaya (la esposa de Rostropovich), en su concierto de Moscú, en el brillante ciclo de Boris Tchaikovsky, con letras de Brodsky? ¿Por qué se ha obstruído tantas veces el ciclo de Shostakovich a la poesía de Sasha Chyorny? ¿Por qué se dificultó la representación de las sinfonías 13 y 14 de Shostakovich?

Otra vez, aparentemente, "había cierta opinión." ¿Quién fue el primero en tener esa "opinión" de que era necesario expulsar a Solyenitsin del Sindicato? No logro aclarar esta cuestión, a pesar de lo mucho que me interesa. ¿Realmente se atrevieron cinco mosqueteros a proponerlo sin basarse en una "opinión"seria? Aparentemente, esa "opinión" impidió también que mis conciudadanos vieran Andrei Rubiyov, la película de Tarkovsky, que hemos vendido al extranjero y que tuve el gusto de ver entre parisinos maravillados. Obviamente, fue alguna "opinión" lo que también impidió la publicación de Pabellón de cáncer de Solyenitsin, a pesar de que ya había pasado a la imprenta de Novy Mir. De haber sido publicado aquí, habría sido posible discutirlo ampliamente para beneficio del autor y de los lectores.

No hablo de asuntos políticos o económicos de nuestro país. Hay gente que conoce de estos asuntos mejor que yo. Pero explíquenme, por favor, ¿por qué es tan frecuente en nuestra literatura que personas absolutamente incompetentes en este campo tengan la última palabra? ¿Por qué tienen el derecho de desacreditar nuestro arte a los ojos de nuestro pueblo?

Si recuerdo el pasado no es para quejarme sino para que, en el futuro--digamos dentro de veinte años--no tengamos que enterrar, avergonzados, los periódicos de hoy. Toda persona debe tener el derecho de pensar sin miedo, independientemente, y expresar su opinión sobre lo que sabe, sobre lo que ha pensado o vivido, y no simplemente a repetir alguna leve variación la opinión que le ha sido inculcada. Llegaremos a la reconstrucción sin trampas y sin ser aleccionados.

Entiendo que, a partir de esta carta, habrá sin duda una "opinión" sobre mí, pero no la temo. Digo abiertamente lo que pienso. El talento del que estamos orgullosos, no debe ser sometido a los asaltos del pasado. Conozco buena parte de la obra de Solyenitsin. Me gusta. Creo que busca el bien, a través de su sufrimiento por escribir la verdad, como la ha visto. No encuentro razón alguna para esconder mi actitud hacia él, cuando se lanza una campaña en su contra.

Moscú, 31 de octubre de 1970.

_____________

* Previsiblemente, ninguno de los cuatro periódicos publicó la carta. El New York Times la publicó el 16 de noviembre del mismo año. La apresurada traducción es de jshm

Rostropovich

Rostropovich2 "En estos tiempos hay demasiado énfasis en la perfección técnica y muy poco en aquello de lo que la música realmente trata--ironía, gozo, sufrimiento, amor."

Mistlav Rostropovich (1927 - 2007).

Jesús Silva-Herzog Márquez

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