Poesía

18 de junio de 2008

Bird and the City

Pjaro_nyEn Fábula del escriba (Pretextos, 2006) Eugenio Montejo lamentaba la suerte de los pájaros en la ciudad. "¡Qué difícil ser pájaro en este planeta colmado de ciudades!" Julio Trujillo piensa lo contrario: toda ciudad se desmorona para volverse plato de migas. Aquí transcribo este admirable diálogo de poetas.

"Carta de abril" de Eugenio Montejo:

¡Qué difícil ser pájaro

en este planeta colmado de ciudades!...

Primero, el arduo esfuerzo en cada vuelo

para acoplar alas y aires

entre cúmulos tóxicos que han de esquivarse a saltos

con lo que haya de ardid en el instinto.

Segundo, el alimento, tan escaso

cuando se sobrevive en estas calles.

A diario se exterminan los insectos,

quedan pocas arañas,

casi no hay granos ni de qué alimentarse.

¿Cómo cantar sitiado por el hambre?

Y lo peor, tercero:

procrear en un recodo, si se puede,

como aquí, por ejemplo,

en el balcón de nuestro viejo piso.


...Hasta ayer fue un silencio veloz,

dentro de los helechos, su presencia.

Mas hoy no sé qué ocurre allí en el nido

pues toda esta mañana

el macho viene y va, saltando,

y se oye sin cesar un pío agónico

de alguna queja incontenible

que crece y atormenta.

Es terrible tener tan poco cuerpo

y alzar tanto la voz –¿por qué?– sin tregua,

gobernar tanto nervio

y partir y volver entre las chispas de este abril

que en venas tan minúsculas
pone a correr toda su sangre verde.

"Estatuto del pájaro," de Julio Trujillo:

El pájaro se adapta
extraordinariamente bien a la ciudad.
Me refiero al puñado
de plumas gris-café,
al pájaro abundante y urbanita
que posa su esqueleto en las cornisas.


¿No ves el contrapunto de los cables,
el súbito reposo
en la tensión de nuestras comunicaciones?


Yo veo la Fuente de Neptuno
y reconozco la mansión del pájaro
(que ya la está adornando
con sus tal vez felices cagarrutas).


E intuyo
–porque mi sonda es baja últimamente–
sus trazos en el cielo,
su muy fugaz cuadrícula y zumbante
que cubre una anterior caligrafía
(igual que una ciudad:
somos hermanos en el palimpsesto).


Se adapta bien el pájaro y es cínico:
¿no te das cuenta que tu mano cursi,
de la que come sin rubor,
fue adiestrada por él discretamente?


Toda metrópoli, además, se desmorona:
es un festín de migas.

Un pájaro es un bicho,
todos somos,
tenemos lo que hay
–y seguimos volando.

13 de junio de 2008

Juan Villoro sobre Eugenio Montejo

MontejoJuan Villoro recuerda al poeta venezolano:

Como los panaderos, Montejo horneaba con calma sus poemas para que despertaran a la luz del día. Sus versos están construidos con la sencillez de quien dispone de una materia elemental que se puede amasar de modo infinito. Una voz directa habla de las cosas del mundo:

Cruzo la calle Marx, la calle Freud;
ando por la orilla de este siglo,
despacio, insomne, caviloso.

En su recorrido, encuentra una mujer dormida, un burro que soporta el castigo de su amo y no se queja, un jardín intacto, un niño que abre los ojos en el pabellón de prematuros, las variadas sombras que arrojó Pessoa y un gallo loco -siempre un gallo- que, al modo del poeta, canta a deshoras.

"La poesía de Eugenio está hecha de elementos simples", me dijo un día Álvaro Mutis, "lo interesante es cómo los desordena". Montejo no describe: inventa. Cuando habla de una mesa revela el dolor de la madera, lo que siente en clave secreta mientras el vino se derrama y los demás conversan o mientras aguarda, largamente, su oportunidad de intervenir, de volver a ser el sostén de la comida

9 de junio de 2008

Eugenio Montejo

Murió el poeta venezolano Eugenio Montejo.

En su libro Terredad se incluye su "Provisorio epitafio":

No me despido en una piedra
ilegible a las sombra del musgo,
--voy a nacer en otra parte.

Es provisorio mi epitafio,
quedan líneas en blanco
que alguien podrá llenar más tarde;
son cifras de otra vida, no de muerte,
son una partida futura
de nacimiento

Ignoro adónde voy,
de qué planeta seré huésped,
a partir de cuál forma de materia
--carbón, sílex, titanio--
me explciaré después por aerolitos,
hablaré desde el agua.

No digo adiós en una piedra,
provisoriamente la dejo desnuda.
Lo que nadie imagina es lo más práctico

17 de enero de 2008

Teatro en blanco

Paz_blanco_2Al conocer a Octavio Paz, el pintor Frederic Amat le comentó su admiración por "Blanco." Sábana que se despliega, columnas que se interrogan, reflejo del cuerpo y del cosmos, es un poema "que invita a la experiencia escénica," le dijo el poeta. Ahora el artista catalán lo lleva al escenario en Girona. En La jornada relata su encuentro con el poema y describe su propósito: "Ha sido mi intención en la puesta en escena de Blanco, con su correspondencia de voces recitativas y música, el transitar sus posibles recorridos con el afán de proyectar este poema mandala en una sucesión de imágenes como instantáneas apariciones, una tras otra, en un fluir evocado por su propio pulso poético. De en blanco, al amarillo, al rojo, al verde, al azul, a lo blanco. Dibujar, con la severidad del negro, equilibrios de tinta. Al fin y al cabo, no tratar de pintar el poema, sino trazar su estela."

8 de noviembre de 2007

El fuego de la vida

No conocía este ensayito de Rorty que publica ahora la revista Poetry. Recuerda su apunte sobre el romanticismo y la defensa de la poesía de Shelley: la razón sólo puede caminar por senderos que abre la imaginación. Sin palabras no hay argumento; sin imaginación no hay palabras nuevas. Poco después de terminar el escrito, Rorty recibió la noticia de que padecía un cáncer inoperable. Tras la noticia, un primo suyo le preguntó si había buscado el consuelo de dios. Le respondió que no. "¿Y la filosofía?," le preguntó su hijo. Tampoco. "¿Nada de lo que has leído te ha ayudado en algo?", insistió. Rorty se sorprendió diciendo impulsivamente que sí: la poesía. Imagen, ritmo y rima de la expresión poética le ofrecían un alivio.

Hubiera deseado invertir más tiempo de mi vida en la poesía. Y no es porque lamente haber perdido las verdades que son imposibles de frasear en prosa. No hay tales verdades; no hay nada sobre la muerte que Swinburne y Landor supieran y que escapara a Epicuro o a Heidegger. ... Las culturas con vocabularios más ricos son más plenamente humanas--más alejadas de las bestias--que aquellas con vocabularios más pobres; los hombres y las mujeres son más plenamente humanos cuando sus memorias están ampliamente provistas de versos.

15 de octubre de 2007

El casco del astronauta

Poetry publica extractos del cuaderno de Adam Zagajewski. Traduzco velozmente un fragmento de sus consideraciones peligrosas:

Zagajewski_1_3"Exceptuando a los teólogos, parece que soy uno de los últimos autores que aluden una y otra vez a la noción de una "vida espiritual." En nuestros días nos confinamos, si acaso, a discutir la imaginación. La palabra "imaginación" es preciosa y vasta, pero no lo alberga todo. Algunos me ven con sospecha por esa misma razón; me creen un reaccionario, un vulgar conservador, por decir lo menos. Me expongo al ridículo. Los círculos progresistas me condenan, o me ven con franca desconfianza. Los distritos conservadores, por su lado, no entienden de lo que hablo. Los poetas más jóvenes guardan su distancia. Sólo un joven poeta español me dijo en Barcelona que tal vez mis ensayos mostraban esa ironía posmoderna que un día debería ser conquistada. Pero ¿qué es el espíritu, la vida espiritual? ¡Si sólo me ocupara de definir esas cosas! Robert Musil dice que el espíritu sintetiza intelecto y emoción. Buena definición preliminar, por su concisión.

En el caso de la poesía, de la literatura, es más fácil decir--los teólogos saben algo de esto--qué es lo que el espíritu no es. No es psicoanalítico ni conductual, ni sociológico, ni político. Es holístico, y en él se fefleja, como en el casco de un astronatua, la tierra, las estrellas y el rostro humano.

Estas son consideraciones difíciles y peligrosas."

2 de octubre de 2007

Octavio Paz lee Piedra de sol

aquí.

30 de septiembre de 2007

Cincuenta años de Piedra de sol

Piedra de sol, uno de los poemas centrales del siglo XX, está cumpliendo cincuenta años. Sus 300 ejemplares primeros salieron de las máquinas del Fondo de Cultura Económica el 28 de septiembre de 1957. Aparecía dentro de la colección Tezontle del Fondo, en una edición rústica y numerada. Cada ejemplar llevaba la firma del autor, Octavio Paz.

un sauce de cristal, un chopo de agua
un alto surtidor que el viento arquea
un árbol bien plantado mas danzante,
un caminar de río que se curva,
avanza, retrocede, da un rodeo
y llega siempre:

Revolución en el poema astral: el surco de palabras regresa hasta su origen. El poema recomienza y no se agota nunca. En la nota a la primera edición se advertía una conexión cósmica. 584 líneas que equivalen a los días del año venusino. Paz comentó varias veces el embrujo bajo el que compuso este que sería uno de sus poemas más extensos. “No tenía plan. No sabía lo que quería escribir. Piedra de sol se inició como un automatismo. Las primeras estrofras las escribía como si literalmente alguien me las dictara. Lo más extraño es que los endecasílabos brotaban naturalmente, y que la sintaxis, y aun la lógica eran arbitrariamente normales. (…) Fue un caso de colaboración entre lo que llamamos el inconsciente (y que para mí es la verdadera inspiración) y la consciencia crítica y racional. A veces triunfaba la segunda, a veces la inspiración. Otra potencia que intervino en la redacción de este poema: la memoria. (…) Por ser obra de la memoria, Piedra de sol es una larga frase circular.” Paz sigue sus “desvaríos” sin insertar un solo punto en el poema. Según contó a Pere Gimferrer—quizá el lector más atento de este poema—en los años cincuenta sufrió una dura ruptura amorosa. Estaba en Nueva York, salió solo del hotel donde se hospedaba y tomó un taxi. Se hundió en el asiento de atrás y calló. Bajo ese silencio se percató del chirrido rítmico de una llanta. De esa cadencia surgieron los sauces, los chopos, los surtidores y aquel viento que arquea.

El poema es una travesía autobiográfica pero es más que eso. Es también el autorretrato de una generación, la defensa del ímpetu amoroso, la huella de la ilusión destrozada, la búsqueda de comunión. Bien describe José Emilio Pacheco este poema como “la afirmación intransigente de la imaginación, el amor y la libertad.” La larga y sinuosa frase del poema aborda los misterios del tiempo, el amor, el deseo, la naturaleza, la historia. En primer término, el poema es el trayecto hacia un cuerpo. Caminar hasta encontrar esa encarnación luminaria:

cuerpo de luz filtrado por un ágata
piernas de luz, vientre de luz, bahías,
roca solar, cuerpo color de nube,
color de día rápido que salta,
la hora centellea y tiene cuerpo,
el mundo ya es visible por tu cuerpo,
es transparente por tu transparencia.

Todo es presagio. El ascenso hasta esa roca de sol es zigzagueante, el amante avanza y retrocede, el oleaje lo impulsa y lo desvía, las ramas del bosque petrificado se disipan. La carne se oculta entre ecos y reflejos. Cuando el cuerpo aparece es el mundo: una ciudad, un planeta, el cosmos.

El encuentro de los cuerpos es caída en el instante: ”el tiempo cierra su abanico.” Desde ese núcleo del tiempo, el poeta se asoma al pasado. No es ya flujo de agua sino hacha de piedra. El recuerdo se fija en un año y un lugar: Madrid, 1937. Paz recuerda la guerra. Tras la alarma, el bombadeo. Un “huracán de motores” que destruye torres y casas. Y frente a esa orgía de destrucción, dos se desnudan para amarse. El poeta surrealista que entonces seguía siendo Paz reivindica la subversión del encuentro amoroso:

las desnudeces enlazadas
saltan el tiempo y son invulnerables,
nada las toca, vuelven al principio

El encuentro amoroso trasciende los cuerpos. El erotismo se vuelve épico. Su insurrección derrumba rejas y púas; vence a los cerdos y tiburones del poder y el dinero. “Si dos se besan / el mundo cambia.” La revolución de Piedra de sol no es mera alusión astronómica. El poema se convierte ahora en un canto de insumisión, un llamado libertario, un escupitajo al conformismo de las “monedas de cobre” y la “mierda abstracta”. La tragedia de la historia aparece en el recorrido. El hombre grita la injusticia. De boca del profeta brota espuma, del verdugo un grito y de la víctima otro. No hay redención pero habrá camino: nosotros.

Para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros
los otros que no son si yo no existo
los otros que me dan plena existencia
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros.

25 de julio de 2007

El sueño y la ciudad

Zagajewski_10Gracias a Julio Trujillo regreso a Adam Zagajewski. Hace unos años lo descubrí por accidente. No sabía nada de él, pero la recomendación de El acantilado y el título resultaban insinuaciones persuasivas. Así leí su Defensa del fervor sin anticipo del poeta que me encontraría en ese volumen de ensayos notables. El humor y la ligereza eran eficaces vías de elevación. Un ensayista alegre y, al mismo tiempo, grave. Ahora leo Antenas, un breve libro de poemas y Dos ciudades, una colección de ensayos líricos, bocetos autobiográficos, fábulas y aforismos.

La escritura de este hombre al que es difícil asignar pasaporte está marcada por la falta de hogar. No es una literatura melancólica sino, por el contrario, dichosa y tranquila. El éxodo como fuente de ecuanimidad. Hay sedentarios, emigrantes y hombres sin hogar. Soy de éstos últimos, dice Zagajewski: no puedo situar una cuadra en el planeta, ubicar ahí una esquina donde colocar la casa de mi recuerdo. Será por eso que su adhesión al mundo es musical. Los animales de polis tendrán cuadros, esculturas y, obviamente edificios para hospedar sus memorias entrañables. Nosotros, incapaces de ubicar nuestro domicilio emocional, tenemos sonatas, canciones, conciertos. “La música ha sido creada para la gente sin hogar porque es el arte que menos unido está a un lugar concreto. Es sospechosamente cosmopolita.” La poesía de Zagajewski está ligada por ello a la vivencia de extranjería: humos, nubes, sueño y a la música.

Entre el ordenador, el lápiz y la máquina de escribir se me escapa medio día. Algún día sumará medio siglo.
Vivo en ciudades extranjeras y a veces con personas extranjeras hablo sobre cosas que me son extrañas.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En ella encuentro tres elementos, fuerza debilidad y dolor.
El cuarto no tiene nombre.

La nación de la memoria es sonora. Acordes, recuerdos. Ciudades ajenas que celebran festivales extraños: amores atados con notas:

La voz de una cantante negra de blues
nos penetraba como brillante acero,
aunque nos alcanzara en la calle,
en una ciudad sucia, polvorienta.

...

Una persistencia poética lo marca: buscar el resplandor en el camión o en la hora gris. Una poesía de serenidad. En sus esbozos se colorea la contradicción. Las dos ciudades de las que habla retratan la partición del mundo: lo magnífico al lado de lo banal; lo volátil acariciando lo pesado; el héroe frente al cobarde. El mundo está partido en dos.

Advierte este Adán ucraniano-polaco que el escritor puede cometer dos pecados. El primero es encerrarse en el barranco de sí mismo: ignorar las cosas. El segundo es perderse en el circo del mundo: romper el espejo. Su poesía es por eso mediación del majestuoso sueño y la ciudad.
Para leer el artículo completo...

21 de mayo de 2007

Vargas Llosa sobre Blanca Varela

Mario Vargas Llosa celebra la obra de Blanca Varela en su artículo más reciente.

Su poesía participa de esa misma reserva y, aunque alude a muchos temas, es de una parquedad glacial sobre sí misma. A diferencia de otras, a veces de alta estirpe, que se lucen y pavonean, orgullosas de sí mismas, la de Blanca Varela se retrae y disimula, mostrándose apenas en escorzos, y dejando sólo huellas, anticipos, a fin de que nuestro apetito desatado por esos campos de belleza, busquemos, indaguemos, lo que oculta en su entraña, ejercitando nuestra fantasía y volcando nuestros deseos para gozarla a cabalidad.

Nueva invitación para leerla. La mejor fuente, sin duda, es la reunión de su poesía que bajo el título Canto villano, publica el Fondo de Cultura Económica. El libro contiene, además, un ensayo breve de Octavio Paz y dos notas críticas. Una es de Roberto Paoli y la otra de Adolfo Castañón.

En "Ejercicio," puede leerse:

I
Un poema
como una gran batalla
me arroja en esta arena
sin más enemigo que yo

yo
y el gran gran aire de las palabras

II
miente la nube
la luz miente
los ojos
engañados de siempre
no se cansan de tanta fábula

III
terco azul
ignorancia de estar en la ajena pupila
como dios en la nada

IV
pienso en alas en fuego en música
pero no
no es eso lo que temo
sino el torvo juicio de la luz

11 de mayo de 2007

Blanca Varela

La escritora peruana ha ganado el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Al anunciar el fallo del jurado, Antonio Gamoneda, premiado en 2006, resaltó la austeridad de su escritura. Nadie debe buscar ahí hermosuras u ornamentos. Se trata de una poesía dura y lacerante, donde aparecen repetidamente sombras y perros. Octavio Paz, quien le publicó en 1959 su primer libro, saludó entonces su "poesía de rebelión": "Blanca Varela es una poetisa que no se complace en sus hallazgos ni se embriaga con su canto. Con el instinto del verdadero poeta sabe callarse a tiempo. Su poesía no explica ni razona. Tampoco es una confidencia. Es un signo, un conjuro frente, contra y hacia el mundo, una piedra negra tatuada por el fuego y la sal, el tiempo, la soledad. Y, también, una exploración de la propia conciencia."

En "Malevitch en su ventana" Varela escribió:

de lo inexacto me alimento
y toda el agua de los cielos es incapaz de lavar
esta íntima y rebelde herida de tiempo que soy.

24 de abril de 2007

Algo sobre Gamoneda

Su discurso completo en Alcalá de Henares al recibir el Cervantes. Video del discurso. Sus palabras al recibir el Reina Sofía. Razones por las cuales la poesía no es literatura. Extractos, conversaciones y voz, vía Cuaderno de notas. Reseña de Pedro Serrano a Esta luz y de Amalia Iglesias, "El escultor de las palabras" (ambas desde Letras libres). Confabulario publica un adelanto de El cuerpo de los símbolos.

Adiós

Esta es la tierra,
donde el sufrimiento
es la medida de los hombres.
Pena los condes con su fiel faisán
y los cobardes con su fiel lamento.

La belleza nos sirve de tormento
y la injusticia nos concede el pan.
Un día brindaréis por los que habrán
convertido el dolor en fundamento.

Antonio Gamoneda

Poeta del cansancio

Gamoneda Al recibir el máximo premio a las letras en español, Antonio Gamoneda decidió evocar el venero de su escritura. En Alcalá de Henares, el escritor interrogó las raíces de su poesía y encontró que el acontecer de su trabajo no tiene otro origen que la pobreza. “Vengo de la penuria y del trabajo alienante. Mis fuentes, en lo que concierne al saber, a la vigilia de la sensibilidad y al acendramiento de la conciencia, son, permítaseme decirlo crudamente, de baja extracción. Tengo que pensar que sí, que existe un estado pasional del pensamiento nacido en la pobreza y servido por el infortunio.”

El poeta del frío y la desolación recordó ayer el libro donde aprendió a leer. Un libro de un poeta de aires románticos y realistas. Un poeta menor pero con una voz propia. El poeta era su padre. El libro ha sido olvidado por todos, menos por el hijo que aprendió a leer en sus páginas. Al tiempo que juntaba las letras, el niño era testigo de la represión en “el barrio más tristemente obrero” de León.

La pobreza no es el tema del poeta: es la semilla de su escritura y el material de su pensamiento. “La desgracia de los otros entró en mi carne.” La línea de Simone Weil abre el Blues castellano de Gamoneda. No se trata de devoción de bienpensante, sino descripción de la propia herida. Toda su poesía tiene como escenario su vida, su experiencia. La rabia y la fraternidad, la vergüenza y la impotencia son sensaciones, no discursos. Cervantes o San Juan de la Cruz son expresiones de una cultura de pobreza que no se nutre de libros, ni de idiomas sino del ácido de la vida. La poesía de Gamoneda es un catálogo de visiones: vi los alambres y las cuerdas, veo la vida en el centro de la luz, vi la muerte. De ahí que Gamoneda haya advertido muchas veces que la poesía, ese “no saber sabiendo” no es literatura. La literatura es invención, narración imaginaria, ficción. La poesía, lejos de la fantasía, es realidad. No es reflexión sino pensamiento que brota de lo desconocido—desconocido incluso para el que escribe. Revelación auténtica.

La poesía de la pobreza deriva del dolor y el desaliento; de los tatuajes del poder injusto. Pero no es pancarta solidaria, a lo Benedetti. Desde la tragedia, encuentra vías para comunicar placer. Belleza en la representación de lo terrible. Decía ayer Gamoneda: “hablar desde el interior de la pobreza no es lo mismo que solidarizarse con la pobreza. Ellos, los solidarios, pueden (…) encontrar necesario manifestarse realistas y críticos, pero lo hacen -no sé si se dan cuenta- con el mismo lenguaje "normalizado" que adoptan los poderes injustos. Insensiblemente, se asimilan a tales poderes. Es frecuente también la aparición de la ironía en aquellos cuya cultura no ha sido configurada por la pobreza.” En nosotros, concluye el leonés, el lenguaje es semánticamente subversivo.

Jesús Silva-Herzog Márquez

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