Libros

22 de julio de 2008

Rushdie sobre Maquiavelo

En esta conversación en San Francisco sobre su nuevo libro, The Enchantress of Florence, Salman Rushdie elogia a y, de paso se identifica con, Maquiavelo, el demócrata incomprendido.

8 de julio de 2008

William Safire, lexicógrafo

Safire_diccionarioHace varios años William Safire, columnista legendario del New York Times, tomó la sensata decisión de abandonar el opinionismo y concentrarse en su trabajo como lexicógrafo. En el diario publicaba un par de articulos semanales sobre la política norteamericana y un ensayito los domingos rastreando los orígenes de alguna palabra o las distintas modulaciones de un vocablo político. Safire, redactor de discursos para el Nixon y columnista durante décadas, entiende la vida y el efecto de las palabras.

Gracias a Hitchens (que ahora también publica en la revista conservadora Weekly Standard) registro la nueva edición de su magnífico diccionario en donde no solamente aparecen palabras sino, sobre todo, expresiones, nudos de expresión que se repiten y se transforman, resurgen y también se diluyen.

7 de julio de 2008

Sobre los chistes bajo el comunismo

Hammer_tickleThe Economist también comenta el libro de Ben Lewis sobre los chistes bajo el comunismo. Hace una buena recomendación: el lector debe brincarse las reflexiones dizque teóricas del autor y concentrarse en los chistes.

21 de junio de 2008

El desafío de Steiner

Steiner escribe en su libro más recienteque un libro no escrito es el boceto de la vida que pudimos haber vivido. A propósito de esa publicación, El cultural lanza el desafío a un puñado de escritores españoles: qué libros no han escrito.

17 de junio de 2008

30 años de Orientalismo

Edward_said_140x84 Hace 30 años Edward W. Said publicó Orientalismo, su obra clave. The Guardian lo recuerda con una serie de apuntes sobre su controvertida vigencia. 

12 de junio de 2008

La muerte como acto filosófico

Dead_philosophers Simon Critchley está convencido de que la máxima obra de arte de un filósofo puede ser su muerte. Para convencer al mundo de ello ha escrito el libro de los filósofos muertos. Aquí puede verse su selección de fallecimientos filosóficos. Relata Critchley los últimos momentos de Heráclito. El misántropo vivía en el monte, alimentado de hierbas y pasto. Al enfermar, se cubrió de estiércol, convencido de que la caca era curativa. Hay dos versiones de la causa final del deceso. La primera sugiere que el estiércol mojado ahogó al filósofo. La segunda versión cuenta que el cobertizo, al secarse, lo horneó a muerte.

Heráclito nos enseñó que nadie se baña dos veces en el mismo río. También que sólo una vez podemos nadar en mierda.

3 de junio de 2008

Libros para los candidatos

El suplemento de libros del New York Times invitó a un grupo de escritores para que recomendaran lecturas a los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. El listado es interesante.

La novelista Lorrie Moore sugiere Retrato de una dama, de Henry James a Obama y Macbeth a Hillary. Steven Pinker le sugiere un mapa de los odios en el mundo a McCain, la carta a una nación cristiana de Sam Harris a Obama y a Clinton un libro que suena interesante: Hubo errores (pero no son mi culpa), una reflexión desde la psicología para descifrar por qué justificamos tonterías. Garry Wills, asumiendo que ninguno leería un libro completo, sugiere tres ensayos de Samuel Johnson: "sobre la rabia de los viejos", "Sobre las ilusiones de la esperanza joven", "Sobre la demonización de los oponentes"--es claro a quién va dirigido cada uno.

Gore Vidal recomienda que no lean el New York Times y que empiecen a leer el Financial Times.

26 de mayo de 2008

Obama lee

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El mundo postamericano de Fareed Zakaria

12 de mayo de 2008

Ensayos de Styron

StyronLa sección de libros del New York Times comenta la aparición de una colección de ensayos de William Styron. David Leavitt resalta el equilibrio en su escritura del observador que pretende comprender el siglo XX y el perceptor de intimidades. La prosa ensayística de Styron es lacónica y apretada, civilizada y modesta. Sus retratos de figuras públicas enfocan el lente en la órbita personal: el estadista como criatura de incertidumbres y apetitos.

La reseña aquí.

8 de mayo de 2008

Tomás Segovia sobre El arco y la lira

Revista_mexicana"Entre la gratiudad y el compromiso", la lectura que Tomás Segovia hizo de El arco y la lira, publicada en la Revista mexicana de literatura en su edición de noviembre - diciembre de 1956, puede leerse aquí. "La poesía en la que yo creo ... (nos gusta) como nos gustan las personas. No es como una piedra (aunque fuese diamante), sino como una mirada."

Wolin y el 'totalitarismo invertido'

Wolin_democracy_incSe anuncia la aparición de un nuevo libro de Sheldon Wolin. Wolin es autor de una de las más inteligentes panorámicas del pensamiento político occidental. Política y visión es un extraordinario recuento de la continuidad y las rupturas del pensar político a lo largo de los siglos. Más que exposición neutral de salón de clase, el libro es un apasionado y provocador alegato sobre el poder y sus dramas. Su polémico estudio sobre Tocqueville, siendo más una exposición de sus ideas que de la filosofía tocquevilleana, es una valiosa crítica al pensamiento democrático contemporáneo. El nuevo libro de Wolin podría traducirse como Democracia, SA o el totalitarismo invertido. Siguiendo las famosas líneas de Tocqueville sobre las posibilidades del despotismo democrático en el futuro, Wolin (según advierto en la tapa del libro) retrata a los Estados Unidos como un país de borregos donde las grandes corporaciones escapan con facilidad los controles estatales.

Aquí puede leerse el primer capítulo.

7 de mayo de 2008

Frente a las momias y el cascajo

Paz_cartas_a_segovia“El destino de los mexicanos es ser monumento público, momia o cascajo desparramado.” La frase aparece en una car ta de Octavio Paz escrita en Nueva Delhi y fechada en mayo de 1967. Aparece tras la lectura de una carta de Tomás Segovia, apesadumbrado por la asfixiante tolvanera mexicana. Estamos condenados al polvo o al monolito; el desmoronamiento o la efigie. La correspondencia de Paz refleja el empeño de escapar de esa fatalidad. En el flujo epistolar resalta una efusión de inteligencia que no puede ser embalsamada. Vitalidad que resiste el yeso y derrota a la migaja. La publicación es, además, oportuna. No le sientan bien a Paz, ni a ningún escritor, los homenajes de Estado. La celebración, como el aleteo de las parvadas o el murmullo de los aplausos, procura concordancias y confirmaciones. Las solemnidades ahuyentan el afán crítico. Por eso, al recordar la primera década sin Paz, la publicación de estas cartas es el navajazo de quien resiste la momificación.

El Paz que persigue a Segovia desde Nueva Delhi, Ithaca o Boston es un escritor que escribe a veces con prisa, a veces con mala letra o de mal humor. En ocasiones es un redactor de telegramas, un editor severísimo o un ensayista que esboza ensayos. De pronto se muestra feliz, de pronto acatarrado y en ocasiones, agrio. Oficia de lector, de crítico, de gestor, de amigo. Del pelo al pie, un hombre que escribe. Un escritor que respira con pluma en mano. No dudo que en la lista del mercado habría expuesto su oficio. Hay que escribir, dice Paz. Escribir, escribir. Hay que hacerlo, “mientras los presidentes, los ejecutivos, los banqueros, los dogmáticos y los cerdos, echados sobre inmensos montones de basura tricolor o solamente roja, hablan, se oyen, comen, digieren, defecan y vuelven a hablar”. Lo único que nos queda es dejar testimonio del “mundo infame y mezquino” que vivimos.

La primera carta que Paz le envía a Segovia está fechada el 1º de marzo del 57. Le agradece el comentario de El arco y la lira que publicó en la Revista mexicana de literatura. En aquel texto, Segovia examinaba las ideas estéticas y literarias del poeta mexicano, pero enfatizaba la fibra de su escritura y se hermanaba a su fervor. En Paz veía una vehemencia que nos despierta. Pasión crítica que encuentra destellos extraordinarios en estas cartas. Inmersiones en la orfandad que mucho revelan de la personalidad de Paz. ¿Será que todos somos huérfanos? “Yo lo sé, lo sé desde hace mucho, que un día sin que ella o yo nos diéramos cuenta, me convertí en el padre de mi madre. ¡Qué absurdo lo de Edipo! Luché contra mi padre pero no por mi madre sino porque, por razones largas de contar, mi padre advirtió oscuramente que yo me convertía poco a poco en su padre—y él se rebeló como se había rebelado antes contra su padre, contra mi abuelo. Desde antes de que muriese mi padre—y murió cuando yo tenía 21 años—supe que yo tenía que asumir el ser el padre de mis padres. Creo que esto me distingue de la mayoría de mis amigos. Ellos se rebelaron contra sus familias; yo no tenía contra quién rebelarme. Todo lo que me ha pasado después parte de esta situación original.”

Firma_octavio_pazLas cartas a Segovia son asomos a la intimidad del poeta, demostración de sus múltiples esmeros intelectuales, atisbo de sus pleitos. El primero, el más in tenso, el más profundo, el más constante es, desde luego, su amorosa pugna con México. La carta del 10 de enero de 1975, escrita desde Boston sintetiza su enojo con el país asfixiante. “Hasta en España—con todo y Franco, los curas y la Guardia Civil—la vida es más respirable que en México. En España padecen una dictadura, pero nosotros nos padecemos a nosotros.” Al finalizar el gobierno de Echeverría el poeta no encontraba colgadero para el optimismo. “Temo que México sea un país condenado.” Lo único que quedaba era escribir. Su desaliento era profundo pero no terminante. Poco tiempo después comenzaba a escribir la biografía de una monja del siglo XVII.

El mundo postamericano

Zakaria_postamerican Fareed Zakaria, autor de aquel certero apunte sobre el surgimiento de las democracias iliberales, acaba de publicar un libro sobre lo que llama el mundo postamericano. El editor de Newsweek no sugiere que los Estados Unidos hayan entrado en decadencia, sino que muchos otros países y regiones emergen disputando su hegemonía. En términos militares, Estados Unidos sigue siendo la única superpotencia. Pero sólo lo es en ese ámbito. En términos industriales, financieros, educativos y culturales, el poder escapa cada vez más del imán norteamericano.

El New York Times publica un extracto y una crítica. Newsweek difunde otro fragmento del libro y un video con el autor.

29 de abril de 2008

Judt y Kolakowski

KolakowskiUno de los ensayos de Judt en Reappraisals es un estupendo retrato de Leszek Kolakowski. Ahí menciona el intercambio epistolar entre Edward Thompson y el filósofo polaco. Judt califica la respuesta de Kolakowski a la invectiva del marxista inglés como una demolición intelectual perfecta: la más fina en la historia del argumento político. Los archivos del Socialist Register nos permiten asomarnos a las dos cartas. De Thompson a Kolakowski; de Kolakowski a Thompson.

La respuesta de Kolakowski también puede leerse en un libro reciente que lleva precisamente el título de la carta: Por qué tengo razón en todo. Lo publica en España la editorial Melusina.

El siglo olvidado

Judt_reappraisals

Tony Judt recoge en un nuevo libro diversos ensayos y retratos sobre el siglo que nos hemos apresurado en olvidar. Reappraisals es el título. Desde ahí anuncia el argumento central. Tras la guerra fría llegó un optimismo iluso que proclamaba novedades en abundancia. Si la historia había llegado a su fin parecían innecesarios los recuerdos. Olvidamos por proyecto, no por amnesia. El historiador se pregunta si hemos aprendido algo. Concluye que, en lugar de huir del siglo XX, habría que regresar a él para aprender de nuevo lo elemental. Por ejemplo, que la guerra degrada a los ganadores tanto como a los perdedores.

El libro de Judt ha recibido mucha atención crítica. John Gray celebra al historiador heterodoxo: "un pensador liberal dedicado de desmitificar las ilusiones liberales." El Economist es menos entusiasta: sus punzadas son certeras pero el paisaje que pinta del siglo es nebuloso. Tim Rutten en el Los Angeles Times apunta que el libro es como su autor: "fascinante, edificante y frustrante."

6 de abril de 2008

La autonomía de la belleza

Salman Rushdie habla de su nuevo libro en una entrevista en The Guardian. Se trata de The Enchantress of Florence, una novela sobre el poder creativo y destructivo de la belleza. La heroína es una mujer de tal belleza que al verla, cualquiera pierde la cabeza, sin reparar en los peligros que anuncia. Rushdie ha escrito la novela tras la separación de Padma Lakshmi, su cuarta esposa, la modelo a la que alguna vez describió como ridículamente hermosa. De la nota, este pellizco: (el Sha de Persia) "no consideraba la autonomía de su enorme belleza, que ningún hombre podría poseer, que se poseía a sí misma y que podía soplar a donde le daba la gana, como el viento."

Rushdie_padma

13 de marzo de 2008

El verso apócrifo

Borges1Aurelio Asiain escribe a este blog para advertir que el poema citado en mi nota previa es apócrifo. Borgiano, desde luego, pero no de Borges. En su libro, Héctor Abad cita el soneto encontrado en el bolsillo de su padre como auténtico (yo apunté que era "atribuido" a él), pero ha empezado a dudar. Al parecer lo escribió Harold Alvarado Tenorio, presentándolo como un inédito de Borges. Escribe Abad:

Tal vez Alvarado Tenorio, igual a aquel Pierre Menard de Borges (que fue capaz de volver a escribir el Quijote letra a letra, sin copiarlo y sin distanciarse una jota del original), escribió en 1993 un soneto que Borges efectivamente había escrito en 1986, antes de morir. El nuevo autor se equivocó, solamente, en dos o tres palabras que delatan la falsificación, pero el resto del poema es auténtico.

Y aquí, otras interpretaciones del misterio.

12 de marzo de 2008

Carta a una sombra

Olvido_que_seremosUno de los primeros recuerdos que evoca Héctor Abad Faciolince en el admirable libro sobre su padre es la advertencia de una monja. Tu papá no irá al cielo. Se va a ir al infierno. ¿Y por qué terminará en el infierno?, preguntaba el niño. Es que no va misa, le respondían. El  niño decidió entonces que no volvería a rezar. Sería la manera de acompañar a su padre. El olvido que seremos es una carta a ese padre que la barbarie mandó a la muerte queriéndolo encerrar en el infierno. Carta dulce y dolorosa a una sombra.

La cantata de Héctor Abad se escucha en dos tiempos. El primero tierno, apacible, feliz. Una infancia cobijada por el amor físico, risueño y vivaz de su padre, un médico negado a la utilidad, profesor universitario, un humanista empeñado en salir del consultorio y el aula para llevar salud a la gente de Medellín. Una infancia arropada por abrazos y cariños, conversaciones, viajes, música y libros. La niñez como un amoroso cultivo de confianza. El niño garabateaba un papel y el padre encontraba dibujos prodigiosos. Tecleaba letras sin sentido en la máquina de escribir y el padre abrazaba a un poeta en ciernes. En esos alientos nació el propósito de escribir. No en la seguridad de la expresión, sino en la confianza de que a su padre le gustarían sus párrafos. Ahí se anuncia la suave tristeza de esta escritura: redactar para un lector que no existe, pero  al que se adora por sobre todas las cosas.

El segundo movimiento de esta carta es insoportablemente doloroso. La agonía y la muerte de la hermana Marta son descritas en páginas verdaderamente lancinantes. La vida de una familia se parte tras la desaparición de una hija, de una hermana que empieza la vida. La conversación sería para siempre incompleta, la risa tendría siempre una mancha, la felicidad no podría volver a ser plena. Tras la agonía y la muerte de Marta, el compromiso político del padre se vuelve más intenso, más decidido, más temerario. Con un nuevo brío para promover la salud pública, para defender los derechos humanos y denunciar los abusos del poder, aparecen también la intolerancia, la superstición, la mezquindad y la violencia. En la barbarie del fanatismo político, el doctor Abad Gómez resultaba enemigo para todos los extremistas: la ultraderecha lo veía como un comunista amenazante; la ultraizquierda lo abominaba por defender los rigores del estudio y rechazar el exterminio de los capitalistas. Lo matarían un par de sicarios de cabeza rapada el 25 de agosto de 1987. En el bolsillo del saco llevaba una hoja en la que había transcrito un poema atribuido a Borges. Se titula “Epitafio” y dice:

Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán, y que es ahora,
todos los hombres, y que no veremos

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y del término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su  nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre
que no sabrá que fui sobre la tierra.

Bajo el indiferente azul del Cielo
esta meditación es un consuelo.

Días después de la ejecución, Héctor Abad Faciolince, recogió las ropas de su padre en la morgue. Al abrir el paquete una bala cayó al piso. ¡Tal era el interés del Estado por esclarecer el crimen! Quemó de inmediato la vestimenta ensangrentada y maloliente, pero conservó la camisa del último día de su padre. Tenía agujeros y manchas rojas, pero, puesta al sol y al aire, perdió el olor. El hijo guardó esa camisa como recordatorio del libro que tenía que escribir. Tendrían que pasar veinte años para que el dolor y la rabia no se interpusieran en la escritura. Al terminar El olvido que seremos, pudo quemar la camisa. El libro que escribió no es una venganza, es un beso.

10 de marzo de 2008

Troia

TroiaGracias a una notita en Booforum, me entero de la reedición del libro que disparó los recuerdos de Roger Bartra en "Memorias de la contracultura." Se trata de Troia: Mexican Memoirs, de Bonnie Bremer, reeditada en noviembre del año pasado. La nota reitera  la necesidad de una traducción al español de este testimonio único de la cultura beat en México.

16 de febrero de 2008

¿Qué es un buen libro?

Alberto Manguel intenta una respuesta:

Con azoramiento, con regocijo, con gratitud, leemos de pronto en cierto párrafo, en cierta línea, la confesión de nuestros secretos más guardados, de nuestros deseos más ocultos, de nuestras intuiciones más indecibles. Allí, entre las cubiertas de ese volumen que el azar (por así llamar a ese bibliotecario sagaz y perseverante) ha puesto en nuestras manos, estamos nosotros, singularmente, retratados en letras de fuego. Clásico, best seller, volumen desconocido hallado por casualidad, olvidado compañero de infancia o amigo de un amigo que pensó que nos gustaría leerlo, el libro bueno, el buen libro, en el sentido más profundo que podemos dar al término, es aquel que es bueno para ese lector único que todos somos, en medio de otros lectores únicos que comparten nuestra misteriosa devoción.

2 de febrero de 2008

Tres libros sobre Fox

Foxcar En semanas y meses recientes se han publicado tres contribuciones importantes para examinar lo que pasó entre el año 2000 y el 2006. Tres testimonios, tres alegatos, tres crónicas que tratan de desentrañar lo sucedido: un relato firmado por el propio presidente Fox; el recuento de sus principales batallas, según el registro de dos colaboradores cercanos, y la crónica de esos años a partir de una revisión meticulosa de información periodística. La triple reseña está en hojaporhoja. De ahí tijereteo mi comentario sobre el libro "de" Fox:

Nadie que haya vivido en México puede sentirse decepcionado de La revolución de la esperanza, pero resulta difícil no sentirse ofendido. En el recuento de sus años como presidente de México, Vicente Fox no tuvo el cuidado de dirigirse al país que gobernó para reflexionar sobre su gestión, sobre aquellos que considera sus éxitos y los desafíos que ve hacia adelante. Fox firma un libro perceptiblemente tecleado por otro sin buscar siquiera la adaptación a México. Como ha recordado Fernando Escalante en su estupendo libro sobre los libros, en la nueva industria editorial se puede ser autor sin saber escribir. Es el caso de Fox. Su ghostwriter ha maquilado un texto con todas las fórmulas de los libros de famosos, sean políticos cantantes, o adolescentes con problemas de adicción: enternecedores recuerdos de infancia; anécdotas de sus encuentros con otros famosos; confesiones sentimentales y un aderezo de frases citables. El libro es insultante. Fox tuvo una voz en el discurso público mexicano. Hoy está de moda menospreciarlo hasta la burla. Pero era su voz, su tono, su estilo. Era desparpajado y ocurrente, muchas veces pendenciero. Pero también era auténtico, sencillo y, sobre todo, antisolemne. Esa voz no se escucha en este libro dizque escrito por Fox.

De ahí que nos enteremos, gracias a una atenta aclaración, que Los Pinos es “La Casa Blanca de México” y que pretenda vincular en cada párrafo lo que sucede en México con alguna película de Hollywood, con algún político de Washington o algún fragmento de la historia estadounidense. La mala traducción del libro original tiene resultados desastrosos: las muletillas y frases hechas que son comunes en Estados Unidos viajan muy mal al español. Repleto de anglicismos y referido abiertamente al público estadounidense, el libro muestra a un Fox que pretende retratarse como un revolucionario en la liga de Havel, Mandela o Martin Luther King. Describe al México previo a su esperanzada revolución como un típico país latinoamericano, gobernado por el típico dictador latinoamericano y saqueado por los típicos ladrones latinoamericanos. Fox se hace describir como un americano que ha querido vivir el sueño de América. .

30 de enero de 2008

La plaga de la equidad

DiccionarioAhora resulta que el crítico debe ser un IFE de la literatura. Reclaman a Christopher Domínguez el tratar a los escritores según el capricho de su gusto, de esconder la galería de sus afectos en la pompa de un diccionario crítico, de olvidos y maltratos imperdonables. Víctor Manuel Mendiola puede tener razón en cuestionar el título de la antología de Domínguez pero no alcanzo a entender los motivos para exigirle al ejercicio crítico la exactitud del censo. Guillermo Samperio ha pedido a la directora del Fondo de Cultura que retire de circulación esta obra nociva. Yo sólo creo que hay que leerla sabiendo que no es un canon imperativo, sino lo que el propio autor anuncia: una antología personal. Entiendo que, al compilarla, el crítico es tan libre de escoger y ponderar a sus autores, como el novelista a sus personajes.

El ¿diccionario? se presenta mañana jueves en la librería Rosario Castellanos.

7 de enero de 2008

El último intelectual

Hace veinte años Russell Jacoby publicó The Last Intellectuals: American Culture in the Age of Academe, un lamento por la extinción del intelectual público y la aparición del académico como su sustituto. En un texto del Chronicle Review, Jacoby recuerda la recepción de su libro y reexamina su argumento. Admite la aparición de algunos intelectuales públicos en el concierto norteamericano pero se detiene, sobre todo, a analizar el impacto del internet en la conversación colectiva. Si bien algunos lugares la red y, en particular, los blogs son auténticas zonas de combate, en los Estados Unidos son homenajes a la trivialidad: diarios privados con megáfono. Por supuesto, internet ofrece comunicación instantánea y acceso veloz a una vastísima información pero, ¿altera o mejora la calidad de nuestra discusión? Habría que actualizar a Ortega, sugiere Jacoby. Padecemos la rebelión de los escritores: todo mundo es bloguero... y nadie lee. El cartón de Lee Lorenz es la perfecta ilustración del fenómeno:

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16 de diciembre de 2007

Los mejores libros del 2007 (4)

El turno es de slate que pone a sus colaboradores y editores a seleccionar los mejores libros del año. Paul Berman destaca la historia auditiva del siglo XX, de Alex Ross, a la que describe como una historia del espíritu del siglo XX. Christine Kennelly recomienda las extraordinarias memorias de Ayaan Hirsi Ali. Amanda Schaffer sugiere la autobiografía de Craig Venter, la cabeza detrás del proyecto del genoma humano.

12 de diciembre de 2007

A la luz de los libros

Escalante_sombraGeorge Steiner comienza su reflexión sobre el lector infrecuente describiendo el retrato de la lectura que pintara Chardin en 1734. Un hombre vestido solemnemente se sumerge en un libro. En su descripción del lienzo, Steiner resalta la ceremonia de leer. Un lector, un libro inmenso, el visible silencio, un reloj que computa dos tiempos: el vuelo fugaz de la vida, la permanencia sólida del papel impreso. Si este óleo captura la visión clásica de la lectura, ¿qué pasa en nuestros días? El libro mismo ha cambiado. No es ya el sedentario tablón de la biblioteca, sino un objeto ligero, portátil que frecuentemente cabe en el bolsillo. Hay quienes apuestan a la desaparición de esta pieza maestra de la tecnología. El magnate de amazon, que hace unas semanas lanzó al mercado una especie de ipod de lectura, se adelantaba para tachar al libro como el último reducto de lo analógico.

Fernando Escalante, en su admirable ensayo A la sombra de los libros. Lectura, mercado y vida pública, (El Colegio de México, 2007) sigue la pista de aquella interrogante: ¿qué significa la lectura en nuestro tiempo? Por supuesto, no se une a los apresurados que lloran a la anunciada muerte del libro. Tampoco canta a los dones curativos del libro. Sabe muy bien que leer no nos hace buenos, ni resulta particularmente útil. Lo que Escalante explora es la atmósfera que envuelve ese objeto hecho de papel y tinta, el medio que rodea la traducción de sus símbolos, las conversaciones que desata. En pocos años ese aire y ese acto se han transformado radicalmente en todo el mundo. Tal vez no nos hemos percatado, pero en las décadas recientes hemos vivido un extraordinario sacudimiento en la ecología del libro, una conmoción que está alterando severamente nuestro espacio público.

Ese terremoto silencioso ha tocado las raíces de una cultura. La concentración económica de las grandes editoriales sofoca los esfuerzos de las casas independientes. Los pulpos mediáticos convierten en telenovela todo lo que tocan. La cultura del espectáculo se impone, estimulando una ‘literatura industrial’ en donde saber escribir es irrelevante para poder publicar. Las librerías se desfondan para desplegar la exuberante producción de novedades que deben dejar espacio pronto para las nuevas novedades. La crítica, los premios, las ferias se vuelven instrumentos de la publicidad. No es casualidad que del autor no se revele nada en las ropas del libro. Nada, más que las diez sílabas de su nombre. Ni una fotografía con la mano en el mentón, ni un listado de sus diplomas académicos ni la cronología detallada de sus estancias en universidades prestigiosas. El libro de Escalante no necesita muletas: caminando encuentra sus lectores.

Fernando Escalante dice ser ajeno a los lamentos de la decadencia porque sabe bien que estos quejidos nostálgicos descansan en el invento de un inverosímil tiempo dorado. No estoy seguro de que su ensayo se ajuste a su propósito. La sombra de los libros de la que habla es contraste con su resplandor antiguo, aquel momento anterior al monopolio, anterior al espectáculo y a la corruptora fama. Su libro es una inteligente y apacible añoranza, pero añoranza al fin. Difícilmente podría haberse liberado de este signo un libro tan cálidamente cobijado por el genio de Flaubert.

Pero a la vez que el ensayo de Escalante muestra las muchas sombras del libro, pondera, sobre todo, su luz. No es la luminosidad que nos liberará por fin de la superstición y la ignorancia, sino una luz más suave, mejor templada, más afectuosa. Es la luz que proviene de la conversación que vive en cada libro, la luz que cada libro despierta. Es la luz de una civilización o, lo que es lo mismo, de la amistad.

También han escrito sobre el libro Claudio Lomnitz, Christopher Domínguez, Rafael Segovia.

11 de diciembre de 2007

Los mejores libros de 2007 (3)

El Financial Times publica sus listas. Los mejores libros de arte, ciencia, historia y política, Entre los seleccionados están una magnífica muestra del archivo fotográfico de la agencia Magnum; nuevamente, las cartas de Ted Hughes; el libro de Bryan Caplan sobre mito del votante racional y el alegatode Hitchens contra Dios.

Lo mismo hace el Economist en su edición de esta semana. El semanario resalta una biografía de la familia Wagner, la historia de la CIAde Tim Weiner, la autobiografía de Greenspan, The Rest is Noise de Alex Ross y también las cartas de Ted Hughes.

4 de diciembre de 2007

La biblioteca y su infierno

JustineLa Biblioteca Nacional de Francia, saca al aire su colección de libros eróticos que jamás ha mostrado en público. Su vida ha ido de la publicación clandestina a la consulta furtiva, del arcón secreto al disfrute subrepticio. La exposición recrea el infierno al que nos conducen estos manuales del deseo. El misterioso fantasma de la biblioteca, esa presencia de la que todos hablan pero que nadie ha visto adquiere cuerpo. Sus gavetas prohibidas salen de las catacumbas para recibir justo trato de joya. Al parecer, desde principios del XIX las "novelas licenciosas" que caían en la biblioteca se separaban de las bellas letras, acompándolas de esas estampas obcenas que debían mantenerse en secreto. Era el infierno de la biblioteca.

30 de noviembre de 2007

Los mejores libros del 2007 (2)

El Times de Londres recoge predilecciones. Julian Barnes recomienda That Sweet Enemy, de Robert e Isabelle Tomb, un recuento a cuatro manos de las rivalidades franco-inglesas y The Discovery of France, de Graham Robb. Seamus Heaney destaca las cartas de Ted Hughes.