Se ha discutido recientemente la relación entre Octavio Paz y la izquierda mexicana. La entrega más reciente de la polémica fue la respuesta de Enrique Krauze a Arnaldo Córdova quien había sostenido que a Paz simplemente no le interesaba discutir. Krauze da cuenta de los textos del poeta dirigidos directa, explícitamente al flanco izquierdo. Menciona como ejemplo la carta a Adolfo Gilly. No recoge un episodio importante del que se tiene poco registro. Me refiero a la discusión que Paz sostuvo con Roger Bartra el 23 de julio de 1980 en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Unam.
Bartra menciona de paso el encuentro en su libro Fango sobre la democracia. La conversación permaneció inédita hasta octubre de 1990 cuando la publicó La jornada semanal. Gracias a Bartra tengo una copia de su discusión con Paz. La riqueza del texto es extraordinaria y confirma el interés de Paz por discutir el trabajo de un hombre al que admira y, desde ahí, polemizar con la izquierda. Paz comienza precisamente con un elogio de la honradez y la inteligencia de Bartra. El debate se centra en Las redes imaginarias del poder político. Paz aprecia en él la recuperación de la imaginación literaria en beneficio de la ciencia social. Se trasluce sin embargo, la reserva de Paz para acudir a la Unam : "temo que mi presencia aquí sea un poco escandalosa." Sentía que se estaba introduciendo en la cueva de los enemigos. Sin embargo, abrigaba la esperanza de que en "el brillar de las frases y las ideas" pudiera brotar "algún relámpago de comprensión y de amistad."
En su argumentación se percibe la fresca lectura de Castoriadis, "Cornelio", como lo llamaba él. (Por cierto, habría que agregar a las discusiones de Paz con la izquierda, la conversación que tuvo con él en 1996 recogida en Cornelius Castoriadis, La insignificancia y la imaginación. Diálogos, Trotta, 2002.) Paz discute la naturaleza del régimen soviético, el papel del partido único, las secuencias históricas. La Unión Soviética nada tiene de socialista. Ni siquiera se trata de un "estado obrero degenerado" porque, como diría su gran amigo Kostas Papaioannou, los obreros no gobernaban ni tenían las más elementales libertades. Parece que Paz se distrae con frecuencia de su lectura de Bartra. Leerlo como un teórico economicista parece una extravagancia. Toma las redes imaginarias para discutir con otros, entre los cuales está, tal vez, el joven que fue.