Octavio Paz

13 de mayo de 2008

El viento ha muerto

Robert Rauschenberg murió ayer por la noche.

Raushenberg_2

En 1985 Octavio Paz escribió "Un viento llamado Bob Rauschenberg":

Paisaje caído de Saturno,
paisaje del desamparo,
llanuras de tuercas y ruedas y palancas,
turbinas asmáticas, hélices rotas,
cicatrices de la electricidad,
paisaje desconsolado:
los objetos duermen unos al lado de los otros,
vastos rebaños de cosas y cosas y cosas,
los objetos duermen con los ojos abiertos
y caen pausadamente en sí mismos,
caen sin moverse,
su caída es la quietud del llano bajo la luna,
su sueño es un caer sin regreso,
un descenso hacia el espacio sin comienzo,
los objetos caen,
          están cayendo,
caen desde mi frente que los piensa,
caen desde mis ojos que no los miran,
caen desde mi pensamiento que los dice,
caen como letras, letras, letras,
lluvia de letras sobre el paisaje del desamparo.

Paisaje caído,
sobre sí mismo echado, buey inmenso,
buey crepuscular como este siglo que acaba,
las cosas duermen unas al lado de las otras
-el hierro y el algodón, la seda y el carbón,
las fibras sintéticas y los granos de trigo,
los tornillos y los huesos del ala del gorrión,
la grúa, la colcha de lana y el retrato de familia,
el reflector, el manubrio y la pluma del colibrí,
las cosas duermen y hablan en sueños,
el viento ha soplado sobre las cosas
y lo que hablan las cosas en su sueño
lo dice el viento lunar al rozarlas,
lo dice con reflejos y colores que arden y estallan,
el viento profiere formas que respiran y giran,
las cosas se oyen hablar y se asombran al oírse,
eran mudas de nacimiento y ahora cantan y ríen,
eran paralíticas y ahora bailan,
el viento las une y las separa y las une,
juega con ellas, las deshace y las rehace,
inventa otras cosas nunca vistas ni oídas,
sus ayuntamientos y sus disyunciones
son racimos de enigmas palpitantes,
formas insólitas y cambiantes de las pasiones,
constelaciones del deseo, la cólera, el amor,
figuras de los encuentros y las despedidas.

El paisaje abre los ojos y se incorpora,
se echa a andar y su sombra lo sigue,
es una estela de rumores obscuros,
son los lenguajes de las substancias caídas,
el viento se detiene y oye el clamor de los elementos,
a la arena y al agua hablando en voz baja,
el gemido de las maderas del muelle que combate la sal,
las confidencias temerarias del fuego,
el soliloquio de las cenizas,
la conversación interminable del universo.
Al hablar con las cosas y con nosotros
el universo habla consigo mismo:
somos su lengua y su oreja, sus palabras y sus silencios.
El viento oye lo que dice el universo
y nosotros oímos lo que dice el viento
al mover los follajes submarinos del lenguaje
y las vegetaciones secretas del subsuelo y el subcielo:
los sueños de las cosas el hombre los sueña,
los sueños de los hombres el tiempo los piensa.

8 de mayo de 2008

Tomás Segovia sobre El arco y la lira

Revista_mexicana"Entre la gratiudad y el compromiso", la lectura que Tomás Segovia hizo de El arco y la lira, publicada en la Revista mexicana de literatura en su edición de noviembre - diciembre de 1956, puede leerse aquí. "La poesía en la que yo creo ... (nos gusta) como nos gustan las personas. No es como una piedra (aunque fuese diamante), sino como una mirada."

7 de mayo de 2008

Frente a las momias y el cascajo

Paz_cartas_a_segovia“El destino de los mexicanos es ser monumento público, momia o cascajo desparramado.” La frase aparece en una car ta de Octavio Paz escrita en Nueva Delhi y fechada en mayo de 1967. Aparece tras la lectura de una carta de Tomás Segovia, apesadumbrado por la asfixiante tolvanera mexicana. Estamos condenados al polvo o al monolito; el desmoronamiento o la efigie. La correspondencia de Paz refleja el empeño de escapar de esa fatalidad. En el flujo epistolar resalta una efusión de inteligencia que no puede ser embalsamada. Vitalidad que resiste el yeso y derrota a la migaja. La publicación es, además, oportuna. No le sientan bien a Paz, ni a ningún escritor, los homenajes de Estado. La celebración, como el aleteo de las parvadas o el murmullo de los aplausos, procura concordancias y confirmaciones. Las solemnidades ahuyentan el afán crítico. Por eso, al recordar la primera década sin Paz, la publicación de estas cartas es el navajazo de quien resiste la momificación.

El Paz que persigue a Segovia desde Nueva Delhi, Ithaca o Boston es un escritor que escribe a veces con prisa, a veces con mala letra o de mal humor. En ocasiones es un redactor de telegramas, un editor severísimo o un ensayista que esboza ensayos. De pronto se muestra feliz, de pronto acatarrado y en ocasiones, agrio. Oficia de lector, de crítico, de gestor, de amigo. Del pelo al pie, un hombre que escribe. Un escritor que respira con pluma en mano. No dudo que en la lista del mercado habría expuesto su oficio. Hay que escribir, dice Paz. Escribir, escribir. Hay que hacerlo, “mientras los presidentes, los ejecutivos, los banqueros, los dogmáticos y los cerdos, echados sobre inmensos montones de basura tricolor o solamente roja, hablan, se oyen, comen, digieren, defecan y vuelven a hablar”. Lo único que nos queda es dejar testimonio del “mundo infame y mezquino” que vivimos.

La primera carta que Paz le envía a Segovia está fechada el 1º de marzo del 57. Le agradece el comentario de El arco y la lira que publicó en la Revista mexicana de literatura. En aquel texto, Segovia examinaba las ideas estéticas y literarias del poeta mexicano, pero enfatizaba la fibra de su escritura y se hermanaba a su fervor. En Paz veía una vehemencia que nos despierta. Pasión crítica que encuentra destellos extraordinarios en estas cartas. Inmersiones en la orfandad que mucho revelan de la personalidad de Paz. ¿Será que todos somos huérfanos? “Yo lo sé, lo sé desde hace mucho, que un día sin que ella o yo nos diéramos cuenta, me convertí en el padre de mi madre. ¡Qué absurdo lo de Edipo! Luché contra mi padre pero no por mi madre sino porque, por razones largas de contar, mi padre advirtió oscuramente que yo me convertía poco a poco en su padre—y él se rebeló como se había rebelado antes contra su padre, contra mi abuelo. Desde antes de que muriese mi padre—y murió cuando yo tenía 21 años—supe que yo tenía que asumir el ser el padre de mis padres. Creo que esto me distingue de la mayoría de mis amigos. Ellos se rebelaron contra sus familias; yo no tenía contra quién rebelarme. Todo lo que me ha pasado después parte de esta situación original.”

Firma_octavio_pazLas cartas a Segovia son asomos a la intimidad del poeta, demostración de sus múltiples esmeros intelectuales, atisbo de sus pleitos. El primero, el más in tenso, el más profundo, el más constante es, desde luego, su amorosa pugna con México. La carta del 10 de enero de 1975, escrita desde Boston sintetiza su enojo con el país asfixiante. “Hasta en España—con todo y Franco, los curas y la Guardia Civil—la vida es más respirable que en México. En España padecen una dictadura, pero nosotros nos padecemos a nosotros.” Al finalizar el gobierno de Echeverría el poeta no encontraba colgadero para el optimismo. “Temo que México sea un país condenado.” Lo único que quedaba era escribir. Su desaliento era profundo pero no terminante. Poco tiempo después comenzaba a escribir la biografía de una monja del siglo XVII.

17 de abril de 2008

Cartas de Paz

Paz_segovia_2Del libro presentado ayer, La jornada extrae una carta.

"Iremos primero a Spoletto, al Festival Internacional de Poesía (primera decena de julio). Después, a México. Ese regreso me produce cierto horror. Pero hay que afrontarlo todo. Marie José, por su parte, está encantada. Delira con México... "

17 de enero de 2008

Teatro en blanco

Paz_blanco_2Al conocer a Octavio Paz, el pintor Frederic Amat le comentó su admiración por "Blanco." Sábana que se despliega, columnas que se interrogan, reflejo del cuerpo y del cosmos, es un poema "que invita a la experiencia escénica," le dijo el poeta. Ahora el artista catalán lo lleva al escenario en Girona. En La jornada relata su encuentro con el poema y describe su propósito: "Ha sido mi intención en la puesta en escena de Blanco, con su correspondencia de voces recitativas y música, el transitar sus posibles recorridos con el afán de proyectar este poema mandala en una sucesión de imágenes como instantáneas apariciones, una tras otra, en un fluir evocado por su propio pulso poético. De en blanco, al amarillo, al rojo, al verde, al azul, a lo blanco. Dibujar, con la severidad del negro, equilibrios de tinta. Al fin y al cabo, no tratar de pintar el poema, sino trazar su estela."

2 de octubre de 2007

Octavio Paz lee Piedra de sol

aquí.

30 de septiembre de 2007

Cincuenta años de Piedra de sol

Piedra de sol, uno de los poemas centrales del siglo XX, está cumpliendo cincuenta años. Sus 300 ejemplares primeros salieron de las máquinas del Fondo de Cultura Económica el 28 de septiembre de 1957. Aparecía dentro de la colección Tezontle del Fondo, en una edición rústica y numerada. Cada ejemplar llevaba la firma del autor, Octavio Paz.

un sauce de cristal, un chopo de agua
un alto surtidor que el viento arquea
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

Revolución en el poema astral: el surco de palabras regresa hasta su origen. El poema recomienza y no se agota nunca. En la nota a la primera edición se advertía una conexión cósmica. 584 líneas que equivalen a los días del año venusino. Paz comentó varias veces el embrujo bajo el que compuso este que sería uno de sus poemas más extensos. “No tenía plan. No sabía lo que quería escribir. Piedra de sol se inició como un automatismo. Las primeras estrofras las escribía como si literalmente alguien me las dictara. Lo más extraño es que los endecasílabos brotaban naturalmente, y que la sintaxis, y aun la lógica eran arbitrariamente normales. (…) Fue un caso de colaboración entre lo que llamamos el inconsciente (y que para mí es la verdadera inspiración) y la consciencia crítica y racional. A veces triunfaba la segunda, a veces la inspiración. Otra potencia que intervino en la redacción de este poema: la memoria. (…) Por ser obra de la memoria, Piedra de sol es una larga frase circular.” Paz sigue sus “desvaríos” sin insertar un solo punto en el poema. Según contó a Pere Gimferrer—quizá el lector más atento de este poema—en los años cincuenta sufrió una dura ruptura amorosa. Estaba en Nueva York, salió solo del hotel donde se hospedaba y tomó un taxi. Se hundió en el asiento de atrás y calló. Bajo ese silencio se percató del chirrido rítmico de una llanta. De esa cadencia surgieron los sauces, los chopos, los surtidores y aquel viento que arquea.

El poema es una travesía autobiográfica pero es más que eso. Es también el autorretrato de una generación, la defensa del ímpetu amoroso, la huella de la ilusión destrozada, la búsqueda de comunión. Bien describe José Emilio Pacheco este poema como “la afirmación intransigente de la imaginación, el amor y la libertad.” La larga y sinuosa frase del poema aborda los misterios del tiempo, el amor, el deseo, la naturaleza, la historia. En primer término, el poema es el trayecto hacia un cuerpo. Caminar hasta encontrar esa encarnación luminaria:

cuerpo de luz filtrado por un ágata
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia.

Todo es presagio. El ascenso hasta esa roca de sol es zigzagueante, el amante avanza y retrocede, el oleaje lo impulsa y lo desvía, las ramas del bosque petrificado se disipan. La carne se oculta entre ecos y reflejos. Cuando el cuerpo aparece es el mundo: una ciudad, un planeta, el cosmos.

El encuentro de los cuerpos es caída en el instante: ”el tiempo cierra su abanico.” Desde ese núcleo del tiempo, el poeta se asoma al pasado. No es ya flujo de agua sino hacha de piedra. El recuerdo se fija en un año y un lugar: Madrid, 1937. Paz recuerda la guerra. Tras la alarma, el bombadeo. Un “huracán de motores” que destruye torres y casas. Y frente a esa orgía de destrucción, dos se desnudan para amarse. El poeta surrealista que entonces seguía siendo Paz reivindica la subversión del encuentro amoroso:

las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio

El encuentro amoroso trasciende los cuerpos. El erotismo se vuelve épico. Su insurrección derrumba rejas y púas; vence a los cerdos y tiburones del poder y el dinero. “Si dos se besan / el mundo cambia.” La revolución de Piedra de sol no es mera alusión astronómica. El poema se convierte ahora en un canto de insumisión, un llamado libertario, un escupitajo al conformismo de las “monedas de cobre” y la “mierda abstracta”. La tragedia de la historia aparece en el recorrido. El hombre grita la injusticia. De boca del profeta brota espuma, del verdugo un grito y de la víctima otro. No hay redención pero habrá camino: nosotros.

Para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros
los otros que no son si yo no existo
los otros que me dan plena existencia
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros.

28 de septiembre de 2007

28 de septiembre de 1957

Piedra de sol
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:
                       un caminar tranquilo
de estrella o primavera sin premura,
agua que con los párpados cerrados
mana toda la noche profecías,
unánime presencia en oleaje,
ola tras ola hasta cubrirlo todo,
verde soberanía sin ocaso
como el deslumbramiento de las alas
cuando se abren en mitad del cielo,

un caminar entre las espesuras
de los días futuros y el aciago
fulgor de la desdicha como un ave
petrificando el bosque con su canto
y las felicidades inminentes
entre las ramas que se desvanecen,
horas de luz que pican ya los pájaros,
presagios que se escapan de la mano,

una presencia como un canto súbito,
como el viento cantando en el incendio,
una mirada que sostiene en vilo
al mundo con sus mares y sus montes,
cuerpo de luz filtrado por un ágata,
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia,

voy entre galerías de sonidos,
fluyo entre las presencias resonantes,
voy por las transparencias como un ciego,
un reflejo me borra, nazco en otro,
oh bosque de pilares encantados,
bajo los arcos de la luz penetro
los corredores de un otoño diáfano,

voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto,

vestida del color de mis deseos
como mi pensamiento vas desnuda,
voy por tus ojos como por el agua,
los tigres beben sueño de esos ojos,
el colibrí se quema en esas llamas,
voy por tu frente como por la luna,
como la nube por tu pensamiento,
voy por tu vientre como por tus sueños,

tu falda de maíz ondula y canta,
tu falda de cristal, tu falda de agua,
tus labios, tus cabellos, tus miradas,
toda la noche llueves, todo el día
abres mi pecho con tus dedos de agua,
cierras mis ojos con tu boca de agua,
sobre mis huesos llueves, en mi pecho
hunde raíces de agua un árbol líquido,

voy por tu talle como por un río,
voy por tu cuerpo como por un bosque,
como por un sendero en la montaña
que en un abismo brusco se termina
voy por tus pensamientos afilados
y a la salida de tu blanca frente
mi sombra despeñada se destroza,
recojo mis fragmentos uno a uno
y prosigo sin cuerpo, busco a tientas,

corredores sin fin de la memoria,
puertas abiertas a un salón vacío
donde se pudren todos lo veranos,
las joyas de la sed arden al fondo,
rostro desvanecido al recordarlo,
mano que se deshace si la toco,
cabelleras de arañas en tumulto
sobre sonrisas de hace muchos años,

a la salida de mi frente busco,
busco sin encontrar, busco un instante,
un rostro de relámpago y tormenta
corriendo entre los árboles nocturnos,
rostro de lluvia en un jardín a obscuras,
agua tenaz que fluye a mi costado,

busco sin encontrar, escribo a solas,
no hay nadie, cae el día, cae el año,
caigo en el instante, caigo al fondo,
invisible camino sobre espejos
que repiten mi imagen destrozada,
piso días, instantes caminados,
piso los pensamientos de mi sombra,
piso mi sombra en busca de un instante,

busco una fecha viva como un pájaro,
busco el sol de las cinco de la tarde
templado por los muros de tezontle:
la hora maduraba sus racimos
y al abrirse salían las muchachas
de su entraña rosada y se esparcían
por los patios de piedra del colegio,
alta como el otoño caminaba
envuelta por la luz bajo la arcada
y el espacio al ceñirla la vestía
de un piel más dorada y transparente,


tigre color de luz, pardo venado
por los alrededores de la noche,
entrevista muchacha reclinada
en los balcones verdes de la lluvia,
adolescente rostro innumerable,
he olvidado tu nombre, Melusina,
Laura, Isabel, Perséfona, María,
tienes todos los rostros y ninguno,
eres todas las horas y ninguna,
te pareces al árbol y a la nube,
eres todos los pájaros y un astro,
te pareces al filo de la espada
y a la copa de sangre del verdugo,
yedra que avanza, envuelve y desarraiga
al alma y la divide de sí misma,
escritura de fuego sobre el jade,
grieta en la roca, reina de serpientes,
columna de vapor, fuente en la peña,
circo lunar, peñasco de las águilas,
grano de anís, espina diminuta
y mortal que da penas inmortales,
pastora de los valles submarinos
y guardiana del valle de los muertos,
liana que cuelga del cantil del vértigo,
enredadera, planta venenosa,
flor de resurrección, uva de vida,
señora de la flauta y del relámpago,
terraza del jazmín, sal en la herida,
ramo de rosas para el fusilado,
nieve en agosto, luna del patíbulo,
escritura del mar sobre el basalto,
escritura del viento en el desierto,
testamento del sol, granada, espiga,

rostro de llamas, rostro devorado,
adolescente rostro perseguido
años fantasmas, días circulares
que dan al mismo patio, al mismo muro,
arde el instante y son un solo rostro
los sucesivos rostros de la llama,
todos los nombres son un solo nombre
todos los rostros son un solo rostro,
todos los siglos son un solo instante
y por todos los siglos de los siglos
cierra el paso al futuro un par de ojos,

no hay nada frente a mí, sólo un instante
rescatado esta noche, contra un sueño
de ayuntadas imágenes soñado,
duramente esculpido contra el sueño,
arrancado a la nada de esta noche,
a pulso levantado letra a letra,
mientras afuera el tiempo se desboca
y golpea las puertas de mi alma
el mundo con su horario carnicero,

sólo un instante mientras las ciudades,
los nombres, lo sabores, lo vivido,
se desmoronan en mi frente ciega,
mientras la pesadumbre de la noche
mi pensamiento humilla y mi esqueleto,
y mi sangre camina más despacio
y mis dientes se aflojan y mis ojos
se nublan y los días y los años
sus horrores vacíos acumulan,

mientras el tiempo cierra su abanico
y no hay nada detrás de sus imágenes
el instante se abisma y sobrenada
rodeado de muerte, amenazado
por la noche y su lúgubre bostezo,
amenazado por la algarabía
de la muerte vivaz y enmascarada
el instante se abisma y se penetra,
como un puño se cierra, como un fruto
que madura hacia dentro de sí mismo
y a sí mismo se bebe y se derrama
el instante translúcido se cierra
y madura hacia dentro, echa raíces,
crece dentro de mí, me ocupa todo,
me expulsa su follaje delirante,
mis pensamientos sólo son su pájaros,
su mercurio circula por mis venas,
árbol mental, frutos sabor de tiempo,

oh vida por vivir y ya vivida,
tiempo que vuelve en una marejada
y se retira sin volver el rostro,
lo que pasó no fue pero está siendo
y silenciosamente desemboca
en otro instante que se desvanece:

frente a la tarde de salitre y piedra
armada de navajas invisibles
una roja escritura indescifrable
escribes en mi piel y esas heridas
como un traje de llamas me recubren,
ardo sin consumirme, busco el agua
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
tu cuerpo sabe a pozo sin salida,
pasadizo de espejos que repiten
los ojos del sediento, pasadizo
que vuelve siempre al punto de partida,
y tú me llevas ciego de la mano
por esas galerías obstinadas
hacia el centro del círculo y te yergues
como un fulgor que se congela en hacha,
como luz que desuella, fascinante
como el cadalso para el condenado,
flexible como el látigo y esbelta
como un arma gemela de la luna,
y tus palabras afiladas cavan
mi pecho y me despueblan y vacían,
uno a uno me arrancas los recuerdos,
he olvidado mi nombre, mis amigos
gruñen entre los cerdos o se pudren
comidos por el sol en un barranco,

no hay nada en mí sino una larga herida,
una oquedad que ya nadie recorre,
presente sin ventanas, pensamiento
que vuelve, se repite, se refleja
y se pierde en su misma transparencia,
conciencia traspasada por un ojo
que se mira mirarse hasta anegarse
de claridad:
                  yo vi tu atroz escama,
Melusina, brillar verdosa al alba,
dormías enroscada entre las sábanas
y al despertar gritaste como un pájaro
y caíste sin fin, quebrada y blanca,
nada quedó de ti sino tu grito,
y al cabo de los siglos me descubro
con tos y mala vista, barajando
viejas fotos:
                 no hay nadie, no eres nadie,
un montón de ceniza y una escoba,
un cuchillo mellado y un plumero,
un pellejo colgado de unos huesos,
un racimo ya seco, un hoyo negro
y en el fondo del hoyo los dos ojos
de una niña ahogada hace mil años,

miradas enterradas en un pozo,
miradas que nos ven desde el principio,
mirada niña de la madre vieja
que ve en el hijo grande un padre joven,
mirada madre de la niña sola
que ve en el padre grande un hijo niño,
miradas que nos miran desde el fondo
de la vida y son trampas de la muerte
—¿o es al revés: caer en esos ojos
es volver a la vida verdadera?,

¡caer, volver, soñarme y que me sueñen
otros ojos futuros, otra vida,
otras nubes, morirme de otra muerte!
—esta noche me basta, y este instante
que no acaba de abrirse y revelarme
dónde estuve, quién fui, cómo te llamas,
cómo me llamo yo:
                            ¿hacía planes
para el verano —y todos los veranos—
en Christopher Street, hace diez años,
con Filis que tenía dos hoyuelos
donde bebían luz los gorriones?,
¿por la Reforma Carmen me decía
"no pesa el aire, aquí siempre es octubre",
o se lo dijo a otro que he perdido
o yo lo invento y nadie me lo ha dicho?,
¿caminé por la noche de Oaxaca,
inmensa y verdinegra como un árbol,
hablando solo como el viento loco
y al llegar a mi cuarto —siempre un cuarto—
no me reconocieron los espejos?,
¿desde el hotel Vernet vimos al alba
bailar con los castaños — "ya es muy tarde"
decías al peinarte y yo veía
manchas en la pared, sin decir nada?,
¿subimos juntos a la torre, vimos
caer la tarde desde el arrecife?
¿comimos uvas en Bidart?, ¿compramos
gardenias en Perote?,
                               nombres, sitios,
calles y calles, rostros, plazas, calles,
estaciones, un parque, cuartos solos,
manchas en la pared, alguien se peina,
alguien canta a mi lado, alguien se viste,
cuartos, lugares, calles, nombres, cuartos,

Madrid, 1937,
en la Plaza del Ángel las mujeres
cosían y cantaban con sus hijos,
después sonó la alarma y hubo gritos,
casas arrodilladas en el polvo,
torres hendidas, frentes esculpidas
y el huracán de los motores, fijo:
los dos se desnudaron y se amaron
por defender nuestra porción eterna,
nuestra ración de tiempo y paraíso,
tocar nuestra raíz y recobrarnos,
recobrar nuestra herencia arrebatada
por ladrones de vida hace mil siglos,
los dos se desnudaron y besaron
porque las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio,
no hay tú ni yo, mañana, ayer ni nombres,
verdad de dos en sólo un cuerpo y alma,
oh ser total...
                    cuartos a la deriva
entre ciudades que se van a pique,
cuartos y calles, nombres como heridas,
el cuarto con ventanas a otros cuartos
con el mismo papel descolorido
donde un hombre en camisa lee el periódico
o plancha una mujer; el cuarto claro
que visitan las ramas de un durazno;
el otro cuarto: afuera siempre llueve
y hay un patio y tres niños oxidados;
cuartos que son navíos que se mecen
en un golfo de luz; o submarinos:
el silencio se esparce en olas verdes,
todo lo que tocamos fosforece;
mausoleos de lujo, ya roídos
los retratos, raídos los tapetes;
trampas, celdas, cavernas encantadas,
pajareras y cuartos numerados,
todos se transfiguran, todos vuelan,
cada moldura es nube, cada puerta
da al mar, al campo, al aire, cada mesa
es un festín; cerrados como conchas
el tiempo inútilmente los asedia,
no hay tiempo ya, ni muro: ¡espacio, espacio,
abre la mano, coge esta riqueza,
corta los frutos, come de la vida,
tiéndete al pie del árbol, bebe el agua!,

todo se transfigura y es sagrado,
es el centro del mundo cada cuarto,
es la primera noche, el primer día,
el mundo nace cuando dos se besan,
gota de luz de entrañas transparentes
el cuarto como un fruto se entreabre
o estalla como un astro taciturno
y las leyes comidas de ratones,
las rejas de los bancos y las cárceles,
las rejas de papel, las alambradas,
los timbres y las púas y los pinchos,
el sermón monocorde de las armas,
el escorpión meloso y con bonete,
el tigre con chistera, presidente
del Club Vegetariano y la Cruz Roja,
el burro pedagogo, el cocodrilo
metido a redentor, padre de pueblos,
el Jefe, el tiburón, el arquitecto
del porvenir, el cerdo uniformado,
el hijo pedilecto de la Iglesia
que se lava la negra dentadura
con el agua bendita y toma clases
de inglés y democracia, las paredes
invisibles, las máscaras podridas
que dividen al hombe de los hombres,
al hombre de sí mismo,
                          		se derrumban
por un instante inmenso y vislumbramos
nuestra unidad perdida, el desamparo
que es ser hombres, la gloria que es ser hombres
y compartir el pan, el sol, la muerte,
el olvidado asombro de estar vivos;

amar es combatir, si dos se besan
el mundo cambia, encarnan los deseos,
el pensamiento encarna, brotan las alas
en las espaldas del esclavo, el mundo
es real y tangible, el vino es vino,
el pan vuelve a saber, el agua es agua,
amar es combatir, es abrir puertas,
dejar de ser fantasma con un número
a perpetua cadena condenado
por un amo sin rostro;
                    	      el mundo cambia
si dos se miran y se reconocen,
amar es desnudarse de los nombres:
"déjame ser tu puta", son palabras
de Eloísa, mas él cedió a las leyes,
la tomó por esposa y como premio
lo castraron después;
                    	    mejor el crimen,
los amantes suicidas, el incesto
de los hermanos como dos espejos
enamorados de su semejanza,
mejor comer el pan envenenado,
el adulterio en lechos de ceniza,
los amores feroces, el delirio,
su yedra ponzoñosa, el sodomita
que lleva por clavel en la solapa
un gargajo, mejor ser lapidado
en las plazas que dar vuelta a la noria
que exprime la substancia de la vida,
cambia la eternidad en horas huecas,
los minutos en cárceles, el tiempo
en monedas de cobre y mierda abstracta;

mejor la castidad, flor invisible
que se mece en los tallos del silencio,
el difícil diamante de los santos
que filtra los deseos, sacia al tiempo,
nupcias de la quietud y el movimiento,
canta la soledad en su corola,
pétalo de cristal en cada hora,
el mundo se despoja de sus máscaras
y en su centro, vibrante transparencia,
lo que llamamos Dios, el ser sin nombre,
se contempla en la nada, el ser sin rostro
emerge de sí mismo, sol de soles,
plenitud de presencias y de nombres;

sigo mi desvarío, cuartos, calles,
camino a tientas por los corredores
del tiempo y subo y bajo sus peldaños
y sus paredes palpo y no me muevo,
vuelvo donde empecé, busco tu rostro,
camino por las calles de mí mismo
bajo un sol sin edad, y tú a mi lado
caminas como un árbol, como un río
caminas y me hablas como un río,
creces como una espiga entre mis manos,
lates como una ardilla entre mis manos,
vuelas como mil pájaros, tu risa
me ha cubierto de espumas, tu cabeza
es un astro pequeño entre mis manos,
el mundo reverdece si sonríes
comiendo una naranja,
                                 el mundo cambia
si dos, vertiginosos y enlazados,
caen sobre las yerba: el cielo baja,
los árboles ascienden, el espacio
sólo es luz y silencio, sólo espacio
abierto para el águila del ojo,
pasa la blanca tribu de las nubes,
rompe amarras el cuerpo, zarpa el alma,
perdemos nuestros nombres y flotamos
a la deriva entre el azul y el verde,
tiempo total donde no pasa nada
sino su propio transcurrir dichoso,

no pasa nada, callas, parpadeas
(silencio: cruzó un ángel este instante
grande como la vida de cien soles),
¿no pasa nada, sólo un parpadeo?
—y el festín, el destierro, el primer crimen,
la quijada del asno, el ruido opaco
y la mirada incrédula del muerto
al caer en el llano ceniciento,
Agamenón y su mugido inmenso
y el repetido grito de Casandra
más fuerte que los gritos de las olas,
Sócrates en cadenas "(el sol nace,
morir es despertar: "Critón, un gallo
a Esculapio, ya sano de la vida"),
el chacal que diserta entre las ruinas
de Nínive, la sombra que vio Bruto
antes de la batalla, Moctezuma
en el lecho de espinas de su insomnio,
el viaje en la carretera hacia la muerte
—el viaje interminable mas contado
por Robespierre minuto tras minuto,
la mandíbula rota entre las manos—,
Churruca en su barrica como un trono
escarlata, los pasos ya contados
de Lincoln al salir hacia el teatro,
el estertor de Trotsky y sus quejidos
de jabalí, Madero y su mirada
que nadie contestó: ¿por qué me matan?,
los carajos, los ayes, los silencios
del criminal, el santo, el pobre diablo,
cementerio de frases y de anécdotas
que los perros retóricos escarban,
el delirio, el relincho, el ruido obscuro
que hacemos al morir y ese jadeo
que la vida que nace y el sonido
de huesos machacadosen la riña
y la boca de espuma del profeta
y su grito y el grito del verdugo
y el grito de la víctima...
                                    son llamas
los ojos y son llamas lo que miran,
llama la oreja y el sonido llama,
brasa los labios y tizón la lengua,
el tacto y lo que toca, el pensamiento
y lo pensado, llama el que lo piensa,
todo se quema, el universo es llama,
arde la misma nada que no es nada
sino un pensar en llamas, al fin humo:
no hay verdugo ni víctima...
                                         ¿y el grito
en la tarde del viernes?, y el silencio
que se cubre de signos, el silencio
que dice sin decir, ¿no dice nada?,
¿no son nada los gritos de los hombres?,
¿no pasa nada cuando pasa el tiempo?

—no pasa nada, sólo un parpadeo
del sol, un movimiento apenas, nada,
no hay redención, no vuelve atrás el tiempo,
los muerto están fijos en su muerte
y no pueden morirse de otra muerte,
intocables, clavados en su gesto,
desde su soledad, desde su muerte
sin remedio nos miran sin mirarnos,
su muerte ya es la estatua de su vida,
un siempre estar ya nada para siempre,
cada minuto es nada para siempre,
un rey fantasma rige sus latidos
y tu gesto final, tu dura máscara
labra sobre tu rostro cambiante:
el monumento somos de una vida
ajena y no vivida, apenas nuestra,

—¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somos de veras lo que somos?,
bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida —pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos—,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo,
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,
la vida es otra, siempre allá, más lejos,
fuera de ti, de mí, siempre horizonte,
vida que nos desvive y enajena,
que nos inventa un rostro y lo desgasta,
hambre de ser, oh muerte, pan de todos,

Eloísa, Perséfona, María,
muestra tu rostro al fin para que vea
mi cara verdadera, la del otro,
mi cara de nosotros siempre todos,
cara de árbol y de panadero,
de chófer y de nube y de marino,
cara de sol y arroyo y Pedro y Pablo,
cara de solitario colectivo,
despiértame, ya nazco:
                                  vida y muerte
pactan en ti, señora de la noche,
torre de claridad, reina del alba,
virgen lunar, madre del agua madre,
cuerpo del mundo, casa de la muerte,
caigo sin fin desde mi nacimiento,
caigo en mí mismo sin tocar mi fondo,
recógeme en tus ojos, junta el polvo
disperso y reconcilia mis cenizas,
ata mis huesos divididos, sopla
sobre mi ser, entiérrame en tu tierra,
tu silencio dé paz al pensamiento
contra sí mismo airado;
                                    abre la mano,
señora de semillas que son días,
el día es inmortal, asciende, crece,
acaba de nacer y nunca acaba,
cada día es nacer, un nacimiento
es cada amanecer y yo amanezco,
amanecemos todos, amanece
el sol cara de sol, Juan amanece
con su cara de Juan cara de todos,

puerta del ser, despiértame, amanece,
déjame ver el rostro de este día,
déjame ver el rostro de esta noche,
todo se comunica y transfigura,
arco de sangre, puente de latidos,
llévame al otro lado de esta noche,
adonde yo soy tú somos nosotros,
al reino de pronombres enlazados,

puerta del ser: abre tu ser, despierta,
aprende a ser también, labra tu cara,
trabaja tus facciones, ten un rostro
para mirar mi rostro y que te mire,
para mirar la vida hasta la muerte,
rostro de mar, de pan, de roca y fuente,
manantial que disuelve nuestros rostros
en el rostro sin nombre, el ser sin rostro,
indecible presencia de presencias...

quiero seguir, ir más allá, y no puedo:
se despeñó el instante en otro y otro,
dormí sueños de piedra que no sueña
y al cabo de los años como piedras
oí cantar mi sangre encarcelada,
con un rumor de luz el mar cantaba,
una a una cedían las murallas,
todas las puertas se desmoronaban
y el sol entraba a saco por mi frente,
despegaba mis párpados cerrados,
desprendía mi ser de su envoltura,
me arrancaba de mí, me separaba
de mi bruto dormir siglos de piedra
y su magia de espejos revivía
un sauce de cristal, un chopo de agua,
un alto surtidor que el viento arquea,
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre.
Octavio Paz

5 de septiembre de 2007

Sendas de Oku

Oku_3

30 de agosto de 2007

El intratable y el vanidoso

Roger Bartra da cuenta en su blog de una polémica entre Octavio Paz y Daniel Cosío Villegas que no conocía. Más que una discusión, el intercambio es un pleito. Bartra lamenta las ofensas personales que se desvían de las ideas y los argumentos. Cosío manda a Paz al psiquiatra, el otro le aconseja dedicarse a investigar morosos en la dirección de impuestos. Al leer de esta riña, yo siento nostalgia por el admirable arte de la agresión: "Cosío Villegas es un hombre desmesurado. Esa índole extremosa lo ha llevado a acometer grandes y desinteresadas empresas; pero tiene el defecto de poner la misma pasión descomunal en las cosas pequeñas. Su carta es un ejemplo de cómo la pequeñez también puede ser desmesurada."

1 de agosto de 2007

Octavio Paz en inglés

Octavio Paz in English

10 de julio de 2007

Paz en España

Paz_2Danubio Torres Fierro, autor del prólogo y compilador de Octavio Paz en España, 1937 puesto a circular hace unas semanas por el Fondo de Cultura, publica en Claves de la razón práctica su apunte introductorio.

6 de julio de 2007

Paz y la izquierda

Hace unas semanas Enrique Krauze publicó en Reforma un artículo que ha escrito varias veces sobre Octavio Paz y la izquierda. Paz ejerciendo la crítica a la izquierda y la izquierda ninguneando al poeta; uno llamando al diálogo y el otro volteando la vista. El texto provocó la respuesta de Arnaldo Córdova en La Jornada: Paz caricaturizó a la izquierda, nunca buscó el diálogo. Córdova cuenta que un amigo le había dicho que un día oyó a un corrector decir que Paz había decidido no leer un libro suyo y que juzgó risible aquello de la "ideología" de la revolución mexicana. José de la Colina era ese corrector y comenta la diatriba de Córdova en su correo fantasma.

El debate sobre las relaciones entre el poeta y la izquierda es viejo. Hay libros entregados a la polémica inexistente. Pienso en Las guerras culturales de Octavio Paz (Colibrí, 2002) de Armando González Torres, El pensamiento político de Octavio Paz, de Xavier Rodriguez Ledesma (Plaza y Valdés, 1996) y La divina pareja, Historia y mito en Octavio Paz, (Era, 1978). Carlos Monsiváis hizo un estupendo relato de afinidades y desencuentros en Letraslibres

"Paz combate incongruencias y limitaciones del pensamiento comunista, entre ellas su minimización de las libertades, su eliminación moralista del deseo y su persecución de los "heréticos". Es frontal la batalla contra la "ideocracia", la intelectualidad de izquierda que defiende o se niega a ver la realidad del socialismo del Este, y se adhiere al "estalinismo tropical", el castrismo, el gran espejismo latinoamericano de los años sesenta, que en la década siguiente comienza a exhibir su muestrario de crímenes y errores: represión intelectual, fracaso económico motivado por la prepotencia caudillista, campos de trabajo forzado para disidentes religiosos y sexuales, moralismo medieval."

En una carta a Monsiváis, Christopher Domínguez saludó este recuento, pero lamentó la omisión del breve debate entre el "boticario y el ocurrente."

19 de junio de 2007

Paz en España

Paz_espaa2_2El Fondo de Cultura acaba de publicar una preciosa edición de los escritos de Octavio Paz sobre la Guerra Civil Española. La portada es la elegía a la República Española de Motherwell, la selección y el prólogo de Danubio Torres Fierro. La antología recoge el "¡No pasarán!" y la "Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón"; retratos de Miguel Hernández, Alberti, Machado, Cernuda y León Felipe; ensayos, recuerdos y un par de discursos. Pocos eventos del siglo XX conmocionaron a la inteligencia del mundo como la guerra española. Como este libro muestra, para Paz fue un episodio central de su biografía: contacto con la historia y la emoción del futuro; experiencia de la fraternidad y encontronazo con la ideología. Del entusiasmo a la duda. Las palabras que en Itinerario resumen el significado de "los días exaltados" que el poeta vivió en España lo condensan así: "el encuentro con mis orígenes mediterráneos; el darme cuenta de que nuestros enemigos también son seres humanos; el descubrimiento de la crítica en la esfera de la moral y de la política." Habrá sido, sobre todo, el contraste entre el ideal y los impuestos que la política le cobra.

16 de mayo de 2007

Paz, cronista

Paz_ojosEn 1945 Octavio Paz ya era un poeta reconocido. Un joven escritor que había escrito Luna silvestre, Raíz de hombre, Bajo tu clara sombra y Entre la piedra y la flor. Poemas que le habían atraído buenos lectores y buenos elogios. Lectores tan distintos como Cuesta o Alberti habían celebrado la aparición de un poeta auténtico, una voz que intentaba reinventar el lenguaje. También era un hombre fascinado por la historia, un hombre tentado a actuar. Desde sus años en la Escuela Nacional Preparatoria había sido tocado por la pasión política. En sus primeros signos es perceptible ya una profunda consternación por la identidad y por la historia.

Los escritos que Enrico Mario Santí rescató para la edición de Primeras letras, (Vuelta, 1988) dan cuenta de la vastedad de su prosa juvenil. Notas, reseñas, poesía en prosa, fragmentos de diario y los más variados artículos sobre arte, literatura y política escritos entre 1931 y 1943. Dos años después de que se cerrara el paréntesis de esas prosas iniciales, Octavio Paz actuaba como corresponsal de la revista Mañana enviando desde San Francisco crónicas sobre la gestación de las Naciones Unidas. Las crónicas del escritor presentado como uno de los “valores jóvenes de México” fueron publicadas entre abril y junio de 1945 pero quedaron enterradas en el olvido tras su publicación. Ni el propio Paz las recuperó para incluirlas en sus obras completas. Los milagros del azar entraron en complicidad con Antonio Saborit para rescatarlas y ponerlas de nuevo en contacto con el aire. La UNAM ha editado esta Crónica trunca de días excepcionales en su hermosa colección Pequeños grandes ensayos. Una sorpresa deleitosa: encuentro con un escritor que ya es Paz.

Octavio Paz entró en contacto con el mundo diplomático en San Francisco. Ahí perfiló relaciones que habría de conservar durante mucho tiempo y encontraría un oficio que consentiría su vocación. Más que eso. En San Francisco Paz tocaba la historia. No la historia de México o la de España, sino la historia del mundo. Momento determinante para Paz. Mi generación fue la primera que vivió como propia la historia del mundo, escribió años después, en Itinerario.

La entrada de su primer envío refleja elocuentemente la seriedad con la que encara la circunstancia: “Los acontecimientos, nos dicen los antiguos, son más poderosos que los hombres. Ni podemos inventarlos, ni podemos impedir su verificación; pero, a veces, sí podemos utilizarlos, cambiar su dirección, aprovechar la marea histórica como el nadador la ola favorable.” El poeta convertido en reportero sabía que la historia podía caminar con lentitud pero que en ciertos momentos se aceleraba. La historia podría errar durante siglos, pero en instantes tomaba curso de definición.

Isaiah Berlin, quien también se mezcló con el trasiego diplomático, se sorprendía de su éxito en la embajada inglesa en Washington. A sus padres confesaba en una carta que había descubierto la fuente de su talento diplomático. Resulta que soy muy bueno para el chisme, les contó. Y tener éxito en política es saber intimar con los grupos más diversos, conquistar la confianza de otros, sacar información, descifrar velozmente el carácter de los personajes, calar sus debilidades, ponderar sus bríos. Las crónicas de Paz no reflejan ese talento. El mexicano no se acercaba en San Francisco a la pequeña historia de rivalidades y simpatías. Lejos de la sagacidad del chismoso, es perceptible en Paz algo que puede llamarse intuición poética. Un hombre que se percata de los horrores cercanos, de las esperanzas presentes y de las durezas de la terca historia.

Esta breve crónica da cuenta de las bondades de la opacidad política, de la poderosa influencia de la sorpresa, del surgimiento de las grandes potencias que se repartirán el mundo, de la fragilidad de la coacción internacional, de la crisis de los estados nacionales y de la sobrevivencia del impulso nacional, de la pobreza de una seguridad mundial que no descansa en un sentido de comunidad. Como buen ensayista, Paz se deja distraer. Sale de los foros de negociación para describir la ciudad, los entretenimientos, la fisonomía de la calle. Y anticipa los temas que seguirá bordando el resto de su vida: los misterios de la identidad, el imperativo de la cohesión, su simétrica desconfianza en burocracias y mercados.

En 1990 Octavio Paz reunía bajo el título de Pequeña crónica de grandes días sus apuntes sobre el desmoronamiento del orden internacional de la guerra fría. El inesperado desplome del imperio soviético lo llevó a reflexionar sobre las insinuaciones de un tiempo que se acelera vertiginosamente. La crónica trunca que Antonio Saborit ha recuperado para nosotros resulta el primer capítulo de esa larga reflexión sobre los avatares del hombre y el poder en el tiempo.

Jesús Silva-Herzog Márquez

julio 2008

dom lun mar mié jue vie sáb
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    

Búsqueda

  • Google:

    WWW
    blogjesussilvaherzogm

Amazon

Libros

  • LA IDIOTEZ DE LO PERFECTO
    Jesús Silva-Herzog Márquez
    reseñas | comprar

    ANDAR Y VER
    Jesús Silva-Herzog Márquez
    reseña | comprar

LUNES

ANDAR Y VER

REFORMA.COM

Blog powered by TypePad